Título:
INFIDELIDADES
Título
original:
Trolösa
Dirección: Liv
Ullmann
Libro original: Ingmar Bergman
Producción: STV Drama Production
Productor: Kaj Larsen
Sonido: Gabor
Pasztor Fotografía: Jörgen
Persson
Origen: Suecia, 2000
Elenco: Lena
Entre, Erland Josephson, Krister Henriksson, Thomas Hanzon, Michelle
Gylemo, entre otros.
EL
TESTAMENTO DE INGMAR BERGMAN
Inteligencia
y sensibilidad, un cóctel que Bergman y Ullmann conocen a la perfección.
Intensamente conmovedora, el drama de la vida, el amor, la familia y la
muerte en un libro memorable de Ingmar Bergman y una realización magnífica
de Liv Ullmann. En “Infidelidades”, los devaneos amorosos del
anciano director, personificado por Erland Josephson, en su juventud se
transforman en remordimientos que no lo dejarán morir en paz. Un duende,
que se corporiza en una mujer, “Marianne”, le permite recordar
aquella pasión que lo consumiera y que lo llevara al maltrato psicológico
de su mujer. Una pequeña hija es el único punto en común que le
quedaba entonces siendo sometida a la lucha impiadosa de los adultos. La
actriz Lena Endre realiza uno de los más portentosos retratos de mujer
de los últimos tiempos del cine: sus dos amores, su hija, el hijo por
nacer, los celos del ex marido, los celos del amante, la ingenuidad
femenina y la aparición de una amante de toda la vida de su esposo.
Frente a este “duende” está el anciano escuchando y estremeciéndose
de espanto ante el relato de “Marianne”. Es él quien va expiando un
dolor que le corroe el alma, la conciencia. “Markus”, el marido de
“Marianne”, está protagonizado por Thomas Hanzon mientras que
“David”, el amante, por Krister Henriksson. Y, como cumpliendo un
ciclo, Ingmar Bergman vuelve, esta vez de la mano de su ex mujer Liv
Ullman, a hitos de sus películas en blanco y negro como el personaje de
un director de orquesta y la obra del compositor Brahms especialmente.
El
nudo de la trama narra la infidelidad de una actriz, que corporiza al
joven Bergman, con un amigo de la familia. Su marido es el director de música
y su amante, un director teatral. La pequeña hija de la actriz,
Isabella, es quien le marca a los adultos en sus juegos la presencia de
un pecado recurrente y de la tragedia que se cierne. Y que
inexorablemente llegará. La actriz, Marianne, será el objeto de deseo
de los dos hombres, mortificada por la no tenencia de su hija y vilmente
tratada por sus dos amores que se celan mutuamente sin pensar ni en ella
ni en la pequeña.
El
cine tiene su lenguaje y, finalmente, estamos en presencia de una obra
maestra que lo maneja a la perfección. Hay primeros planos en una sola
toma sobre el rostro de “Marianne” de enorme belleza: será Lena
Endre quien realice el resto sustentada por un guión sin fisuras y por
diálogos de una profundidad bergmaniana inconfundible. Otras tomas,
pocas, las necesarias, nos recuerdan el juego de espejos del famoso
cuadro Las Meninas. No más licencias en la fotografía, solo aquélla
que sirve como continente de diálogos que obligan a la reflexión y
remueven astillas clavadas en el corazón. Son 152 minutos de cine del
mejor. Véala.
Elsa
Bragato
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