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TAXI, UN ENCUENTRO


2000
Color, 93´
Argentina
Dirección y guión: Gabriela David
Montaje: Enrique Angeleri
Fotografía: Miguel Abal
Música: Mariano Núñez West
Sonido: Marcos de Aguirre, Jésica Suárez
Escenografía: Federico Ostrofsky
Vestuario: Analía Invernizzi
Elenco: Diego Peretti, Miguel Guerberoff, Josefina Viton, Pochi Duchase, Pablo Brichta, Ricardi Díaz Mourelle, Ernesto Torchia, German De Silva, Daniel Moreno

Decía un gran director como Leopoldo Torre Nilsson que cuando todo el mundo crítica una película hay que desconfiar y cuando todo el mundo elogia una película hay que desconfiar. Y aunque no es la  primera vez que traemos a colación esta greguería tampoco será la última mientras haya filmes como Taxi un encuentro, la opera prima de Gabriela David, que es una buena película, pero ha tenido demasiada buena prensa, tal vez demasiada buena prensa, y nadie se ha fijado –por el bien de la directora, de su obra y de los espectadores- en algunos detalles que sin duda hubieran levantado el nivel de la puesta más allá del bueno con que todos la han calificado.

 La obra de Gabriela David nos relata el encuentro entre dos almas perdidas en la ciudad. El Gato es un ratero, más por falta de mejores horizontes del momento que le toca vivir que por vocación delictiva individual, y ella es una adolescente herida pero por sobre todas las cosas aturdida por una realidad que la hace crecer de golpe. Una noche, mientras el gato conduce un taxi robado por las calles de Villa del Parque o Devoto, en Buenos Aires –en ese recorrido pueden verse personajes interesantes de la noche y la ciudad-   la joven sangrante y maltrecha para el taxi del Gato en una esquina y a partir de allí surge una relación (que no necesariamente es amorosa).

Con buen tino, la directora desecha el fácil camino de la narración lineal al estilo literario para contarnos el encuentro y sus consecuencias inmediatas, sin embargo,  y concediendo que se trata de una puesta intimista más que centrada en la  acción, el ritmo narrativo se ve resentido por varias escenas que se extienden demasiado, bajo el pretexto de escrutar el  interior de los personajes.

También es elogiable el golpe de timón que al promediar el filme hace cambiar el ángulo de la narración -los acontecimientos se muestran primero desde la visión del Gato, pero luego se vuelve sobre la historia a partir de la mirada de la jovencita- sin embargo este nuevo punto de partida no aporta efectivamente nueva información y la joven termina contando a cámara en un largo  y emotivo (por demás) monólogo -que busca conmover adrede- lo que se podría haber narrado con otras imágenes, y por ello con más fuerza y menos dramaticidad.

Las actuaciones –la de D. Peretti sobre todo- se mantienen siempre en sus registros, sin desbordes; el actor Miguel Guerberoff, como padre del gato, está muy bien logrado, aunque se podría objetar cierta carga de cinismo o acidez en su papel –lo que también se ve en otras escenas y con otros personajes, con el mismo efecto negativo (el tiroteo con los hermanos)-  que lo coloca al límite del verosímil.

A más de un director le han bajado el pulgar por mucho menos que esto.

Por lo demás, la fotografía de Miguel Abal también es para destacar.  El filme fue seleccionado para participar en el Festival de Montreal, en la Sección Cine de América Latina y en el Festival de San Sebastián, en la Sección Made in Spain. Gabriela David trabaja desde 1978 en la industria cinematográfica para largometrajes y producciones independientes de televisión y en cine animado, en cortos publicitarios. Desde 1993 es profesora en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Como directora ha filmado varios cortometrajes, entre ellos “Tren Gaucho”, que obtuvo numerosos premios nacionales e internacionales.

Gustavo Camps


TAXI, UN ENCUENTRO

Dirección y guión: Gabriela David, Fotografía: Miguel Abal, Edición: Enrique Angeleri, Música: Mariano Núñez West. Elenco: Diego Peretti, Miguel Guerberof, Josefina Viton, Pochi Duchase, Pablo Brichta, Ricardo Díaz Mourelle, ernesto torchia, Germán de Silva, Daniel Moreno. Distribuye Primer Plano Film Group.

MISERIA URBANA

Producción independiente, primer largometraje de Gabriela David, realizada en 35 jornadas de trabajo especialmente nocturnas, nos cuenta el vínculo que une, repentinamente, a un ladrón de un taxi (Diego Peretti) y una pasajera que tiene una herida de bala (Josefina Viton). La propuesta es la necesidad de sobrevivir y la acción solidaria que surge cuando uno menos lo piensa.

El ladrón, “Gato”, a pesar de los riesgos que corre, no deja abandonada a la joven, la ayuda, le extrae la bala en su casa de un barrio marginal con la ayuda de su padre (Miguel Guerberof). Y después consigue, mediante un llamado anónimo, que sea trasladada hasta un hospital, permitiéndole reconstruir su vida familiar.

La actuación de Peretti es excelente, uno le cree a este ladrón que, después de todo, no quiere matar sino sobrevivir. Y le cree su sensibilidad ante la adolescente herida. Por lo demás, si bien hay un manejo moderno de la imagen en algunos momentos, especialmente los del comienzo (recuerda mucho a la serie de taxistas nocturnos de HBO, el cable norteamericano), la narración presenta altibajos muy frecuentes en el cine nacional: la explicación frente a cámaras de la vida de cada personaje. Esto es televisivo, no cinematográfico. El cine requiere de imágenes constantes y no debe utilizarse una cámara fija para que el personaje explique cuál es su historia. Esta, reitero, debe surgir de las imágenes.

El desarrollo de la historia también es tardío: recién se atisba un cambio en la actitud del “Gato” pasada la media hora de film. Es demasiado tiempo para que el espectador entre en el meollo de la historia. Además hay algunos golpes bajos en el caso del personaje del “padre” del Gato compensados, de alguna manera, con buenas imágenes nocturnas de la ciudad de Buenos Aires. Y cabe apuntar, concerniente a estos aspectos técnicos, que la película transita peligrosamente el límite de la sumatoria de situaciones más que desarrollo interior de los personajes.

Finalmente, nos parece justo decir que, con excepción de “La Fuga” y de “El hijo de la novia”, el cine argentino actual se regodea excesivamente en la marginalidad como única base generadora de los problemas económicos y culturales urbanos. La miserabilidad como elemento social genuino y masivo no es el mejor reflejo de esta sociedad, aunque sea parte de la realidad que se vive. Buena a regular.

Elsa Bragato

 

 
 

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