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ENCUENTROS
Alejandra P. Mamone
aledacia@hotmail.com
La niebla leve guarda los pasos allí donde otros se alejaron antes, preparando
esto, el dichoso encuentro.
Me habían dicho que ella no hacía ruido que eran sus cabellos los que pesaban
en el viento.
Que todo se resumía a una disputa antigua
Que sus ojos tenían una oscurida plena robada a cada partícula, cada ser remoto.
Me habían dicho que sus ansias no tenían retorno
que le aquejaba aún aquel mal de hembra arcaica buscando el espejo.
Mientras escolopendras oscuras cobijaban el rostro
pétreo de sus primeros muertos.
Me dije, que descendería sobre ella con
destreza, que no le daría tiempo, que no la vería a los ojos.
Llevaba mi escudo, mandrágora, fresno y la miel que aquellas mujeres me dieron.
Llevaba piel de lobos y ciervos, metales rabiosos
ornaban mi cabeza, fortalecían me espada.
Era una de esas noches húmedas, el ruido del bosque
se volvía eterno y eterna mi espera.
Ella sin embargo había estado desde el principio contemplándome sin que yo lo supiera
Descendía ahora, por el lado mas abrupto de la colina
y en el descenso su cuerpo vertigionso se volvía frágil bajo el peso de sus cabellos de sierpes.
Pero yo, que enfrente tantas batallas, yo que estoy mojado de vísceras de bestias y hombres
no puede hacer sino verle, porque me lo estaba pidiendo. Porque no se como supo que
no podría mirarla sino verla.
Ví, el mas allá de la sangre y la sal, el dolor y la
arena revueltos, mientras el rocío caía apenas sobre sus
hombros.
Dicen, que fuí yo el héroe, quien cortó su cabeza que
fuí ágil y diestro. Que interpuse a su mirada mi escudo.
No dicen que fuistes tú, la que guió su mirada hacia
él.
No saben que tu luz blanca, esponjosa, corrupta, se ahuecó
en su cuerpo disgregándolo para siempre.
Lo demás fue apenas algo que hice para evitar su
agonía.
Hablan de mí, volando leve con su cabeza goteando
sangre maldita, cerca del mar.
No dicen que he vuelto para recoger las flores que todos
niegan.
No dicen que continuo regresando cuando tú no rondas,
cuando estás lejos de caza, con tus perros.
No dicen que llevo su mirada conmigo.
Solo repiten ha muerto la Gorgona
a manos del héroe.
AlejandraPM
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