Lo peor
que podemos hacer con la opera prima de Agustí Vila es quedarnos con el
argumento del joven que busca una nueva pareja después de concluir una
relación.
Su
propuesta es más abarcadora.
Con
la excusa de contarnos las andanzas del muchacho que quiere ligar, Vila
arriesga hipótesis, propone reflexiones y plantea interrogantes sobre
la vida misma.
¿Sirve
de algo planificar?¿Es mejor estar solo que mal acompañado?¿Prevalece
la casualidad o la casualidad?¿Se puede controlar el fluir de los
acontecimientos?
Con
la cámara en mano capta imágenes llanas, casi documentales; y de sus
actores consigue
actuaciones contenidas al límite. El resultado de esto es una puesta
con ritmo y una narración aceitada que se sostiene sin un accidente
durante los 83 minutos de la puesta.
Sin
duda, Un banco en el parque es uno de los filmes que uno espera ver en
un festival de cine.
Gustavo Camps
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