Richard
y Jane son discapacitados. Ella vive presa dentro de un cuerpo que
siente ajeno, un envase inadecuado que se rebela constantemente en
contra de su cerebro, pasa sus días atada a una silla de ruedas que será
su último y triste refugio a la espera de una muerte anunciada,
producto de una enfermedad terminal que degenera progresivamente su
sistema nervioso.
El,
en cambio, está incapacitado para sentir, para entregarse a algo o a
alguien, está finalmente imposibilitado para disfrutar de la vida,
siente que sus días le pasan a otro, que ni siquiera puede adueñarse
de su propio tiempo.
Circunstancias
que tienen que ver con sus propios límites los unirán, porque como en
los parques los senderos conducen a un centro.
Dos
perdedores se encuentran y saben desde un principio, aunque lo nieguen,
que juntos emprenderán el vuelo: en un precario avión hecho con desechos para el caso de Richard, hacia una
experiencia sexual y sobre todo emocional en el caso de Jane.
Lo
que pudo ser un excelente guión comienza a perder el pulso a medida que
avanza la trama, quizás en parte debido a la dirección del debutante
Greengrass quien no logra dotar de la emoción necesaria a sus
criaturas.
Por
otro lado, si bien es cierto que trata de evitar caer en el típico
filme de “chica joven víctima de enfermedad terminal se enamora,
muere y todos sacamos los pañuelos”, intenta mediante la ironía
darle una vuelta de tuerca distinta a la situación, pero es
precisamente allí donde se pierde la anécdota, plena de gags
innecesarios y de secuencias a ritmo de video clip que no agregan nada a
la historia. Para colmo, finalmente sucumbe ante la tentación de la lágrima
fácil.
Sin
embargo el director demuestra buen tino a la hora de elegir y conducir
al reparto, cuyos puntales son las excelentes actuaciones de Helena
Bonham Carter, en un papel que le exige una ardua composición desde lo
corporal, incluyendo el precario
manejo de la voz y sobre todo de Branagh quien sabe dotar a su Richard
de la oscuridad, el desencanto, la cobardía y la locura necesaria.
Vuelo
en busca del amor carretea
bastante, despega bien, vuela poco y sufre un aterrizaje forzoso.
Esperemos que el próximo viaje llegue a destino y sin turbulencias.
Marcela
Barriopedro
Propuesta
indecente
La
traducción literal del titulo es La teoría de vuelo. Trabajado como
metáfora, el film cuenta la relación de una mujer con esclerosis múltiple
(una enfermedad degenerativa y progresiva) y un hombre que no puede dar
cuenta de su propia mediocridad.
La
relación comienza cuando Richard (Kenneth Branagh) es forzado, juicio
mediante, a realizar trabajos comunitarios. El deberá cuidar a Jane
(Helena Bonham Carter), una joven con deseos de vivir indescriptibles,
en contraposición al vacío de sentido en su vida.
´
Richard y Jane con los pies sobre la tierra
La
historia así de sencilla tiene un vuelco imprevisible cuando ella le
demanda a Richard que la conecte con un gigoló para poder tener por
primera vez relaciones sexuales. Ella desea perder su virginidad, y
quiere que Richard sea el intermediario.
La
sola mención de una situación de esta naturaleza podría perturbar a
los espectadores, pero el
estilo de comedia recubre el drama subyacente. La relación metafórica,
respecto de la sensación de volar y el orgasmo, está puesta en función
de hacerla tolerable.
El
director británico relata con delicadeza, crea climas y los desarrolla,
pero lo más destacable, lo que realmente sostiene al film son
las extraordinarias actuaciones de los intérpretes.
Lic.
Héctor Hochman
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