Título: Planeta
Rojo
Producción:
Mark Canton
Guión: Jonathan Lemkin, Channing Gibson
Fotografía:
Peter Suschitzky
Escenografía: Owen Paterson
Montaje: Robert Lambert, Dallas Pret
Música: Graeme Revell
Elenco:
Val Kilmer, Carrie-Anne Moss, Benjamín Bratt, Simon Baker, Terence
Stamp.
NI
CHICHA NI LIMONADA
Una
combinación de ciencia ficción y romance es el cóctel elegido por el
director Anthony Hoffman para realizar esta película que está ubicada
en el año 2050, cuando la tierra está a punto de colapsar por falta de
oxígeno y otros males causados por el hombre a la naturaleza. Con mente
previsora, un grupo de científicos había lanzado el Proyecto Mars
Terraforming, en un sector del planeta Marte, plantando algas y creando
así una quasiatmósfera propicia para un eventual desplazamiento de la
raza humana. De pronto se dejan de recibir señales y se decide enviar a
un grupo de científicos, encabezados por una bella comandante. La nave,
no sin problemas, llega, la comandante envía a la tripulación en un módulo,
mientras los espera en el espacio. El grupo de científicos logra ubicar
la zona de algas, en medio de un imponente desierto rojo, y comprueba,
no sin padecimientos físicos, que se puede respirar sin casco. La
suerte los abandona a casi todos cuando deben enfrentarse a algo
desconocido que se alimenta de las algas y de todo lo que encuentra a su
paso. Cuando la comandante ya tiene cuenta regresiva para volver a la
Tierra, el científico que es su amante entra en estado de shock, las
fuerzas lo abandonan, piensa en quué extraño es morir en Marte. Pero
repentinamente supera este estado. Es así como, con el valiente aporte
de la comandante, y un par de muestras de lo encontrado en la zona de
algas, ambos se reencuentran en un espacio sin gravedad, volviendo a la
Tierra.
La
realización tiene varios pecados notables: uno, si bien se recrea un
paisaje desconocido como el del planeta Marte en base a fotografías de
la NASA, existe la sensación de estar frente a una maqueta que, en
determinados momentos, se transforma en decorado adecuado para las
actuaciones con primeros planos. Otro, la previsiblidad del final que,
si bien no está mal el “happy end” (no todo tiene que ser tragedia),
le quita fuerza a la historia de ciencia ficción. Además, los efectos
especiales, que, en películas de este género, son bien recibidos, aquí
son por demás escasos. Por lo que se transita por una narración bucólica,
parsimoniosa, sin la adrenalina que significa llegar a otro planeta, ¡suponemos!,
y estar expuestos a las furias cósmicas. Es cierto que muchas veces nos
quejamos de los efectos especiales, pero en films de esta naturaleza están
más que justificados, y dejarlos de lado para emprender un relato
pseudoromántico desvalorizan el producto. Nadie sabe cómo puede amarse
en el planeta Marte o demostrarse el amor entre una nave madre y un módulo.
Por eso, hubiese sido mejor meterle mano a todos los recursos técnicos
que Hollywood tiene y hacer una película de ciencia ficción con todo,
como se debe.
Elsa
Bragato
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