Título: SHUNSHINE
(El amanecer de un siglo)
Dirección y
guión: István Szabó
Fotografía: Lajos Koltai
Edición: Fotin, Arcand
Música: Maurice Jarrçe
Vestuario: Gyorgyi Szakács
Origen: Hungría, Alemania, Canadá, Austria, 1999
Elenco:
Ralph Fiennes, Rosemary Harris, Rachel Eisz, Jenifer Ehle, Molly
Parker, Deborah Kara Unger, William Hurt, David de Keyser, John Nasville,
entre otros.
EL
AMOR, LA GUERRA Y LA VIDA
Este
filme de István Szabó es una extensa e intensa saga que abarca tres
generaciones y todos los hechos políticos del siglo XX con las
consecuencias directas en los miembros de la familia Sonnenschein, de
origen judío. La traducción en inglés es “Sunshine”. La historia
comienza cuando explota la destilería del bisabuelo de Adam, la voz en
“off” que va relatando los acontecimientos, donde se preparaba el tónico
Sunshine. Sobrevive el pequeño Emmanuel que viaja a Budapest y funda su
familia junto a Rose. Tienen dos hijos, Ignatz y Gustave y adoptan a la
sobrina Valerie. El primero, se recibe de abogado y llega a juez; el
segundo se enrola en las filas de los subversivos para derrocar al
imperio austrohúngaro. Pero aquí sobreviene uno de los momentos
cumbres de la película por su significado: debe aceptar cambiar su
apellido judío por el de Sors. Y así lo hacen su hermano Gustave y su
prometida Valerie.
Ignatz
se casa con Valerie, que en realidad desea a Gustave. A su vez, Ignatz
es un ferviente defensor del emperador por lo que, cuando asumen el
poder los comunistas en 1919, luego de la primera guerra mundial, es
encarcelado en su propia casa. Lejos está de saber del intenso amor que
une a su mujer con su hermano. Pero la vida familiar continúa y Valerie
tiene dos hijos. Adam e Istvan también mantendrán la ancestral
diferencia entre los hermanos. Istvan lleva a Adam a aprender esgrima y
éste termina siendo campeón de Hungría. Greta ingresa a la familia al
casarse con Istvan y la muy carismática Hannah, al casarse con Adam.
Dada las circunstancias, dejan el judaísmo por el catolicismo. Simultáneamente
se desarrolla la Segunda Guerra Mundial. Esta vez será Adam quien cree
que podrá cambiar el mundo y se niega a comprender que será usado por
el sistema representándolo como un gran deportista. Finalmente, el
holocausto los ha dejado diezmados. Solo regresarán a la casa de
Budapest Valerie, Gustave –que logró escapar y enrolarse en el
comunismo ruso-, y Adam, además de la ya anciana ama de llaves. Adam no
escapará al destino de amores prohibidos y se enamorará de la mujer
que es esposa de un importante integrante del ejército de la
resistencia en Francia. Recién aquí la historia comienza a atar cabos,
a cerrarse. La pérdida del reloj del bisabuelo en el campo de
concentración, la muerte de Valerie, la búsqueda infructuosa del libro
con la fórmula secreta del tónico del bisabuelo, lo llevan a Adam a
una revalorización de su apellido judío. Nada es gratuito: Valerie,
antes de morir, se ha negado a repetir el apellido Sors y ha dicho el
verdadero, el judío. Adam comprenderá que la mejor forma de vivir es
la que tiene que ver con la verdad, buscando las raíces de su familia y
no negándolas.
Respecto
de la técnica empleada por Szabó, la fotografía es nítida, ajustada
a una narración cinematográfica sólida, muy rica en anécdotas y épocas,
agregándole varios elementos modernos: los “inserts” en blanco y
negro de documentales de cada momento histórico pero apenas segundos,
los suficientes como para permitirle al espectador entender la escena
siguiente. Hay algunos crueles, como los referidos a los campos de
concentración. Así como tres escenas de gran dureza: la muerte del
padre de Adam, que no abjura de su condición de judío, frente a su
hijo, y las escenas referidas a las cacerías de animales en los
momentos de paz (o, dicho de otro modo, el hombre no aprende a convivir
ni siquiera con la naturaleza). Y dos panorámicas, una de apertura y
otra sobre un claro en una zona boscosa donde una de las parejas
prohibidas concreta su pasión.
El
film tiene, además, cuatro ideas claves que permiten armar las
historias de cada generación sirviendo de enlace con cada generación:
el libro con la fórmula secreta del tónico, el reloj del bisabuelo, el
cambio del apellido, la conversión al cristianismo. El guión, a su vez,
contiene varios elementos que se encadenan hasta llegar a un final, si
no imprevisible, al menos coherente: la pasión de las mujeres que
integran esta familia y el deseo inquebrantable de amar a sus cuñados.
Y un símbolo del amor: el jardín florecido. El guión se resquebraja
un poco cuando un mismo actor debe representar diferentes papeles: la
casi simultaneidad de las generaciones confunden. Sin embargo, las
historias presentadas concluyen con coherencia. No queda ningún
personaje fuera del contexto narrativo planteado. Para tener en cuenta:
solo tres personas ocuparán la cabecera de la mesa familiar: Emmanuel
Sonnenschein, Ignatz Sonnenschein y Valerie Sonnenschein, la heroína
del film.
En
los diálogos hay momentos de enorme vigencia y lucidez. Por ejemplo, el
del personaje de William Hurt, que se verá traicionado por Adam:
“Cada nuevo régimen exige traidores, los usa y después los deja”.
O “Si no hay Dios, ¿por qué lo extrañamos tanto?”. O “La vida
es esto, lo simple”. Una gran película, sin duda, que nos enfrenta a
las pequeñas traiciones cotidianas y a las traiciones políticas de
siempre: en mayor o menor medida, nada parece haber cambiado. Será
porque, como nos deja entrever Szabó, la vida pasa, es un aluvión. La
cuestión es darse cuenta de que se está vivo y de que cada instante
debe ser una decisión nuestra y no de los de afuera.
Más
que recomendable.
Elsa
Bragatto
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