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Marcelo di Masi
m_mandinga@hotmail.com
Querer ser un fantasma para
sembrar terror en el mundo, haber sido el creador del pánico...
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Abrazado a la falda de una mujer...y
no poder eternizar el momento.
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No tener un estilo, estar
salpicado de momentos. No tener un dogma, llevo el dolor en el
corazón.
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Os proclamo el fin de la
humanidad. Que el asesinato ya no sea condenado, que el asesino ya
no sea encarcelado, y veréis al mundo desesperarse por la nada.
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Nostalgias del siglo diecinueve,
nostalgias de ajenjo y Pierrot, nostalgias de lo que no he vivido.
Nostalgias de estar muerto, y de no haber nacido.
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¡La monogamia!..., ese cáncer
del matrimonio.
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Los marxistas se han limitado a
teorizar la revolución de distintos modos; de lo que se trata es
de practicarla.
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Ciertamente que “Dios ha muerto”,
solo que la guerra continúa, ...cuando hayamos asesinado al
superhombre habremos asesinado al superyó,... la moral
nietzscheiana caerá, no más reemplazos, no más reemplazos.
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¿A quién apelar cuando un falso
escepticismo corroe el alma?, nunca creeré en la apatía de
Pirrón.
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Cuando hayamos vencido el deseo,
entonces, sólo entonces, habrá un espacio para Dios.
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Ante todo: los intelectuales a
las minas de carbón. He aquí el precepto que han olvidado los
marxistas.
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He de amar tus excesos, ¿la
mediocridad?, la mismísima rutina. Nunca sabré porqué convive
conmigo.
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