DOS
MUJERES EN APUROS
Una
bella mujer cuarentona viene sobreviviendo a costa de hombres ingenuos
pero ricos a quienes logra arrancarles el “sí” ante la ley y, con
argucias, no concretar la primera noche nupcial lo que deviene en un
inmediato divorcio con la consiguiente división de bienes. Su estafa
moral y económica le ha hecho perder los límites: a su hija
adolescente, Page (Jennifer Love Hewitt) la transforma en su socia,
siendo la encargada de acosar a los maridos y así dar pie a su madre a
que aparezca, los encuentre en una situación sin explicación y el
divorcio sea una cuestión de horas. Interpretada por Sigourney Weaver,
“Max Conners” es una inescrupulosa mujer que no ha pensado que algún
día su perfecto plan de vida se verá trastocado por el enamoramiento
de su hija de uno de los acosados. Gene Hackman compone a uno de los
personajes principales, el millonario William B. Tensy, tabacalero, para
lo cual el actor, que no fuma, debió someterse a largas horas de
maquillaje para envejecerse y poner amarillos sus dientes, por ejemplo.
Anne Bancroft está en el rol de Gloria Vogal, la veterana amiga de Max
con quien pergeña cada matrimonio y cómo desheredar a su hija, hasta
que ésta se da cuenta, mientras que Ray Liotta (recientemente lo vimos
en Hannibal) es el penúltimo marido de Max, el que no está dispuesto a
que las cosas queden así porque realmente la ama. Y a quien no le queda
más remedio que secundarla en el acoso de la joven hija al dueño de un
pub (a cargo de Jason Lee) en Palm Beach, quien termina enamorándola.
Filmada
en diversas locaciones, incluyendo suntuosos hoteles, el film transita
por el humor y el sarcasmo de manera muy ligera. Se notan algunos
desniveles en el guión, momentos en los que la comedia deja paso a
cierto patetismo en los personajes (exagerado “make-up” en el rostro
de Sigourney Waver y primeros planos que no la benefician). Hackman
reaparece muy diferente al que conocemos. Lejos de la acción o de la
investigación policial, se pone en la piel de un viejo decadente por su
forma de vivir. Es un gran actor y logra convencernos de que este
Hackman millonario es real. En el caso de Waver, el tono de comedia
ligera no es el que mejor le sienta a sus características histriónicas.
No obstante, la propuesta es diferente a las comedias trilladas
norteamericanas, si bien no deja de tener el almibarado romance y el
“mea culpa” correspondiente a todo “happy end”, con una vuelta
de tuerca muy frecuentada por el cine, que no deja de ser simpática.
Buena.
Elsa
Bragato
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