LADRONES
DE MEDIO PELO (Small time crooks)
Director
y guión: Woody Allen, Fotografía: Zhao Fei,
Editor: Alisa Lepselter. Elenco:
Woody Allen, Tracey Ullman, Hugh Grant,
Michael Rapaport, Tony Darrow, Carolyn
Saxon, entre otros. Producción
de Sweetland Films, Jean Doumaman.
Distribuye DreamWorks SKG en los Estados
Unidos, y Eurocine S.A. en la Argentina.
ENCANTO
DEL “MEDIO PELO” EN MANOS DE WOODY ALLEN
Woody
Allen nos regala, en esta oportunidad, una
comedia pequeña, ceñida a los cánones más
tradicionales, sin artilugios de ningún
tipo, ni la grandeza de “La Rosa Púrpura
del Cairo” o “Hannah y sus hermanas”.
Sin embargo, es un “Allen auténtico”,
en el que famoso director actúa sin
escatimar su casi balbuceo típico, su
timidez y su tozudez, características éstas
propias de que vida personal. Aquí llega
masivamente. Incluye todos los clishés de
los policiales tradicionales como abrir el
film con una toma nada excepcional pero que
marcará el ritmo: Allen-Ray tiene su rostro
tapado con el diario Daily News sentado en
un banco que da justo frente a un... Banco.
Vive
una vida modesta como ex convicto y es
mantenido por su mujer, lavaplatos, con lo
que se van defendiendo. Pero mantiene a su
grupo de amigos ex convictos como él y
siempre anda planeando algo que lo saque de
la rutina y de la pobreza, o, en todo caso,
de esa vida sin mayores esperanzas común a
la mayoría de los mortales. Se reúne con
sus compinches, analizan la posibilidad de
llegar al banco cavando un túnel, pero
antes deben comprar el negocio cercano que
está en venta. Y comienza aquí una comedia
de ribetes insólitos, donde a Ray nada le
sale bien, en todo caso, las cosas le salen
al revés. La fachada será la venta de las
“cookies” que prepara su mujer y el
ruido del negocio, supuestamente, “tapará”,
los ruidos del sótano donde intentan cavar
el túnel para llegar al banco. Lo que no
tiene en cuenta Ray es que la venta de
galletitas se convierte en un “boom” y
su mujer y hasta èl se ven rodeados de
admiradores y cámaras de televisión. Ahora
le llueven millones de dólares, tiene una fábrica,
y ha podido comprarle a su mujer un piso que
ella decora con un gusto pésimo, propio de
lo que suele llamarse “nuevos ricos”. Y
la relaciona con un hombre que sabe de
negocios y que puede ser su “Pigmalión”,
transformando los rudos modales de Frenchy
en los de una dama.
Para
los seguidores de Allen, que el director,
guionista y actor emita una sola frase ya es
suficiente para sentirse “salvados”.
Para el resto de los espectadores, es una
buena comedia, muy bien realizada, sin
artificios técnicos y sin un diálogo que
intente redimirnos de la vida y de la muerte.
En todo caso, plantea la inquietud, desde la
óptica de la comicidad absurda, de cómo
dejar de ser considerados mediocres en una
sociedad armada a gusto y “piacere” de
los que más tienen. Una historia común
para gente común. Y, siendo de Woody Allen,
es en sí mismo otro “clásico”: algo
diferente. En esto reside su genialidad, con
la que pudo abarcar todas las expresiones
que quiso en el cine, desde loar a su Nueva
York amada, hasta crear innovadoras formas
de expresión en el cine. Muy buena.
Elsa
Bragato
LADRONES
DE MEDIO PELO
Small
Time Crooks,
EE.UU.- 2000
Dirigida por Woody Allen.
Con Woody Allen y Tracey Ullman.
Simple
y pequeño
Comedia
de gags
y one-liners
tan simples como los personajes que la
transitan, Ladrones
de medio pelo hace clara referencia a
otros films con criminales de baja estofa
como Los
desconocidos de siempre (Mario Monicelli
- 1958), La
jungla de asfalto (John Huston -1950) o Rififi
(Jules Dassin -1955). Woody Allen interpreta
esta vez a Ray Winkler, un perdedor
absoluto que, luego de dos años tras
las rejas debido a un atraco fallido (sus
compañeros de celda lo llamaban irónicamente
"El cerebro", aunque él no se lo
toma en broma) y trabajando hoy como
lavaplatos, tiene la brillante idea de robar
un banco para pasar a una vida mejor junto a
su esposa Frenchy (la inglesa Tracey Ullman,
probablemente lo mejor de la película).
Para tal fin, el matrimonio deberá invertir
sus ahorros en el alquiler de un local a
través de cuyo sótano, túnel a cavar
mediante, podrán acceder a los preciados
billetes. Hasta aquí, uno intuye un
desarrollo similar al de otras "comedias
policiales" del propio Allen - como Misterioso
asesinato en Manhattan (1993) o la
temprana Robó, huyó y lo pescaron (1969)- e incluso teme que el material se
agote demasiado pronto. Pero si algo se
espera del cine de Woody es calidad y
sorpresas y, como lo viene haciendo durante
las últimas tres décadas, el hombre
siempre cumple.
Previsiblemente
el plan de Ray y los incompetentes que lo
secundan está destinado al fracaso pero es
más difícil imaginar que la fachada del
delito - las galletas que hornea y vende
Franchy - se convertiría en uno de los
negocios más exitosos de New York. Y así
comienza verdaderamente Ladrones de medio pelo, ahora bajo el modelo de Nacida
ayer (George Cukor - 1950). Un año
después, y ascendidos a la categoría de
nuevos ricos gracias a su poderosa corporación
de galletas, Ray y Franchy viven en una
fastuosa mansión decorada con tanto exceso
como mal gusto y "se codean" con
una aristocracia que los desprecia y burla a
sus espaldas pero no vacila en visitarlos
cada vez que su dinero puede ser de alguna
utilidad. Mientras Franchy, como el burgués
gentilhombre de Molière, está obsesionada
con "pertenecer" y toma lecciones
de "cultura" con el sospechoso bon-vivant que encarna Hugh Grant, Ray extraña su antigua vida de
hamburguesas, cerveza y TV. En la tradición
de la screwball comedy, Allen explora este universo de perlas y vino fino
con una simpleza que hacía mucho no se le
veía, quizás en el extremo opuesto de esa
suerte de paroxismo alleniano que fue Los
secretos de Harry (1997). Pero, aunque
aquí los neoyorkinos son proletarios en vez
de intelectuales de clase media, y aunque
Allen se ubica esta vez más cerca de
Hollywood que de Europa, los temas son más
o menos los mismos: el amor, la rutina y el
matrimonio como algo que siempre puede
fracasar. Si en definitiva todas las
personas tienen esos problemas, también
compartirán la idea de robo que recorre el
film permanentemente y que no deja a ningún
estrato social afuera. Primero Ray quiere
robar el banco, y cuando fracasa, será
Frenchy la que "robe" a las
corporaciones mediante su éxito inusitado.
Pero a ella querrán robarle Grant y sus
propios contadores, para que finalmente la
propia Frenchy y Ray planeen nuevos atracos
para equilibrar las cosas.
Dedicado
solamente a ofrecer una comedia tan ligera
como placentera y entretenida, la mirada de
Allen hacia sus personajes es piadosa, los
acompaña y no le importa analizar fobias.
Y, sobre todo, los quiere, lo que se nota en
la elección de un reparto imposible
(Michael Rapaport, Tony Darrow y Jon Lovit
se lucen como los torpes socios de
Ray, mientras la fabulosa Elaine May se roba
la película cada vez que su rostro se ve en
la pantalla). Opus número veintinueve de su
filmografía, Ladrones
de medio pelo parece ser un cálido
respiro dentro de una etapa en la que el
realizador, gracias a un estado de plenitud
cinematográfica cuyo inicio podría
hallarse en Maridos y esposas (1992), ha llevado finalmente su talento como
director al mismo nivel que sus
incomparables dotes de escritor. Hoy, Allen
ya puede hacer lo que le de la gana, así
como sus espectadores pueden estar seguros
de que no va a decepcionarlos.
Ezequiel
Luka
DIRECCIÓN
Woody Allen PRODUCCIÓN
Jean Doumanian GUIÓN
Woody Allen FOTOGRAFÍA
Zhao Fei MONTAJE
Alisa Lepselter CON
Woody Allen, Tracey Ullman, Michael Rapaport,
Tony Darrow, Jon Lovitz, Elaine May, Elaine
Stritch, Hugh Grant, George Grizzard, Brian
McConnachie, Kristine Nelsen, Larry Pine. ESTRENO
30/08/01
DURACIÓN:94
min.
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