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Todo Vale


(Telling lies in America): Kevin Bacon, Brad Renfro, Maximilian Schell, Calista Flockhart, Paul Dooley, Jonathan Rhys.-Myers, Luke Wilson, Damen Fletcher, Ben Saypol, James Kisicki.
DIRECCION
: Guy Ferland (“La niñera”)
GUION:
Joe Eszterhas (“Flashdance” y “Al filo de la sospecha”)
FOTOGRAFIA:
Reynaldo Villalobos
MUSICA:
Nicholas Pile
DURACION:
101 minutos
Estados Unidos, 1997.

Todos los créditos del mundo avalan este film norteamericano que recién sale a la luz. Desde Kevin Bacon, un actor popular que realizó películas de gran taquilla junto a otros famosos como JFK o Footloose; Brad Renfro, quien da vida al personaje eje de la película (hace sus primeras armas en el cine, luego de “El Cliente” y “The Cure”, entre alguna otra) hasta Maximilian Schell, sobre quien poco se puede agregar: ganador de un Oscar y del Globo de Oro, actor de innumerables éxitos, famosísimo, multimillonario, hermano de la no menos célebre María Schell. “Todo Vale”, además, ha sido presentada a los festivales oficiales de Toronto, New York y Boston. Es decir que, luego de este “background”, uno pensaría en callarse la boca o bien no escribir nada. En cambio, hay para decir y escribir un montón... Ambientada en los 60, nos cuenta la adolescencia de Karchy Jonas (Renfro), de origen extranjero, quien vive con su padre (Schell) en los suburbios, en un barrio obrero. Va a una escuela paga, católica, donde es el blanco preferido de los chicos ricos. Karchy es, también, un enamorado del rock and roll. Y en ese momento de su vida, coincide con un segundo período de fama del discjockey Billy Magic (Kavin Bacon) quien logra ranquear la radio del lugar a un primer puesto con su famoso salón de bailarines de rock. Le va muy bien en la profesión pero no así en su vida. “Magic” hace del rock su pasaje al dinero, ganándose a los adolescentes con un diploma. Karchy se esfuerza y lo logra. Una noche, Billy lo descubre en la pista de baile mientras Karchy lo mira extasiado. Y lo elige para que sea su ayudante. De ahí en más la vida de Karchy tiene un vuelco. Gana 100 dólares a la semana, descubre el placer del amor, maneja un auto envidiado, pero las calificaciones escolares van en baja, tiene apercibimientos, y estas situaciones llegan a su padre. Karchy se ha especializado en mentir, mentir, mentir, no importa por qué ni a quién ni sobre qué. Es así como se inventó una familia en la que su padre es doctor y no obrero. Esto motiva aún más a Billy, que ha descubierto esta faceta de Karchy para no ser blanco de las risas, para mantenerlo como ayudante. Es la única manera que tiene de que alguien reciba sobres con dinero a su nombre sin que diga nada. Y Karchy toma la posta entre ingenuo y azorado. Y, oh casualidad, los managers suelen darle sobres con dinero para Billy. Karchy cumple lealmente con entregárselos a su “patrón”. Por otro lado, va observando cómo la vida lo pone a prueba: no puede retener a la chica que ama, en la escuela enfrenta serios problemas con sus adversarios sociales y está por peligrar su aceptación como ciudadano norteamericano así como la de su padre. Dos hechos producirán el vuelco dramático de la historia de Karchy y Magic: cuando los sabuesos de la policía entran en escena y cuando el destino quiere que Magic promocione a un compañero de escuela de Karchy a cambio de importantes sumas de dinero.

El director tuvo la posibilidad de explotar la ambientación de los años 60, cálida en el recuerdo de los cincuentones y siempre atractiva para las nuevas generaciones. Sin embargo, habrá que contentarse con la carita ingenua de Karschy y el rock and roll. Una pena. Kevin Bacon y Brad Renfro hacen muy buenas actuaciones a pesar de que el entorno no los ayuda porque ni la dirección de cámaras ni la inversión realizada se notan, da la impresión de que el presupuesto del director fue muy bajo; entonces deberán sostener la trama a pulmón. Lo hacen.

Maximilian Schell, en el papel de un extranjero, logra transformarse en un marginal de la actuación por lo que le toca en suerte hacer. No convence, es exagerado en lo poco que aparece en cámara, no muestra emociones ni aún en supuestas situaciones límites.

Las dosis bajas de escenas con las que el director quiere recontruir la década del 60 sumada a un tema remanido en su esencia(el chico bueno cae en la trampa del famoso con dinero perotiene la posibilidad de arrepentirse y volver a ser bueno, debiendo sortear no pocos obstáculos) transforman a esta película con tanto buen antecedente en algo elemental por lo obvia y previsible. Sostenida por la actuación de Bacon y, en gran parte, por la de Renfro, llega a hacerse insoportable porque se sabe de antemano todo lo que va a pasar. Podría haberse salvado con una fotografía acorde con los tiempos, con alguna motivación extra que no nos remontara tan abruptamente a los 60 en cuanto a realización cinematográfica: una cosa es la reconstrucción de época y otra muy distinto filmar como en aquellos años. Seguramente, “Todo Vale” puede atraer como parte de la programación de una señal de cable pero ocupar una sala cinematográfica con ella es menospreciar la inteligencia del público actual. “Todo vale”, en definitiva, nos hace pensar en cuán injusta es la división de las exhibiciones entre las distribuidoras extranjeras que terminan por confinar a productos como “Santitos”, “Pantaleón y las visitadoras” o “Tren de sombras” (cine-arte) a escasos días en las carteleras, sin adecuada difusión ni para ese cine ni para el europeo.

Elsa Bragato

 

 
 

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