La
autobiográfica puesta de Franco Zeffirelli es inofensiva pero no
inocente.
Es
inofensiva porque a esta altura de la historia del cine la industria ya
nos tiene acostumbrados a este tipo de narraciones funcionales, buena
fotografía, emotivos planos reforzados con música al tono, improbables
heroicidades ejemplificadoras, momentos trascendentes.
No
es inocente porque cada uno de estos elementos (y la lista sigue) busca
la complicidad pasiva del espectador; no se utilizan como recursos
narrativos objetivos para ejercitar la imaginación,
sino para provocar la empatía y la emoción fácilmente.
Te
con Mussolini nos muestra la tozudez de varias inglesas y dos
norteamericanas - todas de alta alcurnia,
instaladas en Florencia, Italia, durante la segunda guerra - que
creen que su situación de clase las salvará del fascismo. Una de ellas
cría a un niño cuya madre a muerto y su padre italiano (casado con
otra mujer) se niega a reconocer (en la vida real F. Zeffirelli, en la
ficción, Luca).
La
llegada de Luca con la señora Wallace (J. Plowright) al orfanato; la
exagerada despedida de Luca cuando este viaja a Austria para estudiar;
el traslado de las inglesas desde su residencia a unas barracas; son
tres ejemplos de escenas cargadas de vana sensiblería.
La
secuencia en la que el nieto de Lady Random – que hasta ese momento
del filme la ha pasado disfrazado de mujer – se escapa de la barraca y
al salir lo esperan los miembros de la resistencia para rescatarlo y
sumarlo a sus filas, es inverosímil de tan funcional: ni siquiera en
las películas salen las cosas tan redondas.
La
escena de la esposa italiana gritando bastardo y otros improperios a
Luca, es por lo menos obscena.
Té
con Mussolini no es un filme insufrible – de hecho, se sostiene hasta
el final; Zeffirelli es un experimentado director cuya opera prima data
de 1957 – pero hasta la Coca Cola ha cambiado la fórmula y el cine
bien merece otros caminos.
Gustavo Camps
Una
invitación imposible de rechazar
Nos
encontramos ante una anécdota aparentemente sencilla: en
Florencia, durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de damas
extranjeras vivirán una fábula de amistad, rencillas domésticas,
resistencia y redención. Y todo prácticamente, sin darse cuenta, como
en las cosas simples de la vida.
Esta
historia, extraída por Franco Zeffirelli de su propia autobiografía se
zambulle en una de las tantas anécdotas de vida que nacen de las
situaciones límites: la orfandad, el amor incondicional, el
agradecimiento, el valor.¿Temas nuevos? No, pero relatados de manera
honesta por este reconocido cineasta que no pretende entregar una obra
maestra sino una historia bien contada, lo cual no es poco a la luz de
los productos cinematográficos actuales.

Luca
antes del fascismo con la señora Wallace (J. Plowright)
Para
llevar adelante su empresa cuenta con un elenco de lujo: Judi Dench,
Joan Plowright, la siempre magnífica Maggie Smith y Cher, todas
perfectas en sus respectivos papeles.
Entre
tanta película sobre la guerra plagada de golpes bajos, Zeffirelli nos
entrega una pieza que resplandece por su sinceridad y emociona con
recursos genuinos. Una invitación a tomar el té imposible de rechazar.
Marcela
Barriopedro
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