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Filmar
con Gatlif: “Así ha sido, arriesgarte,
pasarlo bien, pasarlo mal...pero quieres
volver a hacerlo”
Andaluz
y versátil, como para que no le resulten
extraños ni el set televisivo, ni el plató
cinematográfico y tampoco el escenario
teatral, el actor,
Antonio Pérez Dechent,
estuvo en la Argentina para
promocionar la puesta “Vengo – Gitano
quiero ser libre”, del director
franco-gitano, Toni Gatlif.
Allí
encarna a Alejandro, el amigo y confidente
de un líder gitano duro y carismático.
La
película es una de las quince producciones
que se presentaron este año en la
tradicional muestra “España, Francia,
Italia: El cine del Tercer Milenio” que
organiza anualmente Europa Cinema Center.
¿Cómo
fue que Toni Gatlif te propuso
el papel de Alejandro, en Vengo... ?
Al
principio yo no quería saber nada. Toni
Gatlif me pareció un gitano loco. Me dijo
que iba a ser el único actor. Me dijo que
no había guión. Qué mi personaje no sabía
como iba a ser y que quería contar conmigo.
Yo tenía unas propuestas bastante
interesantes, trabajos fijos, y dejé una
gran película para hacer esta ¿Y por qué
la deje? Porque una vez que yo ya había
decidido que no (iba a trabajar con Tony
Gatlib), una tarde me mandaron
“Gadjo dilo El extranjero loco”
(en la Argentina se estrenó hace dos años).
Y cuando vi esa película le llamé y
le dije una frase que en la película
le digo a Antonio Canales: Donde quieras,
cuando quieras y como quieras.
Aceptaste
al ver Gadjo Dilo.
Si.
Yo quería estar en esta clase de filmes.
Después
de haber trabajado con directores como
Berlanga, Zambrano, Camus y Trueba ¿Cómo
te resultó este tipo de dirección tan
particular como la de Toni Gatlif? ¿Te gustó
la experiencia?
Pues
claro que me gustó. Mira, lo formal es
bastante parecido, es decir, la cámara está
allí, los focos están puestos, el actor se
pone su máscara, en su marca, tiene su diálogo,
pone su emoción. ¡¿Pero este cine es tan
extraño?! ¡Tan de verdad! ¡Tan mezcla de
documental con arte!
Quiero
decir: ¿Te costo comprender esa forma de
hacer una película, propia de Gatlif?
Muchísimo.
Muchísimo en el sentido de que yo no podía
olvidar que estaba haciendo cine. Entonces
yo me preguntaba: ¡Pero por qué no me
avisan a qué hora empiezo! O algo más
importante: ¡A qué hora acabo (risas),
para saber así cuantas veces tendré que
dormir en el hotel! ¿O por qué no me dicen
mañana a que hora empiezo y a que hora
acabo? No podía hacer un plan de vida. No podía hacer nada. ¿Pero por qué están todos estos (los
músicos de Antonio Canales) cantándome? ¿Por
qué se meten en mi habitación del hotel, a
las tres de la mañana, gritando: ¡Dechent!¡Dechent!
ahora tenemos una boda flamenca? ¡Cómo que
una boda, si dentro de tres horas tengo que
estar otra vez rodando! Entonces, al
principio fue una entrada a otro mundo. Pero
como yo describí una vez: Esta película es
como una montaña rusa. Quiero decir:
tu te montas y mientras vas para
arriba le vas diciendo al de al lado ¿¡Ay
qué nos pasará; qué nos pasará!? y de
pronto baaaaaaaaaaajas, y de nuevo arriba ¡No
me ha dolido mucho! y otra vez ¡¡¡¡Abaaaaaaaaaaajo!!!!
y cuando paras te bajas agitado,
contienes la respiración y le dices luego
al de al lado: ¿nos montamos otra vez? (risas)
Así ha sido, arriesgarte, pasarlo bien,
pasarlo mal...pero quieres volver a hacerlo
La
música tiene un rol fundamental en el filme.
¿Qué implicó eso para tu trabajo de
actoral?
Una
vez vista, ahora, yo te digo que para mí
esta película es un concierto. El tema,
esto de la venganza, la deuda de sangre, el
honor gitano; todo me parece una anécdota.
Así como Solas era una película de
sentimiento, esta es una película de
sentidos que apela directamente a la emoción.
Por eso empieza con esos diez minutos de música
con el Sheikh y Tomatito que nos dicen: siéntense,
aposéntense, vayan escuchado esta obertura
y a continuación déjense llevar. Déjense
llevar simplemente
En
la película se ve muy claro y en el rodaje
también: las escenas musicales que yo pude
rodar, esas eran escenas donde tu sabías
perfectamente que estabas dando los apartes,
como los das en el teatro, mientras está el
gran artista trabajando (que en la película
son los músicos).
Lo
que más me asombró es que mientras rodábamos,
como (los músicos) eran grandes artistas,
pues, se los trataba como tales. Entonces,
parecía como que los demás nos quedábamos
fuera de la historia y ellos parecían
artistas invitados que cantaban fuera de la
película. Pero cuando ves la película
completa, está tan metida la música y lo
que cantan dentro de la historia, que por
eso te hablo como de un cuadro: ¿Cómo se
describe un cuadro? No puedes. Debes verlo.
Tu
personaje (Alejandro) está muy ligado a
Caco, el líder del grupo de gitanos
enemistado con los Caravaca. Pero a la vez
hay como una lejanía entre ambos. Un juego
de cercanía y lejanía. ¿Es así? ¿Era
una consigna del director esa composición?
Si
estoy de acuerdo. Yo creo que es como la
vida real. Salvando las distancias, es como
Robert Duvall en su personaje del concilieri,
en El Padrino. El era el único irlandés,
pero era el concilieri. Mi personaje en esta
película es el más cerebral. Es el que ve
lo que va
a pasar,
los caminos que se pueden tomar, pero
a la vez es el perro fiel. Yo puedo ver una
salida, pero si Caco (Antonio Canales) dice
“no, es por aquí” yo soy el primero que
hace eso. Soy el hombro donde él se apoya,
su paño de lágrimas. Soy su primo,
consejero y su más íntimo amigo. Pero en
la vida real (con relación a Antonio
Canales y no a Caco, el personaje) soy el único
actor profesional de la película, el único
que no es gitano y el único que no tiene
nada que ver con el flamenco. Por eso también
se ve esto en la película. Cómo Antonio
Canales se apoya en mi. Pero a la vez, con
sus primos, con quienes ha ido a veinte mil
escenarios siempre juntos, le bastan dos
palmas para unirse y yo en cambio allí
permanezco más alejado.
¿La
misma situación en la película que en la
vida real, entre tu y Canales...?
Si.
Como en la vida real. Antonio Canales para mí
es una estrella. Es el mejor bailaor de
flamenco que hay ahora mismo. El puede ir a
cualquier parte del mundo, y es Antonio
Canales. Yo no me puedo comparar con su
nombre, su estrellato y todo eso. Pero a
pesar de eso, él sabía cuando llegó a
rodar que se podía apoyar en mi, que me podía
preguntar una serie de cosas sobre cine,
sobre cámaras, sobre historias. Entonces
esa complicidad ya estaba allí, por un lado.
Y por otro lado mi gran respecto hacia él
–como acabo de decir- estaba también en
la vida real.
¿Tienes
miedo de que te encasillen en tu trabajo,
como un actor para papeles raros, trabajos
especiales. Sin un guión fijo por ejemplo (risas)?
Ojalá.
Quiero decir: yo en España hago mucho
teatro, teatro clásico. Entonces que me
encasillen en todo lo contrario, una actor
de la calle, como se ve en la película,
totalmente natural, espontáneo, significa
que he conseguido lo que se me pedía. Pero
no creo que me encasillen. Yo creo que en
España estoy más bien encasillado en la
gran cuerda que hay entre un asesino sicópata
y un cabrón. Esa gran cuerda que hay entre
un papel y otro (risas).
Soy
como el Jack Palance del cine español:
siempre que hace falta alguien con mala cara
y perverso, normalmente piensan en mi (risas)
¿Que proyectos tenés para lo que resta del año?
Llego
el 15 a España y el 16 estreno,”Ella”,
una obra de Jean Genet. Ella es el
sumo pontífice, el Papa, su santidad. Tengo
un proyecto para trabajar en un filme sobre
Blas Infante, el patriarca de la nación
andaluza. Y muchísimos actores andaluces
vamos a colaborar en esa película. Van a
estar Juan Diego, María Galiana, Piti
Mander. Van a estar también Juan Luis
Gallardo, Manuel Borón. Todas van a ser
colaboraciones dentro de ese proyecto.
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