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Alberto Molina
molina 2001es@yahoo.es
AL
FIN NO SENTIR NADA
De nuevo el cuento retoma su inicio.
Otra vez la vida me da la espalda.
No siento cariño, no veo el cielo,
no siento caricias, no siento nada.
El cuervo nuevamente eleva el vuelo
y agita sus alas rozando mi cabeza,
fruto de la noche, nacido de mis sueños,
que ahora quebrados me llenan de
tristeza.
En cada amanecer estoy esperando
un beso sincero que me diga que soy
vivo,
la caricia de brisa fresca que corte al
fin mi llanto.
Y que al fin al levantar la mirada
sienta el sol llenándome los ojos
y dormir, sin fin, para al fin no sentir
nada.
SALIENDO DEL
INFIERNO
Yo la encontré sola en el infierno.
Ella llorando, yo añorante,
siendo yo un ángel caído
que va entre llamas errante.
La saqué del desconsuelo,
de las garras de una llama
que le nublaba la vista
y el rostro se lo arañaba.
Caminamos los dos a ras del suelo,
entre el fuego el llanto ahogando,
pues una risa es el agua,
y un frío mudo un abrazo.
Y sin darnos los dos cuenta
un ángel extendió el brazo,
y nos subió a las alturas,
entre las nubes volando.
El odio y la tristeza,
por fin las llamas cesaron,
yo había encontrado el cielo,
ella un ángel abandonado.
OJALÁ PUDIERA
CEGARME EL HUMO
Ojalá pudiera cegarme el humo,
y olvidar mi corazón su eterna duda,
que en mis pasos no hubiera desconfianza,
que no te hubiera conocido a oscuras,
entre nieblas de una noche triste,
bajo un cielo de noche sin luna,
sin ilusión, con pálidos besos,
con los que sin más llenaste mi locura.
Ojalá el viento no traiga los ecos
de esas voces que me incitaban a morir
entre sueños de amores y esperanzas,
entre velos de los que no puedo huir,
siguen tras de mí las desesperanzas,
ya solo quiero echarme a dormir.
Ojalá todo tuyo yo fuera,
y posarme sin rencor entre tus ramas,
pensando en alegrías venideras,
pensando en tu calor, en que me amas,
pero no puedo, es fatuo el fuego
que vino, para quedarse en mis entrañas.
Así que mil perdones yo te pido
porque mis ojos quieren soñar, y no
vivir,
pues siempre que viven, un amor termina,
y vuelve el sueño otra vez a resurgir,
en tormento se me torna la existencia
cuando entre sueño y vida no pueden
elegir.
Mas sigo soñando, sigo viviendo,
soñando contigo, viviendo entre sueños,
amor y locura, verdad y sortilegio,
en la noche oscura, sueño con tus besos.
SIGO SOÑANDO
De nuevo solo.
Sigo siendo frío, duro y frágil como el
hielo.
Siempre llorando, siempre riendo.
Y por supuesto soñando.
¿Es mejor vivir de sueños?
Quizá, pero aún así algo me falta.
El calor de una mirada, de un abrazo.
Tengo tiempo, tengo tiempo.
y mientras, sigo soñando.
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