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En estos tiempos en los que la imagen juega un papel tan importante en nuestras relaciones personales y profesionales, es normal que intentemos dar una grata impresión a los que nos rodean. Para eso intentaremos que todos los aspectos que componen el global de nuestra imagen estén acordes a lo que queremos transmitir a los demás.

Y en ese sentido la fragancia que usamos se convierte también en un signo distintivo de nuestra personalidad. Y esto, lejos de ser algo nuevo, es una práctica que se remonta a la época de los faraones del antiguo Egipto. Si tuviéramos que hablar del uso de las fragancias diríamos que ya desde la edad de piedra se usaban plantas aromáticas para quemarlas y así agradar a los dioses.

Fue en Egipto cuando se comienza a usar las fragancias en el ser humano y, de hecho, en esta civilización adquiere una importancia enorme, como ejemplo baste con decir que en la tumba de algún faraón se han llegado a encontrar más de tres mil envases con fragancias. Además en aquella época las mujeres pensaban que el portar a su cuello un pequeño frasco de fragancia, no solo atraía a los hombres sino que también alejaba las enfermedades.

Desde la época de los egipcios el mundo de las fragancias evoluciona hasta convertirse en un proceso totalmente industrializado e incluso, en determinados casos, en verdaderos artículos de lujo. A lo primero contribuyó especialmente el descubrimiento del alcohol, que permitió la realización de perfumes más finos.

Las fragancias tienen ese poder de perfumar cuando se aplican en nuestro cuerpo gracias, precisamente, a productos como el alcohol. De hecho cuando aplicamos una fragancia en nuestra piel, el calor de la misma evapora el alcohol y hace que permanezcan las fragancias durante un tiempo determinado en función de la calidad del perfume.

En la actualidad las fragancias que tenemos a nuestra disposición se dividen en cuatro productos diferentes: el perfume, el eau de parfum, el eau de toilette y el eau de cologne. La diferencia entre un producto y otro tiene que ver con el grado de concentración de esencias en su composición y con el tiempo que dura la fijación del mismo en la piel.

El perfume es el que mantiene una mayor concentración de esencias en su composición, pudiendo alcanzar entre el 18% y el 35%. Esta concentración consigue una fijación en la piel que puede llegar a las 24 horas, siempre dependiendo de la calidad del perfume que estemos utilizando.

En cuanto al eau de parfum contiene una concentración menor ya que se diluye con agua y por lo tanto disminuye también el tiempo de fijación en la piel, que alcanza como máximo las diez horas. La concentración de esencias máxima de un eau de parfum es del 18%.

Los dos últimos tipos de fragancias, eau de toilette y eau de cologne, son los que menor cantidad de concentración de esencias poseen en su composición y los que, asimismo, mantienen su efecto sobre la piel durante una menor cantidad de horas. El eau de toilette mantiene sus efectos un máximo de 8 horas y su concentración no es superior al 10%. Del eau de cologne cabe destacar que además de aportar fragancia a nuestra piel, también tiene un efecto positivo en la prevención del exceso de sudor.

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