Si
con este filme el director intentó decirnos que nadie es lo que
aparenta ser, tal vez lo
haya logrado, uno al final se da cuenta (leasé: al ver el final del
filme).
Pero
el camino que eligió es tan sigsagueante y algunas situaciones
y personajes de la puesta son tan inverosímiles, que al salir de
la sala uno piensa que si le prestó su tiempo a la historia indicada.
Si
hablamos de género Dream with the fishes se puede clasificar como una
comedia negra.
Un
tipo con pinta de oficinista (David Arquette), cuyo hobby es el
voyeurismo con unos prismáticos, está a punto de tirarse desde un
puente (aparentemente extraña a su esposa muerta) cuando llega otro, de
armas llevar (Brad Hunt), que le ofrece ahorrarle el trabajo a cambio de
su reloj.
El
matón le entrega unas pastillas que terminan por no ser efectivas y
entonces se entabla una curiosa amistad entre ellos.
Por causa de una enfermedad,
el matón tiene pocas semanas de vida
así que le hace otro ofrecimiento a su nuevo amigo: si este lo
acompaña a realizar unas fantasías antes de su partida final, lo pondrá
como beneficiario de su seguro de vida, de otro modo volverá a ayudarlo
con lo del puente, pero esta vez de manera más efectiva: con un
revolver.
La fantasía de jugar al
bowling con unas chicas desnudas es ramplona pero que el personaje de
Hunt, heavy como se nos muestra, antes
de morir quiera reconciliarse con su papi (dady lo llama en una escena)
directamente es insostenible en el contexto del filme (no menos que la
del casamiento casi in articulo mortis). Entiéndase. Se trata de
escenas con cierta originalidad pero, por lo menos, extemporáneas en el
contexto del filme.
Vivir en tiempo prestado, de
Finn Taylor, es una producción independiente que en 1997 recibió en
Sundance el Premio Imagen norteamericana (American Spectrum). También
recibió reconocimientos en el Athens Film Festival 1997 y en el
Helsinki Film 1997.
Gustavo Camps
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