Homepage?  

  Posicionamiento en buscadores - Canal empresa - Comunicados de prensaCanal comercial - Bodas

Canal OK - El portal de Ocio Ocio, Cine, Musica, Cultura

Blog de Marketing online y Posicionamiento web     Microblog de Marketing online     

WEBS RECOMENDADAS:

 

Aberguemax est le spécialiste de voyages educatifs Santander .
--------------------------------
whisky escoces de alta calidad premiado con "The best of the best 2003".
--------------------------------
Apartime: barcelona apartments for weekly and monthly rentals.

-------------------------------
Sagelogiccontrol.com - software ventas y gestion comercial.

-------------------------------
Workprint - Imprenta especialista en diseño de tarjetas e invitaciones de boda.

-------------------------------
Elisava- escuela ingenieria tecnica industrial en Barcelona.

-------------------------------
BarcelonaPoint.com-The best barcelona hotels for your stay in the city.

-------------------------------
Apartime- Trouvez le location appartement barcelone que vous cherchez. Profitez du confort offert par la location d'un appartement et les prestations de qualité d'un hôtel 5 étoiles.

 

Home Cine Reportajes Cines
Películas Festivales Oscars

REPORTAJES - MIGUEL ANGEL SOLA


Entrevista a Miguel Angel Sola


Sola y Roly Serrano

Apasionado, siempre profesional, preciso en sus conceptos. En la presente entrevista, el actor argentino radicado en España, Miguel Angel Sola, defiende el filme “El amor y el espanto”, dirigido por Juan Carlos Desanzo,  donde tiene el protagónico, nada menos que con el papel del reconocido escritor argentino Jorge Luis Borges.

 

¿Considera que el Borges  del filme se corresponde  con su propia idea y visión sobre Borges?

Mi idea, mi visión y mis sentimientos hacia Borges no se limitan a la idea, visión y sentimientos hacia éste Borges ¿El famoso segundo Borges, tal vez, que se imagina a sí mismo? “Yo soy dos” ha sugerido el genio, y habrá que creerle, a pesar de su talante fabulador. Aunque, como Braceli, creo que Borges es tres al menos;  cosa que importa poco, porque aquí vemos a “éste”. Mi visión y mi idea de “éste” Borges sí la hice propia. No podía ser de otra manera. Tenía que estar de acuerdo con él para poder interpretarlo. Supongo que los eruditos en Borges, juzgando y cotejando al Borges que  hice, a la luz de los conocimientos “reales” que de él tienen dirán: ése no es el Borges “real”. De eso se trata. ¿Qué tendrá que ver aquí el realismo mutilador? Éste Borges crea una realidad diferente. Por otra parte, nadie -ni yo, que lo suplanté en la circunstancia- tiene certeza de cómo fue Borges en la intimidad de sus 46 años, tras el ventanal de esa casa, activada su imaginación al paso de una manifestación que viva a “El Monstruo”. Por eso, inteligentemente, al único Borges real que hay en la película, Feinmann sólo lo deja sufrir e imaginar sin decir palabra. Su madre habla por él.

¿Cómo se ha documentado e informado Ud. para componer el personaje, amén de las indicaciones de la dirección y del guión?

Tuve que reconstruir a Borges por capas e imaginar el resto, dado que no existe material sonoro, ni fílmico que nos muestre al hombre Borges de la época en cuestión. Recuerden que en 1946 Borges no era Borges aún, sino un tercer ayudante de Biblioteca Municipal. El material más cercano a esa edad suya arranca a partir de sus sesenta y tantos años. En veinte años un hombre cambia mucho. Si la pregunta es qué leí...

Si, también lo es, viene bien que lo cuente...

Leí su “Autobiografía”, “Borges,  Sus Días y su Tiempo” de María Esther Vázquez; “El Buenos Aires de Borges”, de Zito; por nombrar los más amenos, y por supuesto, utilicé la excusa para releer “Padres Nuestros que Están en los Cielos” y “Don Borges, Saque su Cuchillo porque he Venido a Matarlo” de Rodolfo Braceli, que hace ya mucho me ayudó a entender todo lo que me pasaba con Borges. También complementé con Jauretche, Silvina Bullrich, Bustos, Spíndola, Cortázar, las Ocampo, y un ácrata español - a quien Borges decía admirar - que en éste momento se me escapa de la memoria (N de R: se refiere a Rafael Cansinos-Assens, de quien Borges se consideraba discípulo). Los reportajes que he leído -demasiados para mi gusto- me desnudaron las apetencias, deseos, frustraciones, sentimientos, ideas y sueños de sus entrevistadores, más que de Borges. Y como él tenía la proverbial capacidad de frasear para cada oreja, como Perón -dos caras de la misma moneda, hechas antes y después del cambio de turno por diferentes acuñadores- además de indignarme o reírme, los tomé como documentación.

¿De la obra propia de Borges leyó mucho?

De Borges autor leí bastante, pero quizás, el rastro más preciso lo encontré en algunas conferencias (magistrales hasta la humillación; refregadoras de mi propia supina ignorancia) en las que Borges, luego de hilar en la Rueca de la Sabiduría durante cuarenta y cinco minutos, se “escapaba” a pelear en contra de sus propios argumentos para abrirnos la puerta a otro estado de conciencia. Su contemplación accionaba mundos, y su poder de asociación era tal que tenía a su placer lo que quería. ¿Para qué vivir en términos menores, entonces?. ¿Para qué la “realidad”, si él elegía entre todas las posibles habidas y por haber?.

¿No cree que el personaje Borges que plantea la dirección muestra un ángulo más ideológico, menos realista, menos humano y más ideal que los  personajes que Ud. compuso para Pino Solanas, tanto en “Tangos, el exilio de Gardel” como en “Sur”, a pesar de que paradójicamente, Borges tiene un referente real y los otros dos no?

El personaje Borges que plantea la dirección, fue previamente creado por su autor Feinmann de idéntica manera. Ahora: esos planteamientos  fueron procesados por mi entendimiento, mi sensibilidad y mi intuición. En definitiva soy yo quien termina de respirar, pensar, actuar, sentir y hacer el personaje que nos distrae. De modo que si a Ustedes mi Borges les parece menos humano que otros personajes que hice, no están hablando del planteamiento del director o del autor, sino de una equivocación mía. Sin embargo estoy convencido de haber creado un Borges que, en su circunstancia, es profundamente humano. Con respecto al Floreal de Sur y al Juan Uno de “El Exilio…” ¿Qué quieren que les diga…?  Quienes hemos vivido la época  trituradora de Videla y compañía cívico militar, sumada a la anterior de López Rega, Isabel y sus boys de la AAA,  sabemos que, de ese tipo de víctimas de la crueldad humana, hay referentes a montones, entrañables o despreciables, vivos o desaparecidos. Hace menos de cuarenta y ocho horas me cité a comer con un amigo del Tata Cedrón -Juan Uno- y Floreal, tiene un puestito en El Rastro madrileño, aunque se llame Ernesto y coma conmigo los sábados. En cincuenta años no he conseguido merendar con un sólo Borges.

La escena en la que Borges encuentra su legajo en la oficina de inteligencia es de gran dramaticidad. ¿En el rodaje le resultó complejo concretarla? Por favor, explique como la llevó a cabo

Esa escena que, concuerdo, es de gran dramaticidad, es una relectura en clave borgeana que hizo Feinmann de “El proceso” de Kafka. Cuando mi Borges se pasea por los pasillos llenos de legajos de la Secretaría de Informaciones, recordarán, se detiene en un lugar en el que hay una enorme letra “K” en tanto él busca la “B” de Borges.

Tenemos presente la situación, pero desde los otros días en que vimos el filme, a esta altura lo de las letras se nos escapa...

Ahí su historia -Su historia en este film, digo- se entrecruza con la del señor K de Kafka. Es la historia de un escritor que se siente perseguido por el poder, que cree -como lo dice en el film- que: el asesino es el Estado.  Borges admiraba profundamente a Kafka, tengo entendido. En fin, que eso se los explique Feinmann. Por mi parte, sentía en el cuerpo a un hombre en estado de gozo latente, de gozo temido, ante la mayor jugarreta del destino. Su cerebro se engaña, deleitado por la frondosidad, la descripción detallada de su calidad de conspirador, las horas de seguimientos que el Estado debe dedicarle; seguro de que la estatura moral, ética y estética, que acompaña a sus actos, antagónica a los del régimen, ha de figurar en ese legajo como estigma orgulloso.

Quiere encontrarse y teme encontrarse. “Culpable, ante los culpables de todo delito, es ser inocente de la mayor inocencia”, se dice, para darse ánimos. Busca. Se pierde. Encuentra. Donde iba a figurar su derecho de peaje a la inmortalidad, está la nada. Una hoja en blanco. El peor desafío de un escritor. Su peor miedo. Él teme a quienes lo ignoran. No tiene enemigos. Sólo su nombre: otro espejo de lo que es. Nada.

¿Comparte el enfoque unidimensional y maniqueo con que la dirección construye tanto a Borges como a los peronistas, sin dar lugar a matices  (el personaje que hace Roly Serrano, Villari, por ejemplo, que se define como enemigo sin más. O Borges, temeroso y en guardia durante todo el filme)

Lo que no comparto es que el enfoque sea, como ustedes han decidido, “unidimensional y maniqueo”. Se trata de un thriller borgeano, no del estatuto del peón. El peronismo que eleva en el escalafón municipal a Borges -agrediéndolo solidariamente por su propio bien- nombrándolo “inspector de aves, conejos y huevos”, era claramente antagónico a Borges. Borges y el peronismo fueron enemigos naturales, a más de históricos, culturales, de clase, de costumbres, de gustos, de espontaneidades. Expresaban visiones antagónicas de país. La película expresa un antagonismo que fue real y que Borges vivió y protagonizó hondamente. La película no es maniquea: refleja un conflicto y lo desarrolla. Como “El Exilio…” y “Sur”, dos pelis “ideológicas”, tan “maniqueas” y “unidimensionales” como ésta -eso sí: “realistas”- en todo caso. Y, ya que estamos, valga la sinceridad: como este cuestionario, que ya es cuestionamiento. Lo que ocurre es que en ésta peli, el que sufre es otro, un “contrera”.

Si me permiten, prefiero hacer otra lectura. Por favor, acompáñenme...

Si, aceptamos con gusto su lectura sobre el filme...y es evidente que que cuestionamos varios elementos de la puesta de Desanzo, no así su actuación que nos resultó efectiva y ajustada pues se corresponde con el personaje que plantea el guión, y mantiene un registro constante de composición física y anímica durante todo el filme....pero adelante

Esta peli trata sobre un gran escritor que no alcanza a comprender y menos a aceptar su país “real”, y trata, a la vez, de un país “real” que se expresa agrediendo a quien sería con el tiempo su más grande escritor. Esta peli se instala en la esquizofrénica antinomia argentina desde Sarmiento a nuestros días: civilización y barbarie.

Tomando como punto de partida esta lectura de a centavo, ubiquemos a “nuestro” Borges, no otro, en el contexto debido: una manifestación “bárbara” (diferente a su sensibilidad) pasa por la puerta de su casa al grito de “¡Perón, Perón que grande sos!”. La respuesta sensible de éste Borges es  montarse en su imaginación y, en esos tres minutos en que la manifestación llega y se pierde, juntar presente, pasado y futuro -personal y artístico- y huir con el botiquín de sus potajes creativos hacia su propio limbo. Y en ese tránsito toca las temáticas de “Casa Tomada” de Cortázar; “El Matadero” de Echeverría, “La Sospecha” de Hitchcock, “El Almohadón de Plumas” de Horacio Quiroga y “El Proceso” de Kafka. Utiliza la milonga “La Refalosa”  de Hilario Ascasubi, que yo mismo canto en el film; o sea: Borges se canta a sí mismo su más profunda amenaza.

De Borges, éste Borges, toma las temáticas de “La Espera”, “El Aleph”, “El Sur”, “La Muerte y la Brújula” y “La Fiesta del Monstruo”. Éstos tres minutos sólo podían estar en el arbitrario uso del tiempo ese cerebro, y Feinmann se dio cuenta. Allí confluyen todos los miedos (el motor dominante de éste Borges siempre en guardia por la naturaleza inmanejable de los acontecimientos que se suceden sin pausa) y el dilema de cómo vencerlos, siendo como es él, un ser de naturaleza miedosa. No tiene el coraje de sus bien amados cuchilleros, pero lo intenta; no tiene costumbres de atleta, pero lo intenta; no tiene resto físico ante el amedrentamiento, pero lo intenta. Por amor. Por el amor que él es capaz de sentir. Aún despreciado, humillado, postergado, desdeñado… Beatriz es su obsesión amada y su posibilidad de redención amante. Amor humano, eso siente, aunque su cuerpo, atado por siempre jamás como Segismundo a la piedra, no pueda legitimarlo.  ¿En su alucinación tresminutesca; ¿quién se  lleva a su Amor? El representante de una ideología, él lo decide así en su febril imaginación. Beatriz y Daneri son su imaginación. Y además son nombres de su Literatura, ubicados en otros ámbitos y en otras circunstancias -que él les aportó como su creador que fue o sería, ya que esos cuentos se escribieron antes o se escribirían después del 46, que éstas que en la película ellos alteran.  ¿Ó Borges? Y no sólo ellos traicionan el destino que su inventor les depara, sino todos y cada uno de los restantes personajes que rondan la pesadilla de tres minutos -el paso de la manifestación- y que, además, en un alarde cínico de independencia, desdeñan el trazo creador en sus rutinas, aunque mantengan de ese trazo sus nombres, para seguir siendo inmortales y famosos por las piruetas de la reedición de las obras del gran escritor. La traición obra en él, el odio obra en él; la impotencia de no poder torcer ni siquiera con su imaginación el derrotero de una ‘realidad’ que lo supera siempre, también obra en él. Condimentos muy humanos, pero siempre bajo el lente deformante de una imaginación que decide ser trágica, no apresada en un realismo social. El Borges ‘real’ que ustedes aparentan reclamarme como faltante, invocando un planteamiento de la dirección,  no tiene asidero en el contexto de “El Amor y el Espanto”. El Borges que ustedes piden, sobra. El que está, y debía estar por ingenio del guión, es en su dimensión humana.

Borges, el que jamás se dejó ver, -más que multiplicado en espejos, que le aterrorizaban, para colmo, es inabarcable y no existe referente de él, a menos que ustedes crean que (editorial) Atlántida dice la verdad.

Borges es en su obra. Lo demás es lo de menos. O pura especulación del libre comercio. Prefiero la imaginación de Feinmann y el coraje de Desanzo, a la noria del falso realismo, tratándose de Borges, al menos.

¿No cree que el cine argentino desdeña el montaje y la acción y se concentra en la escena y en los parlamentos, para hacer progresar un filme?   ¿En cual de las dos modalidades Ud. se siente mejor, o le resulta más satisfactorio actuar?

No. No lo creo. Creo que cada director diseña como se le antoja su film, y que tiene el derecho que le asiste el riesgo que asume. Rara vez se da un guión de estructura teatral que puede ser cine. Y es un gusto y el mayor desafío. Suele ser cine inteligente; no de hechura -ni de lectura- maniquea y unidimensional. Esta película fue filmada punto a punto, montada ex profeso así, privilegiando los extensos diálogos, a gusto de Borges. Vengo de hacer una peli cuyo story-board narraba en 1263 planos, con: de dos a cuatro lentes diferentes por plano, y al menos tres angulaturas. Había dinero. Y se tiró mucho. Resulta más complicada para el actor la narración anímica, y debe hacerse cargo de infinidad de cosas que no tienen nada que ver con el “estado de gracia” -estoy hablando del actor, no del actuador pago- que requiere actuar, pero, también se puede. Y la peli podrá ser una mierda, o fantástica o mediocre. La calidad no la da el montaje; sino ‘también’ el montaje. Ahora, cuando me transformo en espectador, prefiero que me cuenten todo esos seres que tengo enfrente, no que me los seccione la técnica. Eso lo dejo para las pelis de los domingos de lluvia con pan y mortadela -todas americanas del norte- que para eso se inventó la tele y su hijo el video.

Gustavo Camps y Raúl Valls


Nota de Miguel Angel Sola 




Sola con Desanzo y Blanca Oteiza

Miguel Angel Sola,  sobre su actuación  en “El amor y el espanto” 

Sola: Algo se manifestó en mí por primera vez ¡Y primeras veces a esta edad optimizan!  Y contarlas:  euforizan!

Una de las situaciones más deliciosas que viví en este último tiempo, y viví muchas, fue la de ser convocado por Desanzo para hacer Borges.

Un Borges del que no me tenía que ocupar en absoluto, dado que el único Borges real del guión era ese que abría y cerraba la trama argumental sin decir una sola palabra.

Todo lo que entre ambas puntas se contaba, no era Borges, sino el  reflejo de sí que su urgente imaginación le dispensaba. Tendría, a lo sumo, que jugar con la imaginación que Feinmann depositaba en ese "Georgie" -en una suerte de delirio paranoico creativo-espiando temeroso tras los visillos de una ventana el paso de una manifestación enemiga, para hacer confluir presente, pasado y futuro de su literatura y de su vida ciudadana.

Noté, ni bien comenzado el rodaje, que hasta las caras más renuentes aprobaban y presentí que, de no estar atento, correría el riesgo de abrazarme al santo oficio de "convencer". Y empecé a boxear con mi sombra, a querer arrancarle, entre dentelladas al vacío, rigor y verdad. No hubo día en el que las preguntas fuesen menos que las respuestas.

No hubo escena, por mínima que fuere, que contara con mi aprobación íntima. Fui duro conmigo aún sabiendo que estaba trabajando al máximo de mis posibilidades momentáneas. Lo fui para no apelar a la experiencia que me convirtió en un actor apreciado por muchos. Aquí tenía que "ganarme" a todos con nuevas herramientas y sin pesarles demasiado; Pero, por encima de todo, no podía fallarle a Juan Carlos. Él había elegido mi nombre para encabezar su película entre muchos y muy buenos. Su riesgo era mayor que el mío. Y además estaba mi familia, y el orgullo exagerado ( bendito sea) que les significo. En fin: duro conmigo. Era sincero haciéndolo y sigo siéndolo observándome a la distancia.

¿Con qué contaba? En el actor que creció conmigo -defectos a un lado- siempre se dieron cita el impulso puramente afectivo, el instinto, la memoria asociativa y un cauce emocional abierto y dispuesto. Todo ello bajo el control de una inteligencia práctica cada vez menos complaciente. Pero: inteligencia no es "espíritu". Y lo que ésta experiencia desnudó ante mi boquiabierto cerebro, fue algo esencialmente distinto, y hasta opuesto a la inteligencia: el "espíritu".

Creía saber de la existencia del “espíritu” por los libros; por cierta religiosidad que habita en cada rincón de la vida; por ese milagro que hace respirar a mi hija mientras duerme; por mucho de lo que me hace elegir día a día a una sola mujer entre tantas... Pero aquí el "espíritu" se dejaba ver, transponiendo mi animalidad y dándose un lugar en el maxi-universo de "Georgie". Tanto mi inteligencia con su caja de herramientas como el impulso y el instinto me ligaban a la vida, en general. Pero mi espíritu se oponía a toda vida liberándose de los lazos y de la presión de lo orgánico. Convertía a las cosas - animadas o no- en "objetos" y me emplazaba a conocer lo que eran esos objetos en sí mismos, determinándolos objetivamente. Y en este sentido, el "espíritu" me mostraba que él mismo era un principio que podía utilizar al hombre que encarnaba como objeto suyo, y conocerlo como a otro objeto cualquiera, desligándolo de mi organismo y reprimiendo mi impulso vital respecto de él. (No siento simpatía alguna por Borges hombre, ni por sus antípodas impunes creadas en este caso por su propia febrilidad, y a uno le tienta opinar a través de los personajes). Despojándome de cualquier prejuicio sobre Georgie, rodar se hizo "raro" y apasionante.

Para conocer a este Georgie de verdad, era menester estimarlo en sí mismo y no por la relación que debía entablar con mi persona-actor. Debía  dejarme atravesar sin interponerme. Mi "animalito" desmemoriado, como todo animal -incluyendo al inteligente "normal"- vivía sumido en las cosas. Pero el "espíritu " que lo observaba -a él y a su entorno- las substantivaba, las alejaba, las objetivaba. Al idear, el "espíritu", extraía de una realidad concreta y particular la esencia general - el "qué es"- y con ello anulaba el carácter de "mi" realidad, "desrealizando" el mundo que Georgie habitaba. (Todo en tiempos no mensurables y sin mediar mis procesos lógicos habituales). El animalito siempre decía "sí". El "espíritu" decía "no". Y me situaba en un estado en el que no vivía las cosas: sólo las contemplaba. Era el asceta de esa vida. No era yo. No hablaba, ni sentía, ni pensaba por mí. No "actuaba" yo.

Sin embargo, el pudor de haber hecho la tarea, y el conocer las reglas del juego a las que me sometí, me crearon la sensación de haber sido, al menos, el único "mirón" en una pugna entre dos cerebros -el mío y el del personaje- y un árbitro impredecible; ó bien la de un duelo entre intelecto e imaginería; ó , en última instancia, la de haber inventado para mi salvación el milagroso tablón que rescata al náufrago impotente. No estaba activando mi yo conocido.

El actor es frágil cuando se abre a crear -hay mucho de caótico con peligro de implosión- más aún cuando los códigos de comunicación son compatibles sólo por retazos. ¿Cómo explicar a cualquiera el andamiaje que Georgie me obligaba a estructurar hasta en sueños? Por momentos me sentía descubriendo América. Por momentos llevando y trayendo la misma piedra desde un extremo a otro de Treblinka  Y eso ocurría porque, a la hora de "hacer", ese bendito "espíritu" desnudaba también su falta de fuerza, de poder, de energía para plasmarse. Las fuerzas "inferiores", en cambio, aún con dificultades palpables, eran poderosas y podían lo que él no. ¿Cómo se realizaba, entonces, el espíritu?. Insensiblemente -sensiblemente, quiero decir, pero casi prescindentes de mí; y juro que cuando intervenía las trataba como a porcelana china- esas fuerzas inferiores iban poniéndose al servicio de aquello que el "espíritu" pergeñaba guiando impulsos e instintos. Su poder de realización estaba en ellos.. Y no había más conflicto que el que yo padecía entre jornada y jornada tratando de entender lo que me estaba pasando de diferente en mi trabajo, y, por ende, en mi vida.

¿Saben? Estoy contento y no lo tomen como pedantería o autosatisfacción cómoda. Algo se manifestó en mí por primera vez, y ¡primeras veces a esta edad... ! optimizan. Y contarlas: euforizan...!. Muy poco mérito personal (el de activarme en conjunción con la técnica, tal vez) me adjudicaría en este trabajo de no haber vivido todo lo que viví atravesándolo. Ese "espíritu" hizo y deshizo en complicidad con mi resto Y no fue mi intuición, que es muy poderosa. No, en este caso no fue ella. Generalmente, prefiero ignorar los procesos que va construyendo (construir... ante todo construir, porque construir es afirmar que se vive fervientemente) al personaje que debo encarnar: tanta interpretación de sucesos invita a posibles parálisis... pero con éste no pude, me obligó a ser consciente y a no manosear el fruto nuevo...

Hoy -no para siempre, espero, porque habrá más motivos- creo que el actuar nace del humano afán de unificar nuestro ser; de conciliar "vida" y "espíritu", "impulso" y razón". Y de jugar -aunque más no sea- a este juego maravillante de creer que descubrimos esencialidades tras cada máscara. Algo más: agradecer a Desanzo y a Feinmann haberme ofrecido belleza y singularidad que trabajar y a todos mis compañeros el ejemplo de amor al cine que derrocharon en esta nueva película sin casi presupuesto y en una Reina del Plata que no ofrece quince metros de pared no mancillada para reconstruir época. Dirán que a mi agradecer debería sumarle alguna pizquita de síntesis... acepto, pero ocurre que, a pesar de lo mucho que trabajaron mi cabeza y mi corazón, me ayudó la suerte regalándome esta correría del "espíritu" y quería contarlo.

Miguel Angel Sola

 

WEBS RECOMENDADAS POR CANAL OK

* Canal IP: experta consultoría en marketing online
 especialista en
posicionamiento web y servicios de pago por clic.
 
* Wwwisibility: Blog especializado en noticias y últimas tendencias en SEO y marketing.
 

 

 

 
 

Canal OK
"En línea con el ocio"
© Copyright 1994-2011. Todos los derechos reservados.