Sin
exagerar podemos decir que este filme
es una versión agiornada de Darse cuenta, una película nacional que
protagonizó Luis Brandoni a mediados de los ochenta y que como esta,
por ejemplo, termina con una canción de Silvio Rodríguez. Como diría
mi abuela: esto no es malo...pero tampoco es bueno.
Como
en aquel entonces se narra la historia de un médico – en este caso
recién iniciado – que trata de encontrarle la vuelta a su trabajo
entre el compromiso, la profesionalidad, la falta de presupuesto y la
vida fuera del consultorio.
El
filme de Maiocco está realizado con brocha gorda y se apoya básicamente
en la actuación de Pablo Echarri.
Esto
se hace evidente en varias escenas y giros del guión. No obstante, a
Maiocco se le escapan un par de las poses del actor. Recuerdo una, donde
Echarri antes de sentarse a hablar con su compañero de cuarto, parado
– con la cámara que lo toma en plano americano -
hasta saca pecho.
La
aparición de Ulises Dumont sólo se justifica en plan de inflar los créditos.
La puesta en escena del velatorio del paciente músico es inverosímil
por los excesos de su construcción y a decir verdad distrae de su
objetivo: hacer ver lo incomprendido que suele ser el trabajo del médico.
También
distraen del objetivo los experimentos con la música que realiza
nuestro doctor como si fuera una especie de Patch Adams (la de Robin
Williams ) vernáculo, muy vernáculo.
En
síntesis, ver Sólo gente sin demasiadas pretensiones es la mejor
postura para un espectador que quiera salir del cine satisfecho.
Gustavo
Camps
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