Dictadura: sistema de
gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio.
El amor es como la salsa
mayonesa; cuando se corta hay que tirarla y comenzar otra nueva.
El que envidia a alguien por
algo, necesita, para vivir a gusto, compadecer por alguna otra
cosa.
En la vida humana sólo unos
pocos sueños se cumplen, la gran mayoría se roncan.
Hay dos sistemas de lograr
la felicidad; una, hacerse el idiota, otra, serlo.
Hasta pasados los treinta años
no empiezan los hijos a querer de verdad a sus padres.
Intentar definir el
humorismo es como pretender pinchar una mariposa con un palo de
teléfonos.
La amistad, como el diluvio
universal, es un fenómeno del que todo el mundo habla pero que
nadie ha visto con sus ojos.
La medicina es el arte de
acompañar al sepulcro con palabras griegas.
La mujer adora al hombre
igual que el hombre adora a Dios, pidiéndole todos los días algo.
La mujer pierde su
virginidad cuando quiere, y el hombre cuando puede.
La muerte tiene una sóla
cosa agradable: las viudas.
Lo peor de la humanidad son
los hombres y las mujeres.
Lo que se lee sin esfuerzo
ninguno, se ha escrito siempre con un gran esfuerzo.
Los muertos, por mal que lo
hayan hecho, siempre salen a hombros.
Los rascacielos son muy jóvenes:
por eso han crecido demasiado y están delgadísimos.
Se llama experiencia a una
cadena de errores.
Toda innovación relativa
lleva al triunfo; toda innovación absoluta conduce al fracaso.
Todos creen tener razón en
un momento histórico que se caracteriza, precisamente, por la
falta de razón de todos.
Todos los hombres que no
tienen nada importante que decir, hablan a gritos.
Un
escritor si no desea hallarse en trance de muerte no debe desear
que otro escritor le admire. Porque cuando un escritor admira a
otro ya sabe lo que hace con él: fusilarle.
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