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VIAJE POR EL CUERPO


Título: VIAJE POR EL CUERPO
Dirección: Jorge Polaco
Libro: Jorge Polaco-Ivonne Fournery
Arte: Jorge Polaco
Vestuario: Mona Estecho
Montaje: Liliana Nadal
Música: Héctor Magni, Los Waras
Fotografía: Mariano Cúneo, Ada Frontini
Duración: 84 minutos
Distribución: Primer Plano Film Group
Origen: Argentina, 2000
Elenco: Marcelo Marcilla, Guadalupe Leuviah, Ivonne Fournery, Zulema Caldas.

Los seguidores de Jorge Polaco tienen un nuevo motivo para aplaudir a este talentoso director argentino que no logra transmitir, desde el punto de vista cinematográfico, un relato coherente, salvo enfrentar al espectador a sus delirios, desesperanzados y muchas veces crueles. Hay quien dijo que el arte es el medio necesario para poder encontrar respuestas a la existencia. Esto sí que no se cumple en esta película de Polaco, y ni hablar en su anterior, “El regreso de la dama”, donde ridiculizó a Isabel Sarli, un ícono de un gènero cinematográfico. Aquí expone el infantilismo del protagonista, El Artista (Marcelo Marcilla), que no puede superar la relación con su madre, La Madre (Ivonne Fournery). Su única manera de relacionarse con la realidad es a través de la fotografía, propias, de su madre y ajenas. No se sabe si fotografía cadáveres o bien modelos. Un enigma. Las fotografías de El Artista, en distintas poses, desnudo, inundan las paredes de un viejo pero hermoso palacete. Cuando fotografía a su madre mientras duerme, apenas cubierta por una sábana de raso o seda, es echado de su casa. Aquí comienza a deambular. Conoce a la “Señora del Tren” (Zulema Caldas) que le da la solución: el amor. Y así llega hasta una vieja casa donde conoce a La Ciega (Guadalupe Leuviah). La Ciega es la dueña. Descubre que El Artista es un niño grande, aún virgen.

Entre escenas esquemáticas, propias del teatro “off” (sin que esto sea peyorativo), bien fotografiadas y filmadas, y sonidos guturales, además de diálogos tan simples que resultan un insulto para la inteligencia del espectador, el Artista aprenderá que hay sexo, que hay amor, y que La Madre está siempre ahí. 

Si Polaco intenta reflejar aquella náusea de la que nos hablaba Sartre, o bien la Nada como objetivo y fin de la existencia, no lo logra de primera intención. Ver a El Artista aletear como una gallina en una demostración de no se sabe qué, un rasgo tal vez de estupidez, o a La Madre darle órdenes para que tome el desayuno, o a La Ciega enloquecida por hacerle el amor, no logran conducirnos hacia ese camino que se puede suponer tras largas cavilaciones y no a partir de la sucesión de estas imágenes.

La fotografía es excelente. Lástima que, en vez de conformar lo que se llama convencionalmente una película, sirvan estos fotogramas más para una muestra fotográfica que para cumplir con el objetivo de Jorge Polaco, es decir, esta porfiada insistencia de revelarnos sus conflictos sin dejarnos nada ni en el intelecto ni en el alma.

Elsa Bragato


Viaje por el cuerpo
Argentina, 84´
2000
Dirección: Jorge Polaco
Guión: Jorge Polaco e Ivonne Fournery  s/ libro de J. Polaco y Miguel Martínez
Dirección de Arte:  Jorge Polaco
Dirección de Fotografía:  Mariano Cúneo y Ada Frontini
Escenografía: Miguel Angel Lumaldo
Vestuario: Mona Estecho
Montaje: Liliana Nadal
Sonido: Pablo Sala
Música: Héctor Magni y “Los Waras”

Elenco: Marcelo Marcilla, Guadalupe Leuviah, Ivonne Fournery y Zulema Caldas

El sexto largometraje de Polaco, como los anteriores, no se deja valorar como las películas del mainstream y mucho menos, clasificar en términos de género.  Viaje por el cuerpo es una película de Polaco, es la única certeza posible, aunque tal vez puedan arriesgarse un par de ideas, so pena de querer explicar la cuadratura del círculo, en el intento.

Por lo pronto, como todos los filmes de Polaco (tal vez “Siempre es difícil volver a casa”, menos)  el que se lo banca lo ve y se apasiona, y hay que reconocer que es más fácil decirlo que hacerlo.  Polaco es un director autoreferencial, por eso no está fuera de lugar agregar que  su  nuevo filme no es revulsivo como “Diapasón”  ni sórdido como “En el  nombre del hijo”, filmes del director  de 1985 y 1987 respectivamente

El relato de “Viaje por el cuerpo” nos ubica frente al conflicto de un artista (Marcelo Marcilla) con su madre (Ivonne Fournery) primero y más tarde con un amor (Guadalupe Leuviah). En los créditos se hace referencia a cierto parentesco del guión con la obra de teatro Durero (título que refiere a un artista paradigmático de la pintura alemana que vivió entre los siglos XV y XVI)   en cartel en la Argentina, pero que no hemos visto.

Tanto los parlamentos como las actuaciones están en registro teatral. También se podría decir lo mismo de los escenarios, desprovistos de otros personajes que los propios protagonistas. Los diálogos son recitados por los actores y dramatizados al extremo. Polaco ha trabajado en teatro como escenográfo y asistente de dirección.

El clima del filme es asfixiante, denso, de sensaciones opresiva . Pareciera que todo transcurre en un ámbito onírico, más del inconsciente que de la engañosa vida consciente (Lacan dixit).

Como conclusión, podemos decir que la relación entre Polaco y sus espectadores es de amor, y como se sabe, el amor es ciego.

GUSTAVO CAMPS

 

 
 

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