Un
jardín de infantes en un pueblo minero francés es el escenario para
esta buena película de Bertrand Tavernier que llega con dos premios del
Festival de Berlín (Crítica Internacional y Jurado Ecuménico) y dos
del Festival de San Sebastián (Premio del Público y Mejor Film
Extranjero otorgado por Críticos Cinematográficos de España).
El
protagonista es un maestro de escuela y el tema – la educación -
se focaliza en las repercusiones escolares de los problemas
sociales y económicos que soporta la pequeña población donde el
docente enseña (Valenciennes, al norte de Francia).
La
cámara del director galo se mueve muy cerca de los actores, a veces
para enfatizar el ambiente opresivo que el abandono y la miseria generan
en un colegio de familias pobres en una ciudad pobre (con 30 % de
desempleados), y otras veces para captar los sentimientos de los niños
que concurren a la escuela.
La
cámara movediza de Tavernier estará presente en una bulliciosa salida
de clase, en un acto escolar, en un ajetreado día de trabajo en las
aulas, como así también en una reunión de maestros (que desnudan su
condición de pequeño burgueses).
Sin
olvidar que el maestro también tiene una vida fuera del colegio,
Tavernier dedica subtramas para contar los conflictos del docente con su
hijo preadolescente y con sus padres ancianos.
Es
interesante resaltar que Todo comienza hoy no es un filme que toma a los
niños como punto de partida para la narración. El protagonista de este
filme político es el maestro, no son los niños. El conflicto es con
las autoridades burocráticas – progresistas que olvidaron sus
banderas en un cajón de escritorio –
y el filme se ocupa en exponer la situación como lo haría un
periodista en su crónica política. Y sabemos que el buen periodismo no
es objetivo pero sí claro y contundente. Como Tavernier en Todo
comienza hoy.
Fácil
le hubiera sido al cineasta conmover con historias lacrimógenas sobre
niños desamparados, pero el filme denuncia la irresponsabilidad de los
adultos para con la niñez en el mundo globalizado.
Ni más ni menos que esto.
Gustavo
Camps
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