Los
dedos de una mano alcanzan para contar los filmes de los Países Bajos que
se han estrenado en la Argentina. Por amor transcurre en Bélgica y
muestra las diferentes maneras en que los miembros de una comunidad judía
contemporánea se relacionan con la religión, el holocausto y las
tradiciones, según la edad, el grado de religiosidad y la experiencia que
a cada cual le ha tocado vivir.
En
ese sentido puede decirse que la puesta de Jeroen Krabbé es un filme
coral.
Chaja
(L Fraser, en un gran trabajo) es una adolescente alejada de la religión
y las tradiciones, para ella el holocausto es algo que le paso a otros.
Sus padres son sobrevivientes de los campos de
exterminio nazi, pero
así como su papá (M. Schell) tiene presentes sus antiguos sufrimientos,
la madre (M. Sagebrecht) niega
por completo el pasado. Cierto día el Sr. Apfelschnitt (Chaim Topol), un
hombre que respeta las tradiciones y
practica la religión aunque no es ortodoxo, le ofrece a Chaja un
trabajo de niñera dentro de una familia ortodoxa, el Sr y la Sra Kalman
(J. Krabeé e I. Rossellini), que profesa antiguos ritos y severas reglas
religiosas. A partir de allí se desata un drama que terminará por hacer
madurar a Chaja y acercarla más a su familia y a sus tradiciones.
Narrado
de manera convencional, con extremo dramatismo en el núcleo de los
acontecimientos, para dar paso a un final afirmativo, el filme se
sostiene, aunque hubiera funcionado igual con menos excitación y emoción,
menor bagaje dramático y menos efectismo en algunas escenas (la
escapada de Chaja a través de una ventana, por citar una).
Por
amor es la opera prima de Krabeé, en 1998 fue galardonada con cuatro
premios en el Festival de Cine de Berlín, entre ellos el de mejor
director, y mejor actriz para I. Rossellini.
Gustavo
Camps
|