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Título: Los ríos de color púrpura
Título
Original: The Crimson Rivers – Les Rivieres Pourpres
Origen: Francia,
2000
Dirección:
Mathieu Kassovitz
Guión:
Jean Christophe Grangé y Mathieu Kassovitz, basado en la novela de
Grangé.
Diseño de
Producción : Thierry Flamand
Fotografía: Thierry Arbogast.
Montaje:
Marilyne Monthieux.
Música :
Bruno Coulais.
Vestuario:
Sandrine Follet
Intérpretes: Jean Reno, Vincent Cassel, Nadia Farés, Dominique
Sanda, Karim Belkhadda, Jean- Pierre Cassel, Didier Flamand, Francois
Levantal, Francine Bergé, Philippe Nahon.
Duración :
103 minutos.
En
su cuarto largometraje Mathieu Kassovitz logra un thriller atrapante,
con una atmósfera envolvente que combina lo mejor de dos tradiciones.
Por
un lado conserva elementos del polar o cine policial francés, en cuanto
a la descripción de los personajes o al manejo de los tiempos del
relato; por otra parte pretende emular a los policiales americanos con
persecuciones automovilísticas, artes marciales y un suspenso que se
mantiene hasta el final.
Esta
dualidad también la encontramos en los protagonistas, integrantes de la
clásica pareja de policías habitual en este tipo de relatos, desde
Arma Mortal hasta Pecados Capitales ( esta última ha servido de
indudable modelo para Kassovitz). Jean Reno interpreta al comisario
Pierre Niémans, un solitario, especie de leyenda de la fuerza,
respetado y admirado pero no demasiado apreciado por sus colegas. Al
actor de Ronin le bastan el carisma y su presencia para componer a este
hombre metódico, que se impone sin necesidad de utilizar muchas
palabras, continuador del estilo impuesto por Robert Mitchum y Clint
Eastwood. El guión le posibilita apartarse de la figura del policía
infalible, al incorporarle miedos y debilidades. Como los detectives del
film noir, su sistema puede tambalear ante la presencia femenina, aunque
se trate de una deportista sin la seducción de las mujeres fatales de
antaño. En lo cotidiano, el comisario se pasa toda la película sin
poder extraer fuego de su encendedor y exhibe una inexplicable fobia a
los perros.
A
Vincent Cassel le toca el teniente Max Kerkérian, un novato impetuosos,
proclive a la acción y a la pelea ( en la escena con los skinheads, al
actor le rompieron la nariz), que sirve de excelente contrapunto con el
personaje de Reno.
Esta
relación del veterano y el joven, que en este caso no alcanza las
dimensiones de maestro y discípulo, ya había sido explorada por
Kassovitz en su film anterior, Asesino(s), aún inédito en la
Argentina.
Una
serie de asesinatos, una tumba profanada y el robo de una escuela
constituyen el punto de partida para el desarrollo de una trama que
desenvuelve varias ideas atractivas.Es interesante comprobar, en unaépoca
de clonaciones y manipulaciones genéticas, como “Los Ríos Color Púrpura”
agrega otra lectura sobre la ciencia convertida en fanatismo y religión,
lo que le otorga a la película toques de cine fantástico.
Los
protagonistas también deben enfrentarse a la esencia del horror,
manifestado a través del nazismo, como fantasma del pasado y amenaza
del futuro.Este elemento amplía el contexto en el que desarrolla la
historia y le brinda nuevas dimensiones trágicas, de carácter
universal.
Con
un presupuesto de 13 millones de dólares, Kassovitz realiza un notable
trabajo de puesta en escena, en el que sabiamente aprovecha el contraste
entre los espacios cerrados y oscuros del claustro universitario,
especie de castillo gótico en el que se deposita el saber que conduce a
la maldad, y las espectaculares escenas en los Alpes Franceses, donde
predominan el sol y el blanco de las montañas nevadas.
Junto
al excelente duelo interpretativo de Reno y Cassel, la película se ve
jerarquizada por la presencia de Dominique Sanda y de Jean Pierre Cassel,
el padre de Vincent, en dos personajes de breve participación, pero de
incidencia fundamental en la trama.
Leonardo
Martinelli
Hay
que reconocer que con sus escenas espectaculares –artes marciales,
aludes, alpinismo, balaceras, persecuciones a gran velocidad- este
policial francés protagonizado por Jean Reno y Vincent Cassel
entretiene. Aclaremos también que lo de "francés" se refiere
a la nacionalidad de la producción y no al hecho de que podamos
encontrarnos con un característico film noir.
Los
protagonistas -con los tics que manda el manual del género de aventuras
para los héroes- y las escenas de acción –cantadas- muestran desde
el principio que
Mathieu Kassovitz realizó esta puesta con el piloto en automático
y lo adornó con las espectacularidades de las superproducciones
justamente para recrear el clima altisonante y lleno de exotismo de
muchas películas de aventuras.
La
acción transcurre en una elitista universidad para genios que se
levanta en medio de los Alpes. Allí un asesino serial convoca la atención
de un peso pesado de la criminología (J Reno), poco afecto a los perros,
que pronto cruzará su trabajo con un oficial de la policía local (V.
Cassel) que investiga el robo a la biblioteca del pueblo.
Es
obvio que el asesino forma parte de esa pequeña y selecta comunidad.
Ambos policías, entonces, para desenmascarar al criminal tendrán que
lidiar con los académicos y los escasos pobladores no universitarios
del pueblo. Ríos de color púrpura nos demuestra que no sólo Hollywood
está en condiciones de hacer superproducciones lo cual, particularmente,
no le agrega ni le quita al filme de Kassovitz.
Si
lo que Ud.
busca es un rato de esparcimiento sin muchas pretensiones –muchos
filmes de aventuras se realizan justamente para esto-
entonces ha dado con la película
indicada.
Gustavo
Camps
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