SCARY
MOVIE 2, UNA PELÍCULA DE TERROR
Dirección:
Keenen Wayans, Guión: Wayns, Marlon Wayans,
fouse, Grabiansky, Polsky, Snowden, Craig
Wayans; Fotografía. Seteven Bernstein;
Montaje: Peter Teschner, Richard Pearson.
Elenco: James Wood, Andy Richter, Anna Faris,
Marlon Wayans, Chris Maasterson, Shawn
Wayans, James Debello, Regina Hall, Tori
Spelling, Tim Curry, entre otros. Producción
de Miramax international, Dimension Films, A
Wayans Bros Entertainment, Gold Miller, Brad
Grey Pictures. Presenta Walt Disney Pictures
(Buena Vista).
MAL
GUSTO EN SU MÁXIMA EXPRESION
Los
hermanos Wayans son populares en los Estados
Unidos por sus guiones humorísticos que
llevaron a la pantalla por segunda vez a
través de esta impiadosa saga denominada
Scary Movie 2. Impiadosa con los
espectadores, con el buen gusto, con el
humor genuino, con lo que debe entenderse
como película cómica. Afectos a parodiar a
los filmes que han marcado un hito en el
terror desde la pantalla grande, aquí la
emprenden con la remanida “El exorcista”
( hemos visto este año una versión
“completa” con poco más de 10 minutos
que fueron censurados en su versión
original, 30 años atrás), escupitajos
entre sacerdotes, un remedo de Linda Blair,
un James Wood que no logra convencer a nadie
ni como el sacerdote anciano que viene a
redimir a la poseída ni como este actor que
intenta hacer comicidad desde lo peor de sí
mismo, y de los guionistas, por supuesto.
Siguen los Wayans con otros clásicos, a
manera de gags enganchados, cuyo único hilo
conductor es el del grupo de estudiantes
reunidos en la mansión del terror por un
profesor que quiere experimentar con ellos.
Lo demás es absolutamente olvidable, si no
se ha tenido la mala fortuna de ir al cine y
gastar en una entrada. Si se ve el film, lo
más probable es que uno quede con un fuerte
asco en el estómago y en el alma. Más
procacidad y mal gusto, más escatología y
efectos desagradables juntos no reconocen
antecedente cercano en ningún medio
audiovisual.
Esto,
de por sí, es un mérito de los Wayans, que
dan rienda suelta a una modalidad muy “sui
generis” del cine bizarro, recargado de
explosiones de sangre, de semen, de heces,
de vísceras, de discriminación entre razas,
de burlas a discapacitados (un paralítico
le dice a una bella joven que se quede al
pie de la escalera, que él subirá (sic) y
lo hace arrastrándose por los escalones),
de burla y discriminación de animales (loros
y gatos preparados para hacer un film
porno), y todo lo que uno quiera imaginarse
dentro del mal gusto extremo.
La
risa aflora entre los espectadores
desprevenidos, la inmensa mayoría, porque
no queda más remedio: o se ríe o le puede
pasar algo poco elegante en el medio de una
platea... Para que no queden dudas de que la
marca Wayans va “impresa en el orillo”,
allí está Marlon Wayans como uno de los
atribulados estudiantes a cargo de uno de
los roles. Siete guionistas se necesitaron
para este desaguisado. Una pérdida de
tiempo y de dinero que ni siquiera en los
Estados Unidos podrá recuperarse. “¿Y dónde
está el piloto?” y “La pistola desnuda”
son antecedentes de este tipo de humor que
aquí tiene su máxima expresión escatológica.
No es un film malo: es inaceptable.
Elsa
Bragato
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