Título: PAN
Y TULIPANES
Título original: Pane e Tulipani
Director: Silvio Soldini
Guión: Silvio Soldini y Doriana Leondeff
Música: Giovanni Venosta
Fotografía: Luca Bigazzi
Editor: Carlotta Cristiani
Producción: Instituto Luce-Rai, Radiotelevisione Italiana-Monogatari
en coproducción con AMKA films sa Lugano y TSI (Televisione Svizzera
Italiana).
Elenco: Licia Maglietta, Bruno Ganz, Giuseppe Battiston, Marina
Massironi, antonio Catania, entre otros.
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A SER
En
plan de vacaciones con su familia, Rosalba está recorriendo las ruinas
griegas del sur de Italia cuando pide unos minutos para ir al baño de
una estación de servicio. Ni su marido ni sus dos hijos varones reparan
que, al irse el micro, Rosalba no está. Con la ayuda del teléfono
celular se pone en contacto con sus seres queridos y acuerdan dónde
encontrarse y cómo. Su marido la recrimina bien a lo italiano, gritos y
fastidio. Rosalba se queda esperando la vuelta del micro. Pero alguien
se le aparece y le hace repensar su actitud: tal vez no esté mal que se
tome un día de vacaciones reales, sin nadie. Y, haciendo “autostop”,
llega a Venecia. Tiene poca plata, entonces busca trabajo (su pan),
consigue ser ayudante de un viejo anarquista en una florería (los
tulipanes, que jugarán un rol psicológico entre personajes y
espectadores muy conmovedor), alquila un cuartucho, y comienza a aflorar
la personalidad auténtica, la que dejó de lado por brindarse por
entero a sus hijos y su marido que, llegado el caso, no se dieron cuenta
de su ausencia cuando el ómnibus partió. Esta actitud de Rosalba será
vivida, al principio, con estupor por su familia, pero no por eso su
marido dejará de ver a su amante semanal. Pero, la esposa tiene que
estar en la cocina.
La
historia es parecida a otras. Pero está narrada cinematográficamente
con belleza y rotunda alegría en imágenes (Venecia y su vida cotidiana
son una fiesta) y diálogos estupendos además de una excelente actuación
de Licia Maglietta como Rosalba, así como de Bruno Ganz como Fernando.
Hay dos finales, su regreso a la casa o su regreso a la vida auténtica,
en la que Rosalba toca el acordeón como cuando era niña y es
considerada una persona, en un entorno pobre, bien diferente a su casa
en Pecora. Es una comedia auténtica, sin toques dramáticos sino todo
lo contrario: en vez de recurrir a golpes bajos, guionista y director
echan mano del espíritu italiano y le dan una resolución simpática y
alegre a situaciones límites. Para disfrutar.
Elsa
Bragato
Pan
y Tulipanes
Rosalba
perderá accidentalmente el ómnibus que la
lleva de excursión con su familia. A partir
de este hecho, que la aparta de su núcleo,
se producirá en ella un punto de inflexión
que le permitirá descubrir el más puro
ejercicio de su individualidad, sometida
hasta ese momento por una rutina gris e
intrascendente al servicio de su familia.
Luego,
al intentar reencontrarse con su mundo
familiar de referencia, por el contrario, se
dejará llevar paulatinamente
por la emoción milimétrica que paso
a paso le ofrece un itinerario que la
conducirá a Venecia.
A
medida
que la incertidumbre por el incierto
regreso y la sensación de distensión se
incorporan a su vida, Rosalba recuperará su
identidad reprimida hace tiempo y entonces
hará eclosión su verdad.
En
Pan y Tulipanes, el realizador Silvio
Soldini –autor de la historia y del guión
conjuntamente con Doriana Lecadeff –acertadamente
desdeña la valoración moralizante, no
pontifica respecto al tema y da lugar a que
los personajes evolucionen espontáneamente.
Pan
y Tulipanes es una grata comedia naive,
tenue al mismo tiempo que sutil, pulcra y
exenta de torpes groserías.
Licia
Maghetta (Rosalba) efectúa una actuación cálida,
exacta y envolvente en cuanto a su rol. El
brillante Bruno Ganz (Fernando) no es menos
exacto, y su trabajo, además, es escueto y
sobresaliente. Es justo ponderar
favorablemente a todo el reparto que actúa
en sintonía
con ambos protagonistas. Todos son
pintorescos en función de la historia y
este también es un gran merito del filme.
Pan
y tulipanes – título tomado de un slogan
del gremio textil norteamericano de
principios del siglo XX- consigue un
ajustado balance de tres elementos. Primero
el disfrute exento de vulgaridad; luego el
análisis
hábil de situaciones complejas; y
tercero el ritmo narrativo sencillo, fresco,
acompasado y carente de pretensiones.
Raúl
Valls
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