Como era
cobarde, le adulaba.
Cuando se ve
una cosa bella, se quiere poseerla. Es una inclinación natural
que las leyes han previsto.
Desear con
fuerza es casi poseer.
El arte de la
guerra consiste en ordenar las fuerzas de tal modo que no puedan
huir.
El
bien público está formado por un buen número de males
particulares.
Entonces,
como no estudiaba nada, aprendía mucho.
Gobernar
quiere decir hacer descontentos.
La
historia no es una ciencia, es un arte. En sus aciertos interviene
siempre la imaginación.
La
independencia del pensamiento es la más orgullosa aristocracia.
La
nada es un infinito que nos envuelve; venimos de allá y allá nos
volveremos. La nada es un absurdo y una certeza; no se puede
concebir, y, sin embargo, es.
La
oscuridad nos envuelve a todos, pero mientras el sabio tropieza en
alguna pared, el ignorante permanece tranquilo en el centro de la
estancia.
Llamamos
buenas costumbres a las costumbres habituales; malas costumbres, a
aquéllas a las que no se está acostumbrado.
Llamamos
peligrosos a los que poseen un espíritu contrario al nuestro, e
inmorales a los que no profesan nuestra moral.
Los
niños imaginan con facilidad las cosas que desean y no tienen.
Cuando en su madurez conservan esa facultad maravillosa, se dice
de ellos que son poetas o locos.
No
hay gobierno popular. Gobernar es crear descontentos.
Solo
las mujeres y los médicos saben cuán necesaria y bienhechora es
la mentira.
Una
necedad repetida por 36 millones de bocas, no deja de ser una
necedad.
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