EEUU
2001, 98'
Dirección: Simon West
Elenco: Angelina Jolie, Jon Voight, Iain
Glen
Primero
invadieron la televisión y ahora le
corresponde al cine soportar la detestable
inclusión de los videojuegos interactivos
en su hábitat. Porque Lara Croft: Tomb
Raider no es más que un engendro de esta
invasión.
En
este filme los escritores del libro y los
guionistas, cinco en total, poseen menos
talento creativo que una roca. Las
actuaciones tampoco se quedan atrás en
cuanto a la mediocridad general, porque como
si fuera un estigma de este tipo de
producciones, para los actores principales
actuar aquí significa meramente ejercitar
una sistemática sonrisa vana y ridículamente
autosuficiente. Todas las star, además, sin
excepción, manifiestan una absurda y torpe
conducta asexuada, más limitada e
inexistente que la que puede expresar un
meteorito.
Estos
filmes se
reducen a competir en un deplorable torneo
de efectos especiales, para ver cual supera
a los anteriores en esta clase de ingenio de
pacotilla, que está en los antípodas del
arte cinematográfico.
Pero
no desesperen los lectores porque siempre
hay, algo
así, como un argumento. En esta ocasión,
el subterfugio progresivamente más limitado
e inverosímil de este subproducto es que la
recia heroína encuentre las dos mitades de
una antigua pieza
enterrada en el tiempo y el espacio.
Cuando la obtenga logrará el mayor de los
poderes. Tanta originalidad abruma ¿No lo
comparten queridos internautas?
A
los productores les podemos hacer una
sugerencia para cuando tengan que invertir
en la
secuela que ineluctablemente vendrá.
Estimados: contraten para la realización a
Hal 9000 y como autores de la idea a un
equipo de amebas. Con eso bastará y ahorrarán
plata, se los aseguro.
Dijo
una vez Robert Bresson: “He visto películas
en las que todo se agita y son lentas. He
visto películas en las que nada se mueve y
son rápidas. El movimiento de las imágenes
es insuficiente para modificar la lentitud
interior. Sólo los nudos que se enlazan y
desenlazan en el interior de los personajes
dan al film su verdadero movimiento”.
Pero claro, el maestro Bresson hablaba de
cine, nada
que ver con esto que según los créditos
dirigió Simon West.
Raúl
Valls
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