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LA CONSPIRACIÓN


Título: LA CONSPIRACIÓN
Título original: The contender, USA 2000

VIGENCIA DE LA DISCRIMINACION

Dentro de lo que es un “thriller” político, es decir, una película de suspenso en este caso referida a los políticos, El Candidato sobresale por la solidez de su narración cinematográfica. El tema es la discriminación de la mujer, en este caso, el nombramiento que hace el presidente de ficción, Jackson Evans (Jeff Bridges), de una vicepresidente, la senadora Laine Hanson (Joan Allen). Esto lo obliga a descartar a un gobernador que está haciendo méritos incluso delictivos (se verá en el transcurso de la trama) para poder estar mejor “ranqueado” y ser elegido. Una verdadera conspiración se produce en el senado, que debe investigar profundamente los antecedentes de la senadora, así como el FBI hará lo suyo como algo normal y acostumbrado para quienes son elegidos en cargos públicos. El senador Shelly Runyon (Gary Oldman) inicia una verdadera campaña encubierta para ensuciar la imagen de esta mujer que tiene, en su pasado, dos hechos que pasarían desapercibidos para cualquier mortal: uno, siendo adolescente, haber participado de una fiesta sexual, y segundo, haberse enamorado de un hombre casado que era el esposo de su mejor amiga. Hija de un republicano, su padre será quien le dé el visto bueno y, sin que ella sepa, colabore para desarticular la conspiración, aunque no comparta la ideología de Laine, que es demócrata. Preparada para la política como pocas mujeres, Laine se ve sometida al vituperio de la prensa, con gacetillas preparadas por la gente que responde al senador Runyon. Y al escarnio público en cada sesión del senado que la investiga. El único que no desfallece, que la va probando de a poco, con ironía y sensatez, es el presidente, Jackson Evans. De acuerdo al momento histórico planteado en la ficción, sería el mandatario sucesor de Bill Clinton. También los asesores del presidente la ayudan, la sostienen y la ponen a prueba. Se dan cuenta de que esta mujer no cederá a la hora de defender su vida privada aunque esto le pueda costar la vicepresidencia.

El film desnuda aspectos de los políticos norteamericanos. En realidad, uno recuerda inmediatamente el caso de Clinton y Mónica Lewinsky, aunque aquí se plantea desde fuera de la Casa Blanca. Y además se puede deducir fácilmente que estos entuertos políticos ocurren en todas partes. En sí misma, la película está dedicada a las mujeres. Habrá más de una que se sienta reflejada en todo lo que padece la senadora Laine cuando los senadores varones la señalan con el dedo sin tener en cuenta si está preparada o no para semejante función. Incluso, la presencia de Jeff Bridges la hace particularmente atractiva. Con soltura, inusual en un presidente, con eficacia interpretativa, compone a un presidente norteamericano que está más allá del bien y del mal y que tiene profundas convicciones sobre lo que quiere y el país que quiere y cómo quiere administrarlo. Joan Allen es convincente en el rol de la senadora que sabe que está capacitada y que no transige a la hora de exponer su vida privada.

Sin ser un film que vaya a cambiar la historia del cine o que pueda ingresar, tan siquiera, al selecto núcleo del cine-arte, “La conspiración” es un buen retrato de la discriminación vigente hacia la mujer en los Estados Unidos y en todas partes del mundo occidental. En el caso del mundo oriental, el tema es mucho peor.

Elsa Bragato


La conspiración

En su Segundo largometraje Rod Lurie realiza un ambicioso drama político sobre el poder y la influencia que este ejerce sobre la conducta humana. Desde su búsqueda a cualquier precio, los compromisos para acceder al mismo y las estrategias necesarias para conservarlo, sirve como el motor principal para el accionar de todos los personajes del relato. El mejor de los afrodisíacos, según Henry Kissinger, convierte a la política en una continuación de la guerra, con permanentes enfrentamientos, batallas cotidianas, efímeras victorias y derrotas permanentes.

“La Conspiración” ( título demasiado explícito en ralación al original) cuenta la historia de la senadora Laine Hanson ( Joan Allen), demócrata de pasado reupublicano, a quien se le presenta la posibilidad de ser vicepresidente de los Estados Unidos. Cuando le descubren aventuras sexuales de su época universitaria, su candidatura se ve condicionada. A partir de allí la aspirante al cargo es sometida al ataque de los opositores y hasta de miembros de su propio partido y al acoso de los medios.

Inspirada claramente en las penurias sufridas por Bill Clinton durante su mandato ( su caso es mencionado en varios pasajes del relato), lamentablemente la anécdota contada en la película no logra ser tan atractiva y apasionante como la vivida por el carismático ex presidente estadounidense.

El guión de Lurie- quien fuera un prestigioso crítico cinematográfico- carece de elementos reveladores o novedosos de la dinámica política y el tratamiento de la relación entre los protagonistas no difiere de lo que se puede ver en televisión, en una serie como “The West Wing”.

“La Conspiración” logra sus mejores momentos cuando explora las contradicciones y ambigüedades de aquellos que aspiran al liderazgo, pero decae notablemente cuando se vuelve discursiva y sentenciosa, instante en que Lurie aprovecha para establecer claramente su posición con respecto a los hechos que se cuentan y a su significado, como si no confiara en la capacidad de razonamiento del espectador.

Por suerte, la propuesta crece gracias a un muy buen elenco. Se destaca Jeff Bridges, en le papel del Presidente, un hombre de apariencia afable y buen apetito que es un verdadero equilibrista caracterizado por ejercer con maestría el arte de la manipulación. A los 52 años, Bridges pasa por su mejor momento. Dueño de una versatilidad y de una capacidad de adaptación notables, puede encarar este personaje, hacer de un hippie alucinado para los hermanos Coen en “El Gran Lebowski” y ser un profesor paranoico en “Intriga en la Calle Arlington”.

Por su parte, Gary Oldman brilla en un rol que, para muchos, pasará a formar parte de su galería de villanos : en realidad se transforma en el héroe trágico de la función. Engañado, utilizado y ridiculizado, su personaje , el republicano Shelly Runyon, es el único político que actúa con claridad desde el comienzo, fiel a sus convicciones, a las que defiende con apasionamiento.Sin usar siempre las tácticas más recomendables, presentará lucha abiertamente en un terreno donde todos se mueven con ocultamientos, silencios y secretos.El actor, al que le tocara asesinar a un presidente en JFK y secuestrar a otro en “Avión Presidencial” logra uno de los mejores trabajos de su carrera.A pesar de ser el productor ejecutivo del film, fue marginado de una candidatura al Oscar – Joan Allen y Jeff Bridges sí fueron nominados- debido a su enfrentamiento público con la gente de Dreamworks, que adquirió la película y a través de Steven Spielberg supervisó el montaje final, cuyo resultado disgustó al protagonista de “Drácula”.

En cuanto a Joan Allen – que interpretara para Oliver Stone a una Primera Dama en “Nixon”- y para quien Lurie escribiera especialmente el personaje de “La Conspiración”, parece tocarle en suerte el rol peor desarrollado del guión.

Prácticamente sin matices, exhibe una idealizada integridad que contrasta con el contexto.En ningún momento vemos como el conflicto afecta su vida personal o familiar ni las motivaciones que la llevan a soportar semejante examen público. Al no podernos presentar plenamente su humanidad, la propuesta se ve debilitada.

En papeles de importancia, se lucen actores como Sam Elliot y William Petersen, mientras que Christian Slater encarna a un joven político con lealtades divididas, en una película cuya responsable de casting no es otra que su propia madre, Mary Jo Slater.

LEONARDO MARTINELLI

 

 
 

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