Los ángeles de Charlie (Charlie’s
Angels, EE.UU. –2000).
Dirección: McG.
Producción: Drew Barrymore, Leonard Goldberg, Nancy Juvonen.
Guión: Ryan Rowe & Ed Solomon y John August.
Fotografía: Russell Carpenter
Montaje: Wayne Wahrman
Música original: Edward
Shearmur. Vestuario: Joseph
G. Aulisi .
Coreografías kung-fu: Cheung Ya-Yen.
Con
Cameron Díaz, Drew Barrymore, Lucy Liu, Bill Murray, Sam Rockwell,
Tim Curry, Kelly Lynch, Crispin Glover, Tom Green, Matt Le Blanc, LL
Cool J, Luke Wilson, Sean Whalen y la voz de John Forsythe.
Los ángeles de
Charlie, la película.
UN
HÍBRIDO DE LOS BUENOS
Por Ezequiel Luka
En
una época en la que Hollywood acusa cada vez, no sólo su falta de
nuevas ideas sino también una inusitada ineficacia para contar
historias, la tendencia a refritar series televisivas de décadas
pasadas que se impuso en los últimos años no debió sorprender a nadie.
Batman, The Brady
Bunch, Los vengadores,
Misión: Imposible,
Perdidos en el espacio, Mi marciano favorito, Jim West, Maverick, El
fugitivo, El santo, Los Beverly Ricos y Los
locos Addams, entre otros ejemplos, han encontrado
en los ’90 su/s versión/es cinematográfica/s, dejando ver en
buena parte de los casos que los proyectos habían ido a parar a las manos equivocadas. En una época en que la moda retro
hizo resurgir de sus cenizas la música disco
–que hoy tiene su momento obligado en casi toda noche de boliche-,
tampoco debería sorprender a nadie que le haya llegado el turno a Los
ángeles de Charlie, uno de los mayores íconos de esa era que murió
con el comienzo de los ’80.
La
transposición a la pantalla grande suponía un problema básico: ¿Cómo
hacer una película atractiva sobre una serie cuyo argumento resulta hoy
risible y cuyo elemento fundamental consistía en los peinados de las
chicas, sin resignar del todo el espíritu del original?
POWER
GIRLS
Los
ángeles de Charlie es
claramente una película de acción. Así como sucediera en la reciente MI:2,
el guión se ocupa de establecer rápidamente los elementos
fundamentales de una historia simple
y efectiva (por la que pasaron ¡diecisiete guionistas!) para
dejarle el lugar de inmediato a una sucesión de escenas de acción a
todo trapo en las que las heroínas Cameron Diaz (Nathalie), Drew
Barrymore (Dylan) y Lucy Liu (Alex)
nunca dejan de lucirse. Como Farrah Fawcett, Kate Jackson y
Jacklyn Smith (quienes rechazaron cameos en la película), estas bellas
mujeres dejan ver una inagotable galería de peinados y vestuarios,
aunque a diferencia de aquellas cuentan con una temible fuerza y
destreza física, además de ser mucho más inteligentes (como en una
oportunidad le sucede a Dylan, sólo se las puede engañar a través del
corazón). Lo que no cambia, por supuesto, es ese clima tipo “las
chicas sólo quieren divertirse”.
El
contrapunto masculino es Bosley, mano derecha del misterioso Charlie,
interpretado por un Bill Murray que siempre divierte a pesar de que el
guión por momentos lo desaprovecha. La misión que debe cumplir el
cuarteto es bastante similar a las que nutrían la trama de la serie: un
joven empresario (Sam Rockwell) fue secuestrado y con él un avanzado
sistema de seguridad satelital que reconoce a las personas por la voz.
La que encarga el trabajo es su socia Kelly Lynch, que se pasea
enfundada en cuero dejando bien clarito que los años no la han afectado.
Como en cualquier action thriller, las cartas se van dando vuelta hasta tejer una
intriga que, tras poner en riesgo a los bonitos ángeles, llega a
amenzar la vida del propio Charlie, cuya voz aquí pertenece al mismo
John Forsythe del original.
Si
la historia tiene una sencillez casi elemental es porque la película
apuesta al constante impacto visual como complemento de las carismáticas
criaturas celestiales. Es sorprendente que Los
ángeles de Charlie
sea el primer largometraje de McG –o Joseph McGinty Nichol-, director
proveniente del videoclip (Pretty fly (for
a white guy) de The Offspring, Every
morning de Sugar Ray, entre otros) cuyo virtuosismo le augura un
promisorio futuro en Hollywood. Es cierto que hay mucho de The
Matrix (cuyo
coreógrafo hongkonés Cheung Ya-Yen se hizo cargo del baile aquí) en
esos fabulosos ballets aéreos de piñas y patadas con aspecto de video-game,
pero la semilla original debe buscarse en el wuxiapan (cine chino de artes marciales) que tan fuerte –por
suerte- ha pegado en diversas películas de acción recientes. No cabe
duda de que McG ha visto Tong fong sang hop / Donfang
sanxia (1992,
dirigida por ChingSiu-Tung y Johnny To, mejor conocida como El
trío heroíco),
film celebrado en Occidente en el que las stars
chinas Maggie Cheung, Michelle Yeoh y Anita Mui volaban a los golpes
combatiendo crímenes de los más oscuros. Como prueba basta la escena
en la que las muchachas le propinan una importante cantidad de sopapos
al pobre Crispin Glover en un sombrío callejón mientras se deshacen de
prendas que estorban su agilidad, tal como hicieran las divas chinas en
aquella película.
DISCO
BABY DISCO
Para
quienes apenas pasamos los veinte, la era disco
es sinónimo de un pintoresco anacronismo. Si bien su música ha
recuperado un poco su presencia e incluso ha sido revisada por algunos
artistas -como otros sonidos de los ’70 y ’80-, sería muy gracioso
encontrarse hoy con alguno de esos peinados batidos o pantalones de raso
plateado en algún local nocturno. La película tiene muy en cuenta esta
punta (acaso porque en EE.UU. la mayoría del público de las
superproducciones es adolescente) y, como sucediera en la versión
cinematográfica de The Brady
Bunch, la explota al punto de la autoparodia con resultados
excelentes y muy graciosos. En un marco de una modernidad tecnológica
casi obscena en el que los ángeles se comunican mediante micrófonos
que se insertan en sus muelas y auriculares perdidos en alguna parte del
oído, el intercomunicador a través del cual reciben la voz de Charlie
sigue siendo el mismo aparatito blanco de aspecto analógico. Cuando
Cameron Diaz va de marcha a un boliche hip-hop/soul
y es elegida para bailar en el escenario por ser la más linda, sus
increíbles pasos setentosos dejan
atónita a una concurrencia que sólo por unos minutos puede evitar
contagiarse de la disco fever.
Estas
referencias a la serie y a su tiempo no se agotan en esos guiños que
buscan –y consiguen- la complicidad del espectador, sino que llegan
hasta la propia narrativa de la película, que en algunas oportunidades
utiliza recursos “envejecidos”, como la pantalla dividida que
ilustra distintas escenas simultáneas. El híbrido que se genera es
irresistible y a él se suma el eclecticismo de una banda de sonido
ostentosamente cara (Michael Jackson, Aerosmith, Korn, Fatboy Slim,
Marvin Gaye, Motley Crue, Heart, Rod Stewart, Blur –en una de las
mejores escenas de la película, en la que la también productora Drew
Barrymore les da para que tengan a unos cuantos villanos-, y sigue la
lista) en la que la única cuota contemporánea a la serie viene –no
por casualidad- de la mano de los Pizzicatto Five, fabuloso grupo japonés
que fusiona el disco de los
’70 con los consabidos sonidos electrónicos de hoy.
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