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Impresiones
del director Karim
Traidia sobre su filme
Cuando
leí “La novia polaca” una historia de amor nacida
entre un granjero de Groninge y Anna la polaca, yo me
identifique inmediatamente con Anna.
Sus
sueños son los que yo sentí cuando me fui de Argelia:
los sueños de aquellos que emigran para buscar una vida
mejor.
Es
un cuento de hadas de otra época amenazado por la
sociedad moderna.
“Había
una vez una pobre polaca que decide cambiar su vida
miserable. Ella parte para un país rico, segura de
encontrar una mejor suerte” o bien “Había una
vez un arrendatario solitario que esperaba que un día una
mujer polaca apareciera en su vida, para que él pudiera
ofrecerle un futuro”.
Es
la relación de Anna y Henk lo que más me interesaba,
quería saber como ellos llegan a relacionarse, a
asociarse...
Fue
esta relación la que me hizo apostar como realizador.
Nada pasó verdaderamente entre ellos, y por consiguiente
muchas cosas interiores surgieron de su relación.
Al
hablar con los actores recordaba a mis padres durante mi
infancia en Argelia. Yo nunca los vi abrazarse, tocarse y
aún hablar. Sin embargo tuvieron siete hijos y vivieron
juntos por mucho tiempo. Había un respeto, una atención
de uno hacia el otro, que era su forma de amor. Un amor
simple. Sin declaraciones especiales. Sin palabras.
Henk
y Anna podrían haber sido mis padres.
Creo
que la vida de un granjero es la misma donde sea: Holanda,
América, Africa...Un granjero dice que depende de la
naturaleza. Es por eso que la ama y la respeta. También
por esto el paisaje es el tercer personaje de “La novia
polaca”.
La
naturaleza y el hombre deben tener un lazo.
En
el lugar del rodaje encontré de entrada la belleza que
potencia el amor y lo rescata. Ese amor que canta Ede
Staal (el Jacques Brel holandés).
Yo
he encontrado con los ojos de un niño curioso, al mismo
niño que treinta y cinco años antes había visto
llorar de alegría a un francés ante una puesta de
sol, en las montañas de mi pueblo. Fue la misma cosa que
sentí cuando vi el paisaje de Groninge. Quise fijarlo en
todo su esplendor. A mi alrededor alguien estaba al tanto
de mis sentimientos y se puso a observar con una
curiosidad diferente. Cada día, algún miembro del equipo
gritaba “oh, lá, venez voir”. Para mí “La novia
polaca” es un momento de nostalgia.
Karim
Traidia
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