Dirección: Brett Ratner
Guión: David Diamond y David Weissman
Fotografía: Dante Spinotti
Vestuario: Betsy Heimann
Banda Sonora: Danny Elfman
Elenco: Nicolas Cage, Téa Leoni, Don Cheadle y otros
Eurocine S.A.
Origen y año: Estados Unidos, 2000
Duración: 124 minutos
Uno de los artilugios de la industria de
Hollywood es poner al frente de un
elenco a figuras consagradas por el público
y la crítica. Son los "ganchos" para
que el espectador se sienta fascinado, compre su entrada y... lo demás
mucho no importa. Se hizo el tan mentado
"clinkcaja". A veces las películas
no son malas y después de todo se cumplió
con el axioma de que el cine es uno de los
entretenimientos grandes con que se cuenta. Pero en otras oportunidades
son verdaderas "trampas". Se cree que se verá un film con determinada
temática y se encuentra con otra que no se esperaba.
Este es el
caso de "Hombre de Familia" (The
family man). La historia central se basa en la
vida de un "yettie", actual escala de los "yuppies",
neoyorquino, que lo ha
alcanzado todo en cuanto a bienestar social: un piso en la 5ta avenida de
Manhattan, una Ferrari, trajes de 1000
dólares, y con solo un chasquear de sus
dedos tiene a medio mundo a sus pies. Justo en la noche de Navidad, se le
ocurre salir a hacer una compra y es asaltado. Ahí, en medio de una situación
que le parece absurda, empieza a comprender o al menos a intuir que
algo le está faltando.
Jack Campbell, protagonizado por
Nicolas Cage, se enfrenta
a un ladronzuelo que es, ni más ni menos, la voz de su conciencia.
Su "angelito" de la guarda que le
explica que todavía no vino lo mejor.
Campbell, angustiado y tratando de superar el mal trance, se va a dormir.
Quiere soñar con cosas lindas, como
cualquier mortal. Al despertar, se encuentra
en la misma cama pero trasladada a un suburbio, rodeado por dos niños
llorones y una bella esposa que es... su ex novia, Kate Reynolds (Téa
Leoni) la que no supo retener en esa
búsqueda despiadada de bienestar y millones.
Desde el punto de vista técnico,
la película de Ratner es inobjetable. Solidez
de fotografía, vestuario, ningún resquicio que dé pie a la crítica.
Pero en cuanto al guión y a la propuesta,
sí. Los flancos débiles son muchos. Este
sueño, que se convertirá en la pesadilla de Campbell, es un verdadero
traspié para el director. Es un recurso pueril, usado hasta el hartazgo
por el cine, la literatura y la televisión. En teatro es un poco más
difícil. Campbell-Cage, acicateado por el
ladronzuelo-angelito, sabe lo que le pasa. Pero
no puede dar marcha atrás: a los hijos hay que atenderlos tanto como a
la bella esposa. Hay necesidades económicas,
hay necesidades afectivas. El personaje
sufre un desdoblamiento que lo enloquece: en Wall Street está su vida
pero no lo reconocen, ni siquiera el portero del lujoso edificio donde
vive, y mucho menos sus compañeros de
trabajo. Su mujer está feliz junto a él,
Campbell sabe que es la novia que perdió pero nunca se imaginó que se había
casado con ella, y que tenía dos críos que atender. Pero no puede zafar.
Aquí aparece otra debilidad del guión: la tortura del personaje que está
viviendo tamaña ambigûedad resueltas con gotitas de inconsistencia.
El ladrón-angelito
usa la Ferrari de Campbell y le sigue dando consejos al atribulado
neoyorquino. Algo tendrá que aprender de semejante lección. Si uno
intenta encontrarse con el Cage de "Belleza americana",
enfurecido con la vida y capaz de las más
dramáticas resoluciones, un tigre embravecido, aquí
ve a un gatito mimoso que cayó en una trampa, nunca se sabrá a ciencia
cierta si onírica o real. De todas formas,
este guión, que tampoco se define por
una crítica a la rutina que suele enquistarse en los matrimonios o bien
al circuito Wall Street-Bolsa-Yetties (los
otrora "yuppies"), nos deja una moraleja
al mejor estilo de las fábulas de Esopo: las oportunidades no suelen
aparecer dos veces en la vida, al menos en el plano afectivo.
Volviendo al comienzo, la propuesta de
Brett Ratner pudo ser muy interesante:
analizar la vida de los que hacen posible la existencia de Wall
Street desde un ángulo especial. Sin
embargo, prefirió un tibio "love story" mezclado
con la tradicional historia del "Fausto" (aquí Campbell vende
su alma al dinero) por lo que se asiste a un
"mix" que, como tal, no se define en
ningún aspecto. No se justifican 124 minutos de narración densa para este
"love story" y su moraleja. No hay
situaciones límites sino la frágil frontera
de un sueño que se torna en pesadilla real a sabiendas del
protagonista y de los espectadores. Y en esto reside el "pecado"
tanto del guionista como del director: haber
echado mano a recursos remanidos para demostrar
que es preferible no rechazar al amor de la vida por todo el dinero
del mundo. No se puede hablar de un film malo, pero sí raquítico, sin
definiciones ni en el personaje ni en la
historia. Una película del montón como
para sonreir un rato.
Elsa Bragato
|