Cita
siempre errores propios antes de referirte a los ajenos. Así
nunca parecerá que presumas.
Dar
es el verbo más corto de la primera conjugación, y no dar es el
más barato.
De
muchas ideas nuestras no nos habríamos enterado jamás, si no
hubiésemos sostenido largas conversaciones con los otros.
El
cuerpo, si se le trata bien, puede durar toda la vida.
Hay
mucha gente que cuando ha de hacer algo, hace algo; aunque no sea
exactamente lo que ha de hacer.
Hay
que tener en cuenta que aunque el hombre se siente capaz de todo
por amor, el amor no aumenta en nada la habilidad personal.
La
conciencia es como un huésped pesado que grita siempre, pero con
el que, salvo en algunos casos gravísimos, uno termina por
entenderse.
La
mujer de otro, si nos gusta, tiene una ventaja: que ya es de otro.
Y si no nos gusta, esta ventaja aparece mucho más clara.
Ningún
tonto se queja de serrlo: no les debe ir tan mal.
No
hablaríamos tanto en sociedad si nos diéramos cuenta del poco
caso que hacemos de los otros cuando hablan.
No
importa que las mujeres nos fastidien; lo que no soportamos es que
nos fastidie siempre la misma.
Odiar
es un despilfarro del corazón, y el corazón es nuestro mayor
tesoro.
Un
hombre de estado es el que pasa la mitad de su vida haciendo
leyes, y la otra mitad ayudando a sus amigos a no cumplirlas.
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