Nadie
podría suponer que se trata de una ópera prima; los años pasados como
asistente de dirección de María Luisa Bemberg no fueron en vano para
Mercedes García Guevara. Mucho quedó de ese tiempo de trabajo
compartido.
Aquí
hay talento, reflexión y mucha
dedicación . El ascetismo, la sutileza y la prolijidad recorren de
comienzo a fin su obra. Los elementos para comprender la historia de las
imágenes que se nos presentan están a nuestra disposición para ser leídos
traslúcidamente pero con una mediación o velo de misterio .
Sólo
requiere de nosotros un mínimo de atención, debemos estar alertas y
saber leer entre líneas. Así nos informa de los miedos e inseguridades
de los personajes, su estado emocional, su posición económica o sus
hartazgos. Este es el código de distinción y sobriedad del film,
estoy hablando de la suavidad
y de la ausencia del grito, la histeria
y lo excesivamente obvio para expresar lo dramático de la
historia.
Luego de un breve
desfasaje entre el pasado y el presente (muy bien narrado por cierto) el
relato transcurre en un tiempo lineal .
Fue
también un acierto el casting; existe una identificación perfecta entre
el clima deseado por la directora y la insinuante
representación de sus actores . Así Paola Krum brilla como nunca,
su luz es argenta como la de la luna, como lo femenino. Mantiene una
mirada nostálgica, una dulzura y distinción que le pertenecen
naturalmente.
Se
establece un juego de dominio o poder entre el observador y el observado
(yo sé de vos y vos no de mí), pero no está el deseo de hacer usufructo
de él, no hay perversidad .
Lo
cierto es que la directora nos brinda la posibilidad del encuentro de un
amor insospechado, en el que los personajes se ven súbitamente impelidos
a tomar decisiones que tienen
que ver con el corazón y no precisamente con lo racional o una seguridad
existencial . Otras fuerzas entran en la escena y ellas precisamente son
las que le otorgan atractivo al film.
¿Tan
motivadora resulta para una mujer la soledad de un hombre?.
El
conocimiento al que estos seres se verán expuestos es por cierto
emocional y profundo. Esas son las experiencias que nos propone compartir
poéticamente la directora. La búsqueda
al fin de la armonía interior, “. . . de un sonido bajito en el
alma . . .”, que a veces se oculta :
como “ . . .
un río de montaña tras el follaje tupido de los sauces , en verano. . .”.
Armando
D´Angelo
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