Empecemos hablando de ecología. En este amplísimo tema no sólo podemos hacer referencia a economizar en energía apagando las luces o comprando aparatos con una mejor evaluación en su etiqueta energética, sino también modificando nuestros hábitos alimentarios.

Pongamos por ejemplo los productos básicos que comemos diariamente: la leche, el pan, los huevos. Son cosas que comes tanto que debes comprarlas cada semana o cotidianamente. Se gasta mucho dinero en comprar este tipo de productos por la misma frecuencia con la que los adquirimos, así que es importante que algo en lo que invertimos tanto sea elegido con cuidado.

Y no sólo tiene que ver con dinero, debido a la frecuencia con la que comemos (ja, evidentemente), comer ecológicamente se ha convertido en una forma muy significativa de impactar positivamente al planeta, en lugar de dejar una huella negativa. Esos productos cotidianos tienen impactos muy concretos y específicos: desde dónde come la vaca que proporciona la leche que bebes, o qué tan cerca está el horno que produce el pan que comes.

Para seguir un plan de alimentación que impacte de forma positiva nuestro paso por el planeta, es importante seguir las siguientes tres reglas: comer alimentos orgánicos, alimentos locales y alimentos frescos.

Al comer alimentos orgánicos, puedes no sólo visualizar la comida saludable que estás brindándole a tu cuerpo, sino los ecosistemas sanos en que se produjo, a los trabajadores, que estuvieron a salvo de químicos, la tierra, el agua y el aire que se han protegido, y la vida silvestre a la que se le permitió continuar con su ciclo. Las verduras, frutas, granos, jugos, lácteos, huevos y carne etiquetados como orgánicos o biológicos (y también hay vino y cerveza, yeah!), se cultivan y procesan de forma que ayudan a mantener más saludables a las personas y al planeta.

Por otro lado, comer alimentos de temporada y locales, es positivo para el medio ambiente de muchas formas. Puesto que la mayoría de los alimentos viajan muchísimo para llegar a tu mesa, el decantarte por alimentos locales implica que se reduce el consumo de combustibles y hace menor el impacto ambiental del transporte. Los alimentos locales generalmente utilizan menos embalaje, son más frescos y sabrosos y representan una mayor variedad. También ayuda a los productores locales puesto que no tienen que invertir en empaquetar, procesar, refrigerar y transportar sus productos.

Como podemos ver, maneras hay muchas. El viraje en nuestras costumbres puede ser paulatino, pero mientras sea constante, ello implica que estamos mejorando la forma en que interactuamos con el planeta.