No
es del estilo de aquellos films de suspenso que ocultan la información
o los datos y luego en el momento crítico del desenlace
sentimos la necesidad de gritar ¡trampa!!!; ¡no!
Aquí
ocurre lo contrario. Lo que el espectador atento exclamará
es un ¡ah bueno! como admiración por cómo el relato fue
conducido. Y responde así en el instante preciso de asociación de los
hechos, ya expuestos, que hacen comprensible la totalidad del relato.
Lo
que se produce en la
memoria es un tránsito, muy veloz,
que desde lo acontecido al comenzar la historia hasta el momento del
quiebre.
En
otras palabras, lo que este desconocido director domina son los tiempos
de la iluminación de conciencia. Su película, al fin de cuentas, es
nada menos que un ejercicio
sobre esto.
Existe
en ella un instante de disfrute, de maravillosa sensación de iluminación
y esta es presentada muy humilde
y sutilmente. El goce se producirá en una fracción de segundo.
Armando
D´Angelo
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