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Luis Alberto Salvarezza
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SAFO
Ella sabía que quien discute las razones del amordiscute por sus
despojos, éste no sabe de razones./ Que el amor se vacía cuando
comienza a convertirse en promesa./Sabía explicar por qué duelen
de otro modo los engaños en septiembre/ y toda realidad aunque
festiva concluye en lágrimas./Que para vivir plenamente hay que
perder,/ perder hasta las ganas de amar./ Sabía
(William Blake lo inmortalizaría siglos después),/ que quien
desea y no obra engendra un sudor amargo, pestilencia./ Que el
amor es irrespetuoso e invencible/ y otras veces sinónimo de
condena./ Que cuando no hay poseedor ni poseída la consumación
es verdadera. / - (Quién consume a quién: el fuego a la madera o
la madera al fuego?)-./ Por eso y por las espuelas de luz del
alba,/ Safo, si ellos te acusaron, qué es lo que yo he de
perdonar./ Sólo intentaba protegerte y me hicieron tu cómplice./
Safo en Lesbos amaré a tu manera.
"LA
CASA DE DORA HOFFMANN Y SUS HABITANTES"
"Aprende de memoria tu hambre,
no tendrás otra historia".
Dora Hoffmann
Tus habitantes, grisáceos, ojerosos, desbandados,
se han emparentado con el olvido.
Ningún gajo de aquella arbórea
memoria los sujeta.
La casa, esa ínfima y última
coraza de la piel, matriz y sueño,
gestación,
reconstruye otras paredes, otros
rincones;
reconstruye tu ausencia, humedades
y aromas.
Y el silencio, ese enmudecido pájaro,
es ahora el que te llora,
el que deposita sus flores del aire,
el que día a día,
imperceptiblemente, arma el
derrumbe y de él se alimenta.
La casa, hoy, es esa paloma imposible,
ceniza, desabrida migaja, escombro y
polvo. Una boca que devora.
Sin embargo sobre la ventana del fondo,
junto a tus hortensias,
azul como una lámpara u otro temblor, se
ha instalado la tarde.
El balcón se hizo jaula y al anochecer
gorjea
y los retratos como planetas u otros ojos,
parpadean.
Dora: ayer abrí las siete puertas
que dan acceso al corredor que conduce al
jardín
y cada espacio se puso a significar...
El primero dijo de la infancia: mostró
tus trenzas y una
desdibujada rayuela.
El segundo abrió la alacena y desparramó
un aroma a sopa y torta,
( mezclándose.
El tercero dejó caer sin ruidos un
collar de perlas.
El cuarto siguió la verde sinuosa pisada
de los gatos.
El quinto agrupó los objetos olvidados
por los huéspedes.
El sexto mostró el vacío de la nada.
Y el séptimo y último: dijo de vos y
tus poemas
y el hambre y también el silencio,
que ahora es esa otra lápida.
Dora: también había un sillón de
mimbre y las rodillas de tu
padre
( esperándote.
FRIDA
KHALO
"Es una cinta de seda
alrededor de una bomba"
André Breton
Ella es su creación. Un Dalí
latinoamericano.
Reina, hechicera o india tehuana.
Inexacto límite entre lo onírico
y lo real.
Paisaje de terciopelos, orquídeas
y esclavas.
Mujer azul con bigotes rosáceos.
Metáfora, símbolo o señal de lo
ardiente, sexo, fuego y muerte.
Ella fue para Diego lo que Dalí
fue para Gala:
Excitación, sudor, sostén y
locura.
Policromada cariátide de un templo
griego,
Mural, tapiz de plumas, vuelo o
escultura,
Joven virgen del thiasos lesbiano o
perla gris del Egeo,
cuna, cama y sepultura.
Una trenza entre Narciso y
los espejos.
Desgarramiento lila. Oro azul
de Coyoacán.
Volcánico alarido de la
imagen femenina.
Ella es Frida y Frida su
creación.
Tajo, solo tajo. Pieza única
de orfebrería.
Pesada oscura joya
precolombina.
EL
RECUERDO
"Estamos hechos de tristes costumbres,
de recuerdos".
Cesare Pavese
El hombre consuélase
desenterrando el inacabado cadáver de su
historia:
la infancia que nunca fue caballos sino
coágulo de luz
y sin embargo, lila, crin, trote y huellas.
El acariciado encendido aroma a azahar,
Las palomas y su encierro.
Y tantos luminosos secretos irguiéndose como
fantasmas.
El hombre consuélase
esenterrando el inacabado cadáver de su
historia:
la adolescencia y sus montañas. La luna, el
mar y sus mareas.
La cálida intimidad de la primera mujer. El
miedo y la dicha.
La desolación y sus arenas.
La excitante sudorosa emoción de los cuerpos,
el engaño y las ofrendas.
La absurda sensación de la libertad de la
desnudez
y ese otro itinerario hacia lo irreparable.
Y esta obsesiva solitaria costumbre de buscarse
-como si hubiese vida-
en los féretros de la sangre
o en los edificados espacios de la dicha.
El hombre consuélase con el recuerdo.
Y el recuerdo aunque vital es cruel y es falso,
nos desentierra vivos.
"El hombre consuélase con el recuerdo
cuando comienza a comprender su muerte".
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