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PEARL HARBOR


Título: Pearl Harbor
Dirección: Michael Bay
Guión: Randall Wallace
Fotografía: John Schwartzman, ASC
Producción: Nigel Phelps
Montaje: Lebenzon, rosenblum, Goldblatt
Efectos Visuales: Eric Brevig
Música: Kathy Nelson
Elenco: Ben Affleck, Josh Hartnett, Kate Beckinsale, William lee Scott, Greg Zola, Alec Baldwin, Jon Voight, Cuba Gooding Jr, entre otros.

TITULO ENGAÑOSO

Tres horas de película, luego de la posproducción, le quedaron listas para exhibir al realizador Michael Bay sobre el ataque japonés a la base de la marina norteamericana de Hawai, Pearl Harbor, ocurrido el domingo 7 de diciembre de 1941 al amanecer. La primera hora y media está dedicada al amor que surge entre Rafe McCawley y Evelyn Jonson, en una bucólica Hawai, y la amistad desde la infancia entre Rafe y Danny Walker. Le siguen media hora con el ataque japonés a Pearl Harbor, casi 45 minutos de preparativos y realización del Ataque Doolittle y los minutos restantes, para la conclusión, previsible. Por primera vez, los japoneses no quedan mal parados. No son los malos que, de todas formas, morirán a manos de los norteamericanos. Aquí se muestra una de las caras que desencadenó la inclusión de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y es el embargo petrolero que sufría Japón por lo que su alianza con la Alemania de Hitler peligraba, y mucho más aún sus temibles incursiones en diferentes países de Oriente, de lo que no se dice nada. No se cuenta tampoco el ataque que el país nipón concretó en una ciudad norteamericana, de la que existen fehacientes documentales, muriendo varios civiles. Este impresionante marco bélico-amoroso sirve de introducción, en realidad, para el Ataque Doolittle, que marcó la primera victoria norteamericana en la guerra en forma directa y fue consecuencia del ataque japonés a la base de Hawai. De allí que, tanto el título como las promociones, sean mentirosos: era mejor quedar atrapados en la mítica masacre de Pearl Harbor que dar a conocer, quién sabe con qué repercusión, el Ataque Doolittle, nunca abordado antes por el cine como guión. Pero no menos valioso, como que provocó un cambio en la historia.

Para poder darle verosimilitud al estilo de vida del asentamiento de la marina en Hawai, la producción se puso en contacto con un numeroso grupo de sobrevivientes residentes en San Diego. Así surgen los personajes de Rafe y Danny, de la vida real, que no participaron del Ataque Doolittle pero que, en el film, tal como confesó su realizador, sí, a los efectos de la historia de amor. Así se ve a un importante grupo de marinos que llevan una vida tranquila, que se preparan como militares y salen con las enfermeras. La guerra europea está lejos de ellos. Sin embargo, en el Pentágono se reciben una serie de mensajes japoneses que ponen en duda las afirmaciones de paz del imperio. Los militares norteamericanos saben que están desprotegiendo a la base de Hawai pero, de acuerdo a esta versión, no se resuelven a comunicar nada oficialmente. El presidente Roossevelt (a cargo de un notablemente avejentado John Voigh) es informado de estas “imperfecciones” en los mensajes japoneses y hasta se nombra a la base en Hawai como eventual lugar de ataque, pero nadie hará nada... salvo una hora después de la feroz masacre a Pearl Harbor.

La realización de este ataque es perfecta, incluyendo el estremecimiento y horror que producen imágenes de increíble realismo. Por ejemplo, la escena (computación incluída) del seguimiento de la caída de una bomba sobre uno de los portaaviones y su explosión. Esto es sencillamente impresionante. Así como la tremenda muerte de tantos marineros al darse vuelta los portaaviones y encerrarlos para siempre en las profundas aguas del océano, bajo las implacables balas niponas que no los perdonan ni aún en esta situación límite. Y el rescate de los sobrevivientes en un mar tachonado por cadáveres y moribundos. La segunda escalada bélica, el Ataque Doolittle a Tokio (18 de abril de 1942) es una misión secreta suicida con el objetivo de destruir las fábricas japonesas, sin apoyo desde mar de ninguna nave aliada o norteamericana. No las tienen ya después de Pearl Harbor. El aterrizaje forzoso en la costa china, donde los dos héroes deben sortear a tropas japonesas dispuestas a matar o morir, es también impactante, aunque el guión presenta notables altibajos: aquí no solo se está definiendo un momento histórico sino una relación afectiva.

Las consecuencias del primer contacto bélico entre el film y el espectador se traducen en imágenes conmovedoras: las enfermeras, entre las que está la novia de Rafe, enamorada al mismo tiempo de Danny, tienen su bautismo de horror. Hasta ese momento, solo han colaborado con los médicos en los exámenes de rutina. Ahora se verán obligadas a poner sus manos sobre una arteria abierta para impedir que los soldados se desangren o a utilizar sus ropas para armar torniquetes en medio del espantoso y constante bombardeo japonés. Son inobjetables el esfuerzo de producción como también las escenas bélicas. En cambio, la historia de amor entre Raffe y Evelyn, y Evelyn y Danny, con un final previsible luego de “Doolittle” no resiste mayor análisis: los diálogos son intensamente pesados, ociosos, consabidos. Y desmerecen el esfuerzo que ha significado esta película con tamaña reconstrucción de dos hechos bélicos. Muy por debajo de “El soldado Ryan” y mucho más todavía de “La delgada línea roja”, “Pearl Harbor” podría haber sido una gran película bélica de apoyarse más en las batallas que en la triple relación afectiva, trivial y previsible. Dura una hora más de lo que debiera. No obstante, no es para despreciar... Buena.

Elsa Bragato

 

 
 

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