Título:
Testigos ocultos
Testigos
ocultos es un filme nulo. Quiere ser un policial bizarro, pero no
invierte lo suficiente y como thriller es absolutamente inverosímil.
Los personajes son inverosímiles y permanentemente están fuera de
registro. Muchos de los parlamentos –amén del exceso injustificado de
lenguaje soez y de morbosidad– son increíbles
y uno se pregunta que hacia Esther Goris allí
(mostrar sus piernas para nada despreciables, no alcanza aunque
no se critica) en medio de ese acopio de tomas que no logra conformar
una estructura narrativa eficaz y con cierta coherencia.
Hay
en el filme dos marginales, Federico y Majo, él demasiado morboso y
ella demasiado indecisa entre su
profesión de prostituta y sus ganas de tener un grupo de pertenencia.
Hay una secta que prostituye a niños, con un jefe demasiado español
para ser francés u holandés, tal como él se presenta en el filme. Hay
un fiscal demasiado arisco (con una empleada que a veces lo trata con la
mayor formalidad y otras como a un amigazo) que se obsesiona
con la secta por experiencias de la niñez. Hay una jovencita
para la que el escape resulta demasiado fácil. En suma, con tantos
desaciertos es muy difícil apreciar este filme.
Gustavo
Camps
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