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Ciclo
de Autores
Ventura
Pons
En
los setenta Ventura Pons ya era un director reconocido, pero de teatro.
En 1978 sorprendió con su primera película.
Lo
que no sorprendió fue que comenzara a manejar su cámara para dar a
conocer la vida de un artista popular de esos a los que el academicismo
tal vez ignora pero, por supuesto, cataloga: un artista total.
Porque
el documental sobre José Pérez Ocaña no fue solamente sobre un pintor
andaluz marginal, también fue el filme sobre un cantaor, un clown, un
actor callejero, un transformista, un personaje de esos que le dieron
nombre propio a la Rambla y la Plaza Real de la Barcelona hacia finales
de los setenta.
Ocaña,
retrato intermitente (1978, 82’), tal como su nombre lo indica, nos
presenta un mosaico con recuerdos del artista andaluz aportados por él
mismo, imágenes sobre
algunas actuaciones, varias de sus pinturas y, fundamentalmente, la
captura de un carácter capaz, incluso, de hacer valer sus ideas frente
a la cámara de un director en su primer paso por el cine.
La
retrospectiva del director catalán que se presenta en el BA II festival
Internacional de Buenos Aires incluye su primer documental sobre Ocaña,
su último filme coral, Morir (o no), referencial hacia el cine,
minimalista, con personajes cerca de la muerte y de la vida.
En
el medio se proyectan Puta miseria, de 1989,
sin duda un homenaje a aquellos antihéroes que Mario Monicelli
presentara en Los desconocidos de siempre(1958); El porque de las cosas,
de 1994, galardonado en 1995 con el Premio Nacional de Cine de la
Generalitat de Catalunya; Actrices,
de 1996; Caricias, de 1997, y Amigo amado, de 1998.

Reportaje
al director Ventura Pons, en el
marco de la retrospectiva de su obra, que se presentó en el BA II
Festival de Cine Independiente de Buenos Aires
“Para
mí la Argentina era una asignatura pendiente”
¿Por
qué eligió el género documental para su primer filme
Lo
que yo quería básicamente era hacer un ejercicio con una cámara.
La
reflexión de aquel momento (1978) fue:
Había tenido una beca, había estudiado
el documentalismo británico de finales de los 50, es decir el free
cinema, que era la parte de cine de la english generation, lo que
hicieron gente como Lindsay Anderson, John Fletcher, Caroll Righs, Tony
Richarson. Todos ellos habían hecho teatro por un lado y documentalismo
por otro, luego pasaron al cine largo de ficción.
Ud.
también tenía experiencia en teatro...
Yo
tenía una cierta experiencia en teatro y pensé: en lugar de irte a una
escuela, por qué no ves que te pasa a ti con una cámara. Entonces me
dije: voy a hacer una película documentalista.
Fue
un ejercicio de cámara que terminó en un éxito
Era
un ejercicio que si a mí me gustaba lo iba a enseñar. Y lo mostré,
patapan. Al distribuidor. También lo vio la gente de Cannes y me
encontré selección oficial y dando la vuelta a todo el mundo con el
dichoso Ocaña. La dichosa película que ya tiene 23 años.
¿Por
qué cree que perdura
Y...(piensa)
creo que se conserva muy fuerte por el contenido.
Primero
porque el personaje es maravilloso. Segundo porque el concepto de la película
se aguanta muy bien. Y por último, porque ha quedado como si fuera el
testimonio de unos años que vivimos cuando nos liberamos de la
dictadura (de Franco). Cuando el
dictador se murió en la cama. Cuando la gente quería tener una gran
libertad. La película es como un fiel reflejo de esos años en que creímos
que nos íbamos a comer el mundo y
que viviríamos una libertad mucho más maravillosa de la que
vivimos. Vivir vivimos en
libertad, pero creímos que la cosa sería un festín, y sin pagar,
y no ha sido así.
¿Cómo
fue el proceso creativo del filme?
Busqué
el tema y de repente descubrí ese personaje (José Pérez Ocaña).
Luego tuve la idea de cómo hacer la película, ese retrato que él
mismo se hace a cámara y que está interrumpido por la memoria
provocada a través del travestismo: el teatro en la calle, la España
negra. La reconstrucción
de la memoria a través de un hecho verdaderamente teatral más que de
travestismo real, pues es más una representación que lo que
efectivamente entendemos por travestismo.
Me
pareció que era un contexto bonito, un poco literario. Me arme el guión
y lo rodé en quince días.
¿Cómo
le sirvió su experiencia en el teatro para hacer cine?
Me
ha servido muchísimo porque para hacer una película se necesitan tres
cosas: una buena historia, un buen reparto y un buen concepto, es decir,
una buena narrativa. Digamos que ninguna de estas tres patas puede
fallarte. Sin ellas no hay película. Uno se expresa a través de los
actores, ellos te crean unos personajes y tienes que saber su técnica,
tienes que saberlos manejar para conducirlos hacia el concepto de tu
puesta en escena. Esto, sin saber bien como trabajar la técnica de los
actores, es imposible. El teatro me ha dado el conocimiento del mundo
actoral.
Pero
se suele decir que un actor de cine es distinto a uno de teatro
Yo
no distingo entre actor de cine y de teatro. Un actor incorpora un
personaje y para teatro hay una técnica, para cine hay otra y para TV
hay otra. Lo que un director debe saber es cómo explicarle al actor
exactamente lo que quiere y conducirlo hacia el concepto de la película.
En
morir (o no)(1999) la
historia negativa es en blanco y negro y la positiva es en color ¿Por
qué?
Morir
(o no) es una película...es una fábula sobre la segunda oportunidad,
sobre algo tan preciado como la vida. La vida puede darte una segunda
oportunidad. El juego narrativo que me he inventado es que el tema sea
el concepto de la puesta en escena. La puesta en escena, el concepto, es
la segunda oportunidad. Mientras mueren la cosa es en blanco y negro y
cuando viven ya es en color. Mientras mueren la cámara es una cosa
absolutamente participativa y un elemento más de la acción; cuando
viven la cámara es descriptiva, es una cámara contemplativa. Mientras
mueren todo es angustia, drama, nerviosismo, cuando viven es como una fábula.
Este es el juego constante de mezclas entre humor y drama. Los actores
son fantásticos, cuando mueren te lo crees de verdad (se ríe)...incluso
la niña. Pero están todos vivos ¿eh?...
Retrospectivas
en Londres, Nueva York, aquí en la Argentina ¿Se siente en su mejor
momento?
No
te voy a negar que estoy muy contento...
Pero
aparte de la lógica alegría ¿Cómo artista, digo, Ud. se siente en su
mejor momento?
Me
veo en un momento muy bueno porque nosotros, las gentes de cine, somos
artesanos y el control del oficio es muy importante. Me siento en un
momento en que tengo ganas de decir muchas cosas y sobre todo de ahondar
en esto que tanto me gusta a mí del minimalismo, la estructura
narrativa absolutamente informal y muy propia. Me siento que no me da
miedo trabajar. Le encuentro mucho gusto al trabajo.
Es
artesano y yo agregaría “autogestionario”
porque Ud. es director, productor...
Esto
no me lo he inventado yo. Chapín ya lo hacía, tanta gente...
¿Le
gusta; no es una carga para Ud.?
No,
me encanta
¿Es
ventajoso?
Si,
porque me da la libertad de hacer lo que me da la gana... - “Hasta
ahora, y que dure muchos años”, agrega deseoso y continua - Mi cine
no se entendería si yo no fuera mi productor. Porque que coño de
productor tradicional va a
entrar en una película como esta (Morir o no) donde todos se mueren o
la anterior sobre un profesor que se está muriendo (Amigo, amado, 1998)
y que pide la eutanasia y está enamorado de un chaval que quiere que
sea su heredero. Los productores no
apuestan por este tipo de historias, como, duras,
y al público le gustan.
De
la proyección de Puta miseria (1989), en el cine Cosmos, la gente salió muy
bien, muy contenta
Es
mi película más naife, si le gustó Puta miseria, la película El por
qué de las cosas les va a gustar también.
¿Por
qué?
Es
una película, bueno (piensa) El porque de las cosas, Caricias y Morir
(o no) son una trilogía respecto del minimalismo.
A
mí me gustan mucho las estructuras especiales
y sobre todo el contar el mínimo momento de personajes: que los
agarras, y que no sabes de donde vienen ni adonde van, pero que explicas
ese pequeño momento...
Bueno,
usted fue testigo, la noche de la proyección en Buenos Aires, de que
aquí también gustó muchísimo Morir (o no). Pero a parte de disfrutar
el momento, del éxito de Morir (o no) aquí y hace poco en el festival
de Berlín ¿Tiene otro guión en la cabeza, otro proyecto? Para que el
público también aproveche su buen momento, digo...
Ya
está terminado. Estoy
levantándolo financieramente, digamos.
He aprovechado estos días, en que terminé el guión y lo
tradujeron al castellano, y ya está en dos centros de decisión que
son: qué televisiones me van a comprar o pre comprar derechos, y qué
coproductores tendré en el extranjero. Y este verano a rodar, si dios
quiere.
¿Cómo
ve el mercado argentino para sus películas?
Un
poco como en todas partes. Absolutamente dominado por los
norteamericanos. Luchando mucho para la supervivencia del cine propio y
abierto. Para mí la Argentina era una asignatura pendiente, pero como
todo llega en la vida, lo bueno y lo malo, yo espero que con esta
retrospectiva el público de Buenos Aires y la gente que controla el
mercado entiendan que mi cine también puede tener un público aquí.
¿Su
estada en la Argentina servirá para que se concrete alguna proyección?
Yo
creo que va a servir.
¿Tuvo
ofertas concretas?
Tuve
gente que se me acercó. Ya veremos que saldrá. Recientemente estuve en
muchos países; de Europa en Francia e Inglaterra, de América en Canadá
y los EEUU. Ahora mismo me estaban hablando de unas ventas para la
televisión de Canadá y les he dicho: oye, habla con mi distribuidor en
Canadá.
¿Le
sirvió haber venido al BA II Festival?
Estos
festivales lo que te permiten ver es, sobretodo, que la gente quiere ver
otro tipo de cine.
G.C.
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