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Lucio
Anneo Séneca
Escritor y filósofo latino
Córdoba 3 a.JC. - Roma 65 d. JC. |
Cuando
tratemos de hacer un favor, que el sentido común nos acompañe.
Cuanto
mayor es la prosperidad tanto menos se debe confiar en ella.
El
hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo.
El
lenguaje de la verdad es sencillo.
El
premio de toda acción buena es haberla hecho.
Está
en el alma del hombre odiar a los que hemos ofendido.
La
embriaguez no crea vicios, no hace más que ponerlos en evidencia.
La
mente tarda en olvidar lo que le ha llevado mucho tiempo aprender.
Lo
innecesario, aunque cueste sólo un céntimo, es caro.
Lo
que las leyes no prohiben, puede prohibirlo la honestidad.
Los
deseos de nuestra vida forman una cadena, cuyos eslabones son las
esperanzas.
Los
hombres aprenden mientras enseñan.
Los
hombres en general juzgan de lo pasado según su verdadera
justicia, y de lo presente según sus intereses.
Los
vicios que se manifiestan son los más ligeros: los peligrosos son
aquellos que se esconden bajo la virtud.
No
he nacido para un solo rincón; mi patria es todo el mundo.
No
nos falta valor para emprender ciertas cosas porque son difíciles,
sino que son difíciles porque nos falta valor para emprenderlas.
No
puedo decirte quienes me irritan más, si los que quieren que no
sepamos nada o los que siquiera nos dejan ignorar.
Parte
de la curación está en la voluntad de sanar.
Pobre
no es el que tiene poco sino el que mucho desea.
Prueba
es de mejoramiento conocer los defectos que antes no conocíamos.
Si
nos hemos provisto contra el frío, el hambre y la sed, el resto
es vanidad y exceso.
Si
quieres ser amado, ama.
Si
quieres vivir para ti, debes vivir para los demás.
Siempre
se ayuda a la mentira de lo cierto para atacar a la verdad.
Todas
las cosas nos son ajenas; sólo el tiempo es nuestro.
Un
hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que sólo le
falta abrir la boca para caer en ella.
Una
era construye ciudades, una hora las destruye.
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