Moulin
Rouge,
amor
en
rojo
2001
Color
EEUU
Dirección:
Baz
Luhrmann
Guión: Baz Luhrmann y Craig Pearce
Montaje:
Jill Bolcock
Dirección Musical: Marius DeVries
Banda
original: Craig Armstrong
Fotografía:
Donald M. McAlpine, ACS, ASC
Diseño de producción: Catherine Martin
Vestuario: Catherine Martín y Angus
Strathie
Elenco: Nicole Kidman, Ewan McGregor, John
Leguizamo, Jim Broadbent, Richard Roxburgh,
Garry McDonald, Jacek Koman, Matthew,
Whittet, Kerry Walker, Caroline O´Connor,
David Wenham
La
condición fundamental de un musical es que
la música, el canto y el baile sean parte
intrínseca de la trama, no meros recursos
para lograr un efecto momentáneo.
En este sentido, Moulin Rouge amor en
rojo, puede ser considerado un musical con
todas las de la ley.
La
trama del filme de Luhrman se corresponde
con una historia romántica y trágica que
transcurre en el 1900, entre un escritor (E.
McGregor) tan pobre como creativo y la
prostituta (N. Kidman) más bella, joven y
deseada del Moulin Rouge, un glamoroso
centro nocturno parisino.
“El
Moulin Rouge fue el equivalente al Estudio
54 de Nueva York a finales de los 70, un
lugar donde los ricos y poderosos podían
mezclarse con los jóvenes, la gente bella y
los indigentes –explicó Craig Pearce,
responsable del guión junto al director, y
agregó-
esa era exactamente la idea que motivó
a Zidler (empresario del Moulin Rouge
encarnado en el filme por Jim Broadbent). Él
construyó un ‘Palacio de la Mujer’
basado en un baile de moda, el can-can, que
era un tipo de strip tease” concluyó.
Sobre
esta idea Luhrman compone una combinación
estrafalaria entre sobrecargados escenarios
de época y coreografías, canciones y
ritmos contemporáneos (decimos Sting,
Bowie, Freddie
Mercury, Madonna, en grupo Kiss pero
también el tanguero Marianito Mores) todo
en una atmósfera irreal, de un París
totalmente imaginario, montado en estudios y
con un cúmulo de efectos especiales
a tal efecto, que hasta incluye al
personaje del
célebre artista galo
Toulouse-Lautrec.
Lo
cierto es que el director logra un filme
verosímil y electrizante, que aunque no
cala demasiado profundo se permite eludir el
estilo hollywoodense
de escenas efectistas demasiado
dramáticas o melosas en extremo que
suele echar por tierra las mejores
intenciones.
Otro
de los recursos del filme es el guiño
permanente a los espectadores, ya sea a través
de un tipo de comicidad directa y pueril,
como por medio de escenografías (el clásico
balcón de Romeo y Julieta), o bien a partir
de situaciones y personajes reconocibles
universalmente, tales como el conflicto
entre el creativo y el
productor (R. Roxburgh
que
en el filme está obsesionado por la
cortesana) o la contracara de la diva (Caroline O´Connor) llena de
envidias y que se regodea con sus sinsabores.
Moulin
Rouge, amor
en rojo es un filme aceptable y mucho
más logrado que la anterior puesta del
director, Romeo y Julieta, pergeñada a
ritmo de video clip sobre el clásico de
Shakespeare.
Gustavo
Camps
MOULIN
ROUGE, AMOR EN ROJO
Dirección:
Baz Luhrmann, Guión: Luhrmann y Craig
Pearce; Fotografía: donal McAlpine; Edición:
Jill Bilcock; Vestuario: Martín-Strathie;
Coreografía: John O’Connell: Banda
Original: Craig Armstrong; Director Musical:
Marius DeVries. Supervisor de 3D: Brett Feeney. Elenco: Nicole
Kidman, Ewan McGregor, John Leguizamo, Kim
Broadbent, Richard Roxburgh, Garry McDonald,
Jacek Koman (“el argentino inconciente”),
entre otros.
UN
MUSICAL MEMORABLE
Una
historia de amor convencional se ve exaltada
por la creatividad de un director que no
escatima en llevar al mayor grado de
complejidad el montaje, los efectos visuales
y el “timing” de la narración
cinematográfica. Bien le vale a “Moulin
Rouge, Amor en Rojo”, haber sido el film
que abriera el último festival de Cannes.
El
realizador Baz Luhrmann se basó en la vida
de un joven escritor londinense, Christian (Ewan
McGregor, “Trainspoitting”), que tiene
todo menos amor, y la más bella cortesana
del famoso Moulin Rouge en 1899, Satine
(Nicole Kidman), cuyo trabajo consiste en
enamorar a los parroquianos millonarios. El
lugar atraviesa una fuerte crisis económica
y su dueño, Zidler (Jim Broadbent) convence
a Satine de que debe
tener una cita especial con el Duque
de Worcester (Richard Roxburgh). Pero los
amigos de Christian, entre quienes está
Toulouse Lautrec, desconociendo los pasos de
Satine, lo convencen para que la noche en
que el Duque tendrá su cita, él esté en
el cabaret y se presente como el escritor de
la futura puesta. Es así como la historia
de los protagonistas se entremezcla con la
puesta ideada por Christian, los posibles
finales se acomodan de manera inesperada a
las circunstancias de los personajes, provocándose
un intenso feed-back con el espectador a
través de escenas glamorosas y de intenso
colorido y “timing”, palabra ésta que
tiene un significado especial en esta película.
Luhrmann
encaró el género musical tomando los
grandes films (“Amor sin barreras”,
“All That Jazz”, “Los hombres las
prefieren rubias”, entre otros) y sus cánones.
También las canciones más famosas del
siglo XX, como “Los diamantes son los
fieles amigos de las chicas”, que
inmortalizara Marilyn Monroe y que aquí
recrea Nicole Kidman con su voz y su propio
encanto sin copiar a la inolvidable diva de
los 50, pasando por “Navidad Blanca”,
“El show debe seguir” (homenaje a Freddy
Mercury), entre tantos otros (incluyendo un
tango). La estética de la propuesta también
busca recuperar el estilo de las hermosas
mujeres de los 40 como la nombrada Monroe y
también Rita Hayword. Nicole Kidman, una
belleza hierática muy del estilo de
Catherine Deneuve, quiebra su propio
paradigma logrando transmitir sensualidad y
emoción.
Para
definirla con mayor precisión, “Moulin
Rouge...” es como un cuento de hadas para
adultos, filmada en estudios australianos
donde se reconstruyó aquel Montmartre del
siglo XIX. El director no intentó ocultar
estas reconstrucciones: por momentos se
tiene la sensación de estar en la ciudad
acartonada de Batman para luego pasar a la
exhuberancia de un show con bellas coristas.
El artificio no es negado sino resaltado, he
aquí el secreto del realizador: la
velocidad de la cámara por una callecita
oscura de París hasta la puerta de ingreso
del Moulin Rouge nos remite a las
presentaciones de las cableras HBO o TNT,
por ejemplo. Todos sabemos que es una
maqueta pero igual nos dejamos encantar por
ese sobrevuelo digital. Por ejemplo, el
altillo donde vive Christian es una
escenografía, no un escenario real, y como
tal es mostrado. Pero está la habilidad en
la fotografía, en el montaje (se trabajó
con maquetas y unidades adicionales en
miniatura), en la rapidez de la computación,
para hacernos vivir esa irrealidad como un
hecho mágico. Con una cámara contemporánea,
muy del Tercer Milenio, con algún resabio
de Lars Von Trier, Luhrmann nos regala una
historia folletinesca, trágica como Romeo y
Julieta, pero profundamente bella en su
concepción cinematográfica. Excelente.
Elsa
Bragato
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