Título:
Sólo
por hoy
2000
Color, 100´
Argentina
Producción: La
Universidad del Cine
Dirección:
Ariel Rotter
Guión:
Ariel Rotter y Lautaro Núñez de Arco
Montaje: Pablo Giorgelli
Música: Gustavo Cerati
Fotografía: Marcelo Lavintman
Dirección de Producción: Hernán Musaluppi
Sonido: Martín Grignaschi
Elenco: Sergio Boris, Ailí Chen, Damián Dreizik, Federico Ezquerro,
Mariano Martínez, Marcelo Mangone, Jessica Bacher, Sergio Wang,
Derli Prada...
Por
falta de tiempo para ir a la función de prensa, me toco ver “Solo por
hoy”, de Ariel Rotter, el
día del estreno en el Hoyts General Cinema del Abasto. El comentario
viene al caso porque el cine nacional no es profeta en su tierra, y no
pasa inadvertido cuando los espectadores locales de un filme argentino
se emocionan y se ríen durante la proyección (no cínicamente, sino
contentos porque se reconocen en los personajes o las situaciones) para
luego aplaudir en el final. “Solo por hoy” es el tercer filme
producido por la Universidad del Cine con sus alumnos. Los anteriores (para
nada despreciables) fueron Moebius y Mala época.
El
primer acierto del filme de Rotter (que tiene virtudes, y también
defectos dignos, de esos que se pulen con experiencia) es la
verosimilitud, y esto vale mucho tratándose de un filme nacional.
La
película cuenta la historia de Ailí, Morón, Equis, Fer y Toro, cinco
jóvenes recién salidos de la adolescencia que comparten una casa
alquilada y sufren los vaivenes de la Argentina contemporánea. Ailí es
china, trabaja como motoquera y quiere ser pintora; Morón filma que te
filma con su cámara digital mientras su padre lo mantiene. Equis es
ayudante de cocina, busca el amor de su vida mientras planea viajar a Paris; Toro limpia hoteles y quiere
ser actor. Fer, el mayor de todos, es pintor de brocha gorda, está
desesperanzado y no logra ubicarse en el mundo.
De
manera fragmentada, poniendo énfasis en lo cotidiano y en la intimidad
de cada uno, la cámara de Rotter se ocupa en registrar una semana en la
vida de estos personajes. El tema es el deseo. Deseo de amor, de
realizar la vocación, de futuro mejor, de horizontes nuevos, de vivir
con dignidad. Con la excusa del metier de Morón con las filmaciones, el
director intercala preguntas a gente de la calle sobre estos deseos
mediante un registro de tipo documental.
La
construcción de los personajes es excelente y la frescura de algunas
escenas es imperdible. Es el caso de Toro y un compañero de trabajo
hablando sobre mujeres, o el encuentro entre Morón y su padre en la
casa de este, o Toro en la productora, o Morón en otra productora.
Quedan por resolver algunos detalles técnicos, la precisión de algunos
diálogos y la contención de alguna escena que desequilibra (la pizza
para el policía), pero visto en su totalidad el filme es bueno y muy
bueno, lo demás vendrá con más cine de este tipo.
Gustavo
Camps
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