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SER O NO SER (HAMLET)



Título: "Ser o no Ser” (Hamlet) 
Color, 127’

Dirección y adaptación: Michael Almereyda
Libro: William Shakespeare
Fotografía: John Sloss
Montaje: Kristina Boden
Música: Carten Burwell
Arte: Jeanne Develle
Elenco: Ethan Hawke, Kyle Maclachlan, Bill Murray, Sam Shepard, Julia Stile, Diane Venora, Live Schreiber, Karl Geary, entre otros.
Producción: Double A.Films
Distribución: Walt Disney International Latin America


SEGUIR SIENDO EN EL 2001

Cautivante, exasperante, conmovedora, diferente: “Ser o no ser (Hamlet 2000)”, del realizador Almereyda, toma el clásico texto de William Shakespeare y lo traspola a esta época, concretamente a la ciudad de Nueva York. Allí existe una empresa, Denmark Corporation, y quienes están a cargo son los familiares de Hamlet, joven hijo del empresario asesinado. En principio, resulta extraño oir los versos de Shakespeare en “tempo” cinematográfico moderno. Pero es el gran hallazgo de Almereyda el hacer esta innovación de un texto vigente como todos los shakespeareanos: Hamlet, perturbado profundamente por la muerte de su padre, por el casamiento de su madre con su tío, se mueve ahora en un mundo de computadoras, faxes, celulares, que en nada desacreditan el gran texto inglés. Todo lo contrario: refuerzan su hiperactividad mental, sus sueños, sus demonios, sus duendes, su sed de venganza: está el cine al servicio de los sentimientos. Nueva York se transforma en un sitio ideal para que Hamlet pueda vivir esta nueva vida cinematográfica. Por ejemplo, la sombra del padre, encarnado por el escritor y actor Sam Sheper, perfectamente puede desvanecerse sobre una máquina expendedora de gaseosas: la técnica del cine lo permite y no le quita nada al texto sino que, por el contrario, le añade la posibilidad visual. Ahora podemos ver a ese fantasma, y verlo desaparecer, tal como imaginó Shakespeare. El aporte de la tecnología cinematográfica a los textos de la literatura universal es la mejor forma de acercar estas obras maestras a todo el público. Ya se hizo con “Romeo y Julieta”, en la moderna versión encarnada por Leonardo Di Caprio, donde allí los versos del escritor de Stradford son más dulces. Allí encara una obra de amor. Aquí, de venganza. El final, tan sangriento, se cumple en una de las terrazas de la ciudad neoyorquina. Y pareciera que fue escrita para ese sitio.

Bien se puede agregar, porque sin duda habrá muchos detractores de estas reposiciones de textos de la literatura en contexto actual, que la modernidad, sea celulares, inalámbricos, ciudades ultramodernas, ayudan a darle un marco referencial excelente, amplificando al límite las pasiones humanas, tan bien descriptas por el escritor inglés. Sin duda, aquí el texto es más denso que en “Romeo y Julieta” y se producen algunos pequeños altibajos en la narración cinematográfica. Pero la actuación de Ethan Hawke, que tiene un excelente antecedente en “La sociedad de los poetas muertos” entre otros filmes, cumple con el objetivo de recrear a Shakespeare sin ahorrar pasión, dolor, temor, capacidad de venganza. Y el cine posibilita que estos sentimientos cobren vida. “Ser o no ser- Hamlet” es una gran película con grandes actuaciones. Tiene solo algo en contra: la visión de los ortodoxos contrapuesta a la visión de los “aggionardos”.

Elsa Bragato


“SER O NO SER” – “HAMLET"
Título: “Shakespeare asesinado”

Reproduciendo literalmente el léxico de la obra “Hamlet” (drama en cinco actos -1601-) de William Shakespeare (1564-1616), se intenta extrapolarla a la megápolis de New York en el año 2000. Michael Almereyda, el director, (brillante en su film “Najda”, 1995), comete o perpetra en su conjunto torpeza tras torpeza de manera acabadamente simétrica (en el sentido más perjudicial del vocablo).

Vano esfuerzo e inexplicable proyecto que procura reunir un texto inmortal y abarcativo de las conductas humanas a través de los tiempos fusionados con la civilización post-modernista. Ejemplo: hay una fallida conjunción del teatro isabelino con monitores, utilizados como relato paralelo, cámaras digitales de última generación, celulares, computadoras, fax, etc.

Sujeta al texto y en consecuencia morosa narrativamente, se ignora la puesta en escena cinematográfica, es inverosímil: la imagen del padre de Hamlet se desvanece en una máquina expendedora de gaseosas, (chivos de por medio, agréguese una conocida marca líder de cigarrillos). El mismo Hamlet (Ethan Hawke) recita el famoso monólogo dentro de un local con góndolas de una blockbuster de videos, o el colmo del absurdo: se dirime un duelo a través de la esgrima en la terraza de un rascacielos de N. York, se utilizan nombres como Alertes, Hamlet, Gertrudis, Polonia, desprovistos de credibilidad, es el traslado de un drama que acontece en Dinamarca a una empresa de la gran ciudad citada, y se usan expresiones obsoletas tales como: “Mi Rey”, “Mi Príncipe”, etc.

Declamada, necia, inviable, extemporánea, teatral, kitch: Michael Almereyda figurará con este trabajo entre las 43 versiones de la obra llevadas al cine, como una de las más inapropiadas.

Si Ud. conoce escasamente el texto, léalo, vea alguna puesta teatral, o revisite dos films logrados: los Hamlet de L. Olivier o K. Branagh, entre otros.

La película “Con el ánimo de amar” (Wong Kar-Wai) nos da una lección perfecta de cómo el estilo supera a la estilización, la estética al esteticismo, (estos valores primordiales están subvertidos en el film “Ser o no ser”). El director-adaptador confunde el sendero para lograr una fórmula equilibrada -que está ausente-, entre esta obra sin tiempo y su concepción plasmada en esta era.

Su resolución no es satisfactoria.

Los 384 años (de la muerte de W. Shakespeare –al momento de ser rodada esta película), no le alcanzarán a M. Almereyda para hacer admisión de su mayúsculo error y desatino.

Raúl Valls

  


SER O NO SER

Hamlet

Michel Almereyda ha transportado a Hamlet al año 2000. Su primer acierto (descontando la apuesta a un Hamlet atípico por donde se lo mire) ha sido respetar en lo posible el texto de Shakespeare y dedicarse a lo que él sabe: las imágenes. Para cada escenario y lugar de la obra clásica en Dinamarca ha encontrado un rotundo y poderosísimo equivalente contemporáneo en Nueva York. Así, la plaza donde Hamlet se encuentra con sus amigos es una disco en la contemporaneidad del filme de Almeryda;  el arma que el principe lleva siempre consigo (la espada) es una cámara digital. Y hay más. El castillo que habita Hamlet es un rascacielos, el reino que le han arrebatado a su padre es una corporación multimedia -¿existe algo más definitorio de nuestra época que esto?- mientras que otros escenarios son una lavandería automática, un restaurante y la habitación de un  hotel. También al andar de un lugar a otro Hamlet pasa frente a las rimbombantes vidrieras de un hipermercado, otro signo de nuestro tiempo, si los hay.

Pero a la vez,  la pasión, el engaño y la ambición de poder, en la puesta de Almereyda son las mismas que vislumbró el clásico.

Un memorable momento del filme es, sin duda, el paradigmático monólogo donde Hamlet se cuestiona sobre las razones de la vida –el famoso to be or not to be- entre las góndolas de un Blockbuster.

La música tiene, también, un papel preponderante y acorde con la excentricidad general del filme. Se mezclan ritmos electrónicos y música clásica. Arreglos sobre obras de  Tchaicovsky y Liszt forman parte de la banda del filme pero también hay un tema de Nick Cave.

Esta combinación de imágenes contemporáneas y texto clásico es toda una originalidad del director de Nadja y hay que reconocer que se arriesgaba al ridículo, pero sale airoso.  Su adaptación es buena y muy buena porque no deforma ni trivializa el espíritu del clásico de Shakespeare.

Gustavo Camps 

 

 
 

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