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CUANDO AMANECE
Alejandra PM
aledacia@hotmail.com
Rojo profundo, extenso, áspero.
Apenas una leve curva en los bordes de estas
paredes amortigua el tono que clama paciencia,
silencio.
Como una venganza austera, cayendo despacio por los zócalos donde quizás se aquiete el
agua.
Rojo, encarnado,diáfano bajo las cenizas
que remueve el aire. Sin aliento posible,sin rocío, sin
pausa.
Quería decirte que estaba aquí esperando
como creí entender o como nunca pediste.
Mientras las ventanas inmóviles se
enturbian lentamente y el agua del río está tan lejos.
Hubiera querido empezar diciendo con
discplicencia que estaba en la boca del infierno,
mientras recibía en la cara hojas secas, excremento de palomas.
Decirlo con esa delicada indolencia y cierta
malicia que emplean tantas mujeres que no sienten y sin
embargo la mentira convoca, y les sienta tan bién.
Pero no pude.
Tendría entonces, tuve, que hablar de la
boca, una boca, que ya no puede pronunciar palabra alguna porque
ha sido excluida del cuerpo del mundo.
O hablar del infierno como si fuera una
extensión única de nuestro caos tan amado.
Pero no es, para empezar una sola masa
informe, el infierno es un machetazo de ausencia justo cuando
veo tus ojos vacíos reflejarme. sin haber permitido que los habite.
Es esa calle llena de papeles, sudor y
ruidos que llevan a ninguna parte y sin embargo se prolonga bajo el sol
agobiante, mostrando impúdicamente algo de las dimensiones del desamparo, pero
tiene perros oscuros que siempre le andan cerca .
Quería decirte que extranaba el cuarto
blanco, sucio y deosrdenado. Que el borde de tus costillas quemó la tarde sin que nos
diéramos cuenta.
El agua del lago golpeaba el muro sin prisa,
mientras caminaba pensando que te vería surgir donde nunca
llegaste.
Y ahora que estas ventanas ciegas se
adormecen te veo allí tan cerca que me parece imposile.
Veo tu cuerpo quieto, y el rojo se parece
poco a poco al de las paredes, pero es húmedo. Me inclino sobre tí y comprendo
que está amaneciendo hay en el aire un olor de ilang y helechos.
Me doy cuenta que nos invade lentamente, mientras levanto la
mano, la acerco a micabeza y doy el último disparo.
AlejandraPM
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