Tal
como se lee arriba en los créditos, Gaspar Noé escribió, dirigió,
editó y además produjo Solo contra todos, pero justo es reconocer que
con el título terminan los paralelismos que puedan encontrarse entre él
y el personaje de ficción de su puesta.
Descarnada,
sin una pizca de concesión hacia el público, sin metáforas que
dulcifiquen los acontecimientos, Gaspar Noé construye de manera frontal
las instancias de un hombre que ha roto definitivamente sus lazos con la
sociedad.
Resulta
tan brillantemente equilibrado filmar con la frugalidad y el realismo de
un documental las pocas acciones y los muchos pensamientos de este sórdido
personaje absolutamente ficcional y sin posibilidad alguna de
existencia, en tanto el hombre siempre ha sido considerado social y
gregario, desde las filosofías más disímiles.
En este sentido también le cabe a Noé el calificativo de
transgresor.
Solo
contra todos tiene muy pocos diálogos, pero la voz en off del personaje
se impone todo el tiempo a las imágenes, como una mente que jamás deja
de maquinar odios, miserias, soledades, violencias,
de nuevo soledades, vejaciones, pero también amor, otra vez soledades y hasta miedo.
El
desenlace es la síntesis perfecta del filme y una alegoría
excelentemente construida. Porque resulta verosímil que alguien que ha
rozado todas las formas de la degradación, cuya vida ha segregado tanta
antivida (cita de E.M. Cioran) , un ser amoral, en el límite de lo
imaginable busque renacer
como un hombre nuevo.
Los
murales que promocionan esta película en la vía pública tienen un
pequeño recuadro que indica que el espectador se puede encontrar con
escenas que impresionan: la verdad es que uno puede llegar a pasarse los
93 minutos de la puesta agarrado de los apoyabrazos de la butaca, pero
no hay regodeo, ni sangre a borbotones, ni golpes bajos. Lo que
impresiona de este filme es la crudeza del relato, la ausencia de metáforas
que mitiguen la violencia del personaje. Exponerse - con toda honestidad
- bien vale la experiencia, eso si, por una sola vez,
o dos pero convenientemente espaciadas.
Gustavo Camps
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