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Antes
de desear algo ardientemente conviene comprobar la felicidad que
le alcanza a quien ya lo posee.
Apenas
si se encuentran ingratos cuando se está en condiciones de prestar favores.
Aquél
a quién confiáis vuestro secreto se convierte en señor de vuestra libertad.
Aunque
los hombres se jacten de sus grandes acciones, muchas veces no son
el resultado de un gran designio, sino puro efecto del azar.
¿Cómo
pretendemos que guarde otro nuestro secreto, cuando nosotros
mismos no lo hemos podido guardar?
Confesamos nuestros pequeños defectos, para persuadir que no tenemos otros
mayores.
El amor por la justicia sólo
es, en muchos hombres, el temor de sufrir la injusticia.
El
esfuerzo corporal nos libra de los dolores espirituales; por eso son felices los pobres.
El mejor medio para ser
engañado consiste en creerse más listo que los demás.
El
valor perfecto consiste en hacer sin testigos lo que seríamos
capaces de hacer delante de todo el mundo.
Hay en los celos más amor propio que amor.
La
ausencia acaba con las pasiones mediocres y aumenta las grandes.
Lo
que nos hace amar las nuevas amistades es la esperanza de ser más
admirados por los que nos conocen menos.
Los
celos nacen siempre con el amor, pero no siempre mueren con él.
Los
espíritus mediocres suelen condenar todo aquello que está fuera
de su alcance.
Los
viejos se complacen en dar buenos consejos para consolarse de no
poder dar malos ejemplos.
Más
fácilmente resistimos a nuestras pasiones por su debilidad que
por su fuerza.
Nunca
se es tan feliz ni tan desgraciado como uno se imagina.
Por
lo general nos aburren aquellas gentes con las que no se nos está
permitido aburrirnos.
Se
encuentran medios para sanar la locura, pero no se encuentran para
enderezar una mente retorcida.
Si
en algunos hombres no aparece el lado ridículo, es que no lo
hemos buscado bien.
Sólo
los grandes hombres pueden tener grandes defectos.
Sólo
rehusan los elogios los que desean ser elogiados dos veces.
Todo
el mundo se queja de su memoria pero nadie de su inteligencia.
Todos
poseemos suficiente fortaleza para soportar la desdicha ajena.
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