La
historia de Alvin Straight es la historia de una epopeya.
La
palabra inglesa straight – como muchas en el idioma de Shakespeare -
tiene varias acepciones: derecho, íntegro, franco, exacto, no
interrumpido, sin rodeos.
De
este abanico de significados, para el título en la Argentina se eligió
el sinónimo “sencilla” que, en rigor, no le hace honor al filme.

El héroe Alvin
(Richard Farnsworth)
Porque
The straight story encierra una complejidad extrema para nuestros días.
Un
anciano enfermo y sin recursos decide ir a visitar a su hermano tan
viejo y tan enfermo como él.
No
se ven desde hace una década porque se han enemistado.
Alvin
Straight se impone ir por sus propios medios. Se construye un vehículo
con una vieja podadora y parte. No quiere ayuda, no quiere ir en ómnibus,
no quiere manejar una camioneta ni quiere que lo lleven.
Esta
decisión, en nuestro mundo globalizado, de maximizar ganancias, de
lograr fines sin que los medios importen, no es sencilla de entender. Es
muy compleja para nuestro empobrecido mundo del máximo beneficio con el
mínimo costo.
Lo
que para los ojos del espectador parece sencillo y en rigor resulta
magistral, es como David Lynch resuelve la historia de Alvin desde lo
cinematográfico.
Largas
panorámicas para mostrarnos la ruta que recorre Alvin de Iowa a
Wisconsin; primeros planos para destacar la dramaticidad en los ojos de
los protagonistas; el mundo omnipresente, con cada personaje que Alvin
cruza durante su particular odisea.
Recuerdo
dos secuencias donde esto se puede apreciar con toda su fuerza. En una,
la hija de Alvin (Sissy Spacek) posa la vista sobre un niño que juega
con una pelota. La cámara de Lynch recoge de sus ojos toda la tristeza
del mundo por los hijos propios perdidos. En otra, Alvin mira a su
hermano en el preciado momento del reencuentro. Toda la emoción del
mundo ilumina esos ojos de 73 años.
Sin
duda, al inventar a su sencillo homo-economicus el neoliberal Ludwin von
Mises no se inspiró en los millones de Alvin que pueblan el mundo. Es
un golpe de fortuna que la sensibilidad y el oficio de David Lynch los
privilegien en esta lograda película.
Gustavo Camps
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