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Título: “LA
SOMBRA DEL VAMPIRO”
Título original: Shadow
of the vampire
Dirección: E.
Elias mehrige
Guionista:
Steven Katz
Editor: Chris Wyatt
Música: Dan
Jones
Elenco:
John Malkovich, Willem Davoe, Cary Elwes, John Alden Gillet, Eddie
Izzard, Ud Kier,Catherine McCormack, Ronan Vibert.
Un
vampiro ejemplar
Partiendo
de la mítica filmación de F.W. Murnau, uno de los tres grandes
directores del expresionismo alemán, de “Nosferatu”, que realizó
en 1921, “La sombra del vampiro” recrea aquel rodaje llevando al límite
las exigencias del realizador que buscaba la mayor veracidad en sus
relatos cinematográficos.
Pocas
veces, en los últimos tiempos, se puede disfrutar de una película con
el tiempo justo, es decir, con un trabajo de montaje y de fotografía
tan amalgamos, tan precisos, lo que evita el tedio, las escenas morosas
y el aburrimiento en el espectador.
“La
sombra del vampiro” tiene a John Malkovich como el director Murnau y
valiéndose de esta identidad real revive a su equipo de filmación y
las peripecias en la realización de “Nosferatu”, uno de los grandes
éxitos del expresionismo alemán. El personaje de Willem Dafoe como el
supuesto actor Max Shreck y en verdad el Conde Orlock nos conduce al
vampiro tan buscado por Murnau y, obviamente, por el director E. Elias
Mehrige, a cargo de esta inusual y atractiva versión.
Según
“La sombra...”, Murnau entró en tratativas con un personaje
siniestro, no sin dejos de humor con diálogos breves e irónicos, que
habita en una casa de campo (el campo fue uno de los temas que más
atrajeron a Murnau en la vida real). Hasta allí hace trasladar a todo
su equipo, habiendo pactado algo que solo se descubrirá al final. La
bella Greta es la artista preferida de Murnau, prefiere quedarse en Berlín
para hacer teatro, pero el director la convence para que sea la
protagonista de “Nosferatu”. Claro, su compañero de rubro será el
horrible Conde Orlock.
Aquí
se asiste a algo poco frecuente: a una filmación de una película muda,
a cómo el director le va indicando al actor lo que debe ir sintiendo
frente a cámaras, por lo que ya “La sombra...” tiene a su favor el
descubrirnos un aspecto poco trajinado por el cine. Luego viene un
aspecto técnico que le da una calidad y una veracidad al film hasta
ahora no vista ni disfrutada: cuando Murnau hace los preparativos,
acomoda a los actores en el escenario a rodar, el film es en colores.
Cuando enciende su cámara, pasa al blanco y negro con los rayones típicos
de una vieja película muda. El pase de color a blanco y negro es uno de
los momentos mágicos para el espectador y un verdadero logro para el
director Mehrige.
La
tensión va creciendo a medida de que el Conde Orlock siente una
irrefrenable necesidad de alimentarse. Es así como van desapareciendo
ante el obsesivo Murnau sus compañeros de tarea. El plato final es
Greta y una inesperada puerta que se abre y da una luz tan brillante que
tendrá un efecto decisivo en el conde-actor. Aún así, en medio de cadáveres,
Murnau toma la cámara y filma hasta el final. El Conde Orlock se
alimentará pero también tendrá “su merecido”.
“La
sombra del vampiro” es una de las grandes películas de los últimos
tiempos. Desde la actuación hasta la dirección de arte pasando por la
fotografía y la dirección actoral sin olvidarnos de la ambientación.
Además, tiene un elemento a favor que se ha dejado de lado: la duración,
93 minutos, sin escenas demás. No se la pierda.
Elsa
Bragato
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