Título:
MALENA
Dirección y Guión: Giuseppe Tornatore
Fotografía: Lajos Koltai
Arte: Francesco Frigeri
Vestuario: Mauricio Millenotti
Montaje: Massimo Quaglia
Música: Ennio Morricone
Producción: Miramax international y Medusa Film
Elenco:
Monica Bellucci, Giuseppe Sulfaro, Luciano Federico, Matilde Piana,
Pietro Notarianni, Gilberto Idone, Gabriella Di Luzio, Pippo Provvidenti,
entre otros.
La
llegada del amor
Identificados
como estamos con la cultura europea y, en especial, con la italiana, la
historia que nos regala Giuseppe Tornatore en “Malena” nos devuelve
una parte de esa identidad atávica, que subsiste en el inconciente
colectivo. En medio de la Segunda Guerra Mundial, en el momento en que
el “Duce” declara la guerra a Francia y Gran Bretaña, un
adolescente de la villa Castelcuto recibe su primera bicicleta, armada
con piezas de diversa procedencia. Con esa bicicleta, se acerca al grupo
de amigos que ya usan pantalones largos y, sin pensarlo, vivirá su
primera y más gloriosa experiencia de amor: junto a sus compañeros ve
pasar a la imponente Malena, una bellísima mujer cuyo marido ha partido
al frente de la guerra en Africa. “Yo tenía 13 años, era a fines de
la primavera de 1941 cuando la vi por primera vez”, dirá “Renato
Amoroso”, el personaje que encarna el debutante Giuseppe Sulfaro,
nacido en el norte de Sicilia. Desde ese encuentro tan casual, comienzan
las ilusiones y los sufrimientos del joven Renato, a quien la pasión lo
consume. Uno de sus traumas es que su padre no le permite usar
pantalones largos siendo objeto de burla entre sus pares. Aquí aparecen
un par de escenas típicamente italianas que nos hacen sonreir e
identificarnos dado que, desde hace tiempo, no las veíamos en la
pantalla grande: el enojo del padre, los bofetones, la ira, el llanto de
la madre, todas escenas bien “tanas”. Sin querer, Renato se
convertirá en un voyeur de la vida de Malena: tanto se habla de ella en
el pueblo, tanto se la difama, que el la seguirá, subirá tapias y
tratará de descubrir su intimidad, algo que le provocará tremendos
ataques de pasión. Un buen día, se anuncia que ha muerto el marido de
Malena en plena lucha por lo que la joven viuda deberá enfrentar el
acoso de los hombres del pueblo y la ira de las esposas, todo lo que la
llevará a la justicia. Un acto de arrojo de Renato, transformado en el
imaginario amante de Malena, logrará salvarla. Renato conocerá el
sufrimiento de crecer, de la sexualidad no correspondida y del amor sin
límites. En un brevísimo relato en “off”, señala, ya como hombre
adulto, que “muchas mujeres me pidieron que las recordara. Jamás las
recordé. Malena nunca me lo pidió. Y a ella jamás la olvidé”.
Técnicamente,
hay momentos diferentes dentro de lo que es el estilo Tornatore, desde
aquella memorable “Cinema Paradiso”: “inserts” en blanco y negro
donde Renato es el valiente que la seduce, a la manera de fragmentos de
diferentes y famosas películas, con la salvedad de que el “actor”
es Renato y la amada, Malena.
Tornatore
reconoce que la singular geografía de la ciudad de Siracusa fue un
elemento a favor para que el film se pudiese concretar tal como lo había
soñado, es decir, dándole espacio real y virtual a las imaginaciones
de Renato y su voyeurismo ingenuo. Al mismo tiempo, se tuvo en cuenta la
epoca de la guerra, la súbita aparición de los aviones de los aliados,
la desesperación del pueblo, los “jeeps” militares obligando a
todos a poner la radio cada vez que el “Duce” hablaba. En medio de
ese caos social, que sirve de gran marco o continente, surge la obsesión
amorosa de Renato que lo lleva a padecer situaciones dada la severidad
castradora de los padres italianos.
Es
una película encantadora, con la inquietante belleza de Monica Bellucci
y la transparente actuación de Giuseppe Sulfaro, además de la geografía
diferente y hermosa de la ciudad de Siracusa. Es, en definitiva, una película
de autor. Y, en estos casos, uno sabe a qué atenerse. En el caso de
Giuseppe Tornatore, es un racconto, él vuelve recurrentemente a las
experiencias que vivió, en este caso, con una narración cinematográfica
menos “rallentada”. Más que recomendable. Como antecedente, si bien
la situación del adolescente y la joven es diferente, recuerde a
“Verano del 42”...
Elsa
Bragato
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