La
primera impresión sobre este filme nos puede hacer pensar en una comedia
ligera e hipócrita.
Pero
la ligereza y la hipocresía que efectivamente lo condimentan están al
servicio de la descripción descarnada del comportamiento de la burguesía
ilustrada de la Inglaterra de entreguerras (¡de la burguesía bah¡).
En
algún texto de Deleuze he leído una frase del cineasta Eric Rohmer que
destaca la importancia de analizar las costumbres de una sociedad en
crisis para sacar conclusiones. La descripción de Bierman coloca al
espectador en ese lugar.
El
mecanismo de la moral al servicio del poder - por ejemplo - se puede ver
en esta película con todo su esplendor.
La
historia que nos cuenta el director - adaptada del libro de G. Orwell
Keep the Aspidistra flying (1936) - se
desarrolla en Londres. Gordon Comstock es el creativo estrella y mejor
pagado de una importante agencia de publicidad; pero un día renuncia a su
trabajo para dedicarse a escribir poesía, decisión que lo llevará a
vivir en un cuartucho de un barrio marginal, empleado en una librería de
mala muerte.
Durante
este ataque de romanticismo, Gordon será protegido (en efectivo, ¿de que
otra manera?) por la hermana, una mesera, y por un amigo y editor, un
curioso socialista millonario, que dispone de una reserva en el más
exclusivo restaurante de Londres (el maitre lo conoce por el apellido) y
dedica todos los jueves a hacer el amor y tomar champagne con su esposa.
Otra
de las relaciones de Comstock es Rosemary, su novia y ex compañera de
trabajo.
Rosemary
queda embarazada - de Comstock, por supuesto - por lo que el joven decide
abandonar el sufrido lugar de poeta y volver a la civilización para
casarse y retomar su trabajo.
Allí
radica la potencia descriptiva de este filme. No hay en este cuento el más
mínimo atisbo de conflicto, casi no hay acción. Ni por segundo Comstock
duda de sus decisiones. El
verdaderamente cree que puede vivir como un hombre libre. Paradigmas del
sistema como la utopía del individuo capaz de decidir o la relación
lineal entre miseria y creatividad pueden verse blanco sobre negro.
El
inglés Robert Bierman debutó en la pantalla grande con El beso del
vampiro (Vampire´s kiss), Sólo por amor - A merry war, tal el título
original - es su quinto filme.
Gustavo Camps
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